Opinión
Lo que vendrá

Rebelión en la granja

En un país acostumbrado a la necesidad de sentirse intensamente gobernado, muy especialmente en las etapas inmediatamente posteriores a la fragmentación y la anarquía, al estilo de lo ocurrido en la década del veinte del siglo diecinueve o –más cerca en el tiempo- en el trágico año 2002, la imagen de una nueva avanzada del “sálvese quien pueda” preocupa, y mucho.

El gobierno –recurrentemente adicto al deporte de la autoindulgencia ofensivista- bate el parche con frecuencia acerca de la existencia de una suerte de “desunión” de políticos únicamente obsesionados por montar maniobras destituyentes.

Es cierto que el mosaico de fuerzas que, en el plano parlamentario, va alcanzando trabajosamente algunos objetivos comunes, aduce la necesidad de frenar los ya clásicos gestos de “toma todo” por parte del kirchnerismo. También es verdad que en ese espacio opositor no han desaparecido ni remotamente diferentes concepciones políticas que, a la vez, serán exhibidas en la contienda electoral del año 