Política

Reclaman condenar a Firmenich y Verbitsky por la masacre en el comedor de la Policía Federal

Los pedidos de avanzar en la investigación de la masacre perpetrada por Montoneros en el comedor de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal el 2 de julio de 1976, resonaron con fuerza este sábado en un acto en memoria de las víctimas de ese cruento atentado que dejó 24 muertos y 120 heridos, entre duras críticas contra la Justicia y la dirigencia política por su desinterés para condenar a los culpables y su falta de imparcialidad sobre la década del setenta.
El acto fue convocado por la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia y otras organizaciones de víctimas del terrorismo, para exigir el fin de la impunidad y la condena de Mario Firmenich, Horacio Verbitsky y el resto de los imputados, así como el cambio de nombre de la estación de subte Rodolfo Walsh por haber sido éste el presunto autor intelectual del atentado, y el retiro de los nombres de los asesinos del Parque de la Memoria.
De hecho, los nombres de Firmenich y Verbitsky, junto a los de otros implicados en este hecho como Rodolfo Walsh y Fernando Vaca Narvaja, fueron los más mencionados por los oradores del acto, realizado en una mañana gris y fría en el mismo lugar del atentado que tuvo lugar hace hoy 50 años, en Moreno 1417 de la Ciudad de Buenos Aires, ante más de un centenar de personas. Entre los presentes estaban el diputado Guillermo Montenegro, la legisladora de la ciudad Rebeca Fleitas, y el escritor y cineasta Diego Recalde.
“Cincuenta años tuvieron los jueces para juzgar y condenar a los culpables, muchos de los cuales todavía viven”, enfatizó el doctor Emilio Hardoy, quien habló en nombre de Justicia y la Concordia, durante el acto por este brutal atentado, el segundo más sangriento en la historia de la Argentina.
“Hace cincuenta años unos iluminados decidieron que la forma de construir una Argentina mejor era asesinar a 23 personas inocentes y herir o mutilar a más de un centenar”, dijo Hardoy. “Aquí, donde hoy estamos de pie, estalló una bomba colocada con cálculo, con frialdad, con alevosía. No fue un error, un simple extravío ideológico. Fue un crimen aberrante que sigue impune después de medio siglo”, añadió.
Hasta ahora los jueces “no encontraron el tiempo-, ni la voluntad, ni los argumentos, ni el coraje. Se enredaron en razonamientos tortuosos que se arrastran de instancia en instancia, de tribunal en tribunal, y terminan siempre en una nueva dilación”, arguyó.
“Pero, atención, porque los argumentos, la decisión y la voluntad que dicen no encontrar para juzgar a quienes ensangrentaron al país son los mismos que sí encontraron, y con qué celeridad, para perseguir a quienes nos defendieron contra la subversión. Esa desigualdad no es un descuido. Es una elección”, denunció.
Hardoy cargó duramente contra los jueces. “Por estas claudicaciones”, que “desprestigian al Poder Judicial entero”, los jueces “perdieron su autoridad moral”, aseguró. “Esta Justicia, en su conjunto, y salvando algunas excepciones, nos avergüenza”, exclamó.
“Pero si los jueces claudicaron, la política hizo algo peor”, argumentó el representante de Justicia y Concordia, que fue “enaltecer al terrorismo y ofender a sus víctimas”, algo que permanece pese a que los gobiernos pasan y las legislaturas cambian.
En ese sentido, puso de relieve que “el colmo de esa afrenta fue imponer a la estación de subte más cercana a este lugar el nombre infame de Rodolfo Walsh, autor intelectual de esta masacre”, una afirmación que fue saludada por aplausos.
“Miren la asimetría. Miren el trato desigual”, exclamó Hardoy. “Los asesinos, empezando por el más representativo, son honrados, recordados, exaltados, y sus víctimas y sus familias son agraviadas y humilladas por una designación que no resiste ningún criterio de humanidad ni de justicia elemental”, continuó el abogado, quien dedicó el final de sus palabras a lamentar la falta de reacción de los argentinos, algo que atribuyó a “la degradación moral de nuestra sociedad”.
“Solamente en un país enfermo, en una comunidad envilecida, es posible que un lugar público lleve el nombre del autor de un crimen tan horrendo sin que se levante un clamor de indignación”, cuestionó.
El atentado ocurrió a las 13.30 del 2 de julio de 1976 cuando explotó la bomba dejada por un combatiente montonero infiltrado en la Policía Federal.
Uno de los sobrevivientes del atentado, Julio César Renzacci, contó en el acto del sábado que resultó “herido y casi muerto por la bomba vietnamita de los montoneros”, que le “seccionó la arteria femoral”.
“De no ser por un civil, de acá enfrente, a quien nunca pude ver para agradecerle, pero que me hizo un torniquete y me metió en un taxi rumbo al hospital Rawson, en pocos minutos me habría desangrado”
, explicó.
Renzacci fue otro de los que señaló que fue “un crimen que nunca fue investigado seriamente por la Justicia”.
REAPERTURA

En diciembre de 2024 la Sala I de la Cámara Federal de Apelaciones revocó la prescripción que había decretado la jueza María Servini de Cubría, y ordenó que Mario Firmenich sea citado a indagatoria. La resolución revocó asimismo el sobreseimiento de Verbitsky, Laura Silvia Sofovich, Lila Pastoriza, Norma Walsh y otros. Esta decisión fue recurrida por Firmenich, Patricia Walsh y el resto de los imputados ante la Sala I de la Cámara Federal de Casación Penal, y desde entonces se espera una resolución.
El sábado, en su discurso, Renzacci enfatizó que “el asesino terrorista de Firmenich, junto a Horacio Verbitsky, Fernando Vaca Narvaja, Patricia Walsh y tantos otros adjudicatarios del atentado, vienen postergando declarar ante los jueces de la nación. Tanta soberbia y prepotencia hace 50 años y tanto miedo hoy”, apuntó.
“Esperamos que la Cámara de Casación aplique los mismos criterios jurídicos que vienen aplicando desde hace más de 20 años. Y que sean imparciales y coherentes con lo que se expresaron en sus sentencias sobre la década del setenta”, añadió.
Gabriel Cepeda, uno de los hijos de Josefina Melucci de Cepeda, otra de las víctimas de este atentado incalificable, afirmó que durante estos años “ni las víctimas directas del atentado ni sus familiares fueron oídos en el proceso. Su voz fue acallada, al mismo compás en que se fue derrumbando su derecho a reconocer la verdad sobre lo acontecido”. Y pidió que, en adelante, “el tiempo de la Justicia no se tome con el mismo reloj que se tomó el tiempo de la injusticia de los últimos 50 años”.
A su turno, Victoria Matienzo, hermana de Ernesto Osvaldo Matienzo, un agente de 23 años que recién comenzaba su carrera, evocó la figura de su hermano y el dolor alque le causó ver la foto de cómo había quedado después de la explosión, con la cabeza sujeta por un trapo. “El, como los otros, entraron caminando, alegres, y salieron destrozados”, denunció. “Después hablan del método de acá, el método de allá”, remarcó, antes de enfatizar “que seguirá luchando para que este atentado no se olvide”.

"Necesitamos que reabran la causa” de este atentado, enfatizó Matienzo, quien apuntó contra la jueza María Servini de Cubría porque “ni leyó la causa ni la reabre”.

La legisladora libertaria Rebeca Fleitas, presente en el acto, presentó en marzo pasado otro proyecto de ley en la Legislatura de Buenos Aires para que sea reemplazado el nombre de la estación de subte Rodolfo Walsh, pero el trámite no avanza por falta de voluntad política.

Entre los organizadores del acto se encontraban también la Asociación de Familiares y Víctimas del Terrorismo en Argentina (Afavita), la Unión de Promociones, y la Asociación de Familiares y Amigos de Presos Políticos de Argentina (AFyAPPA).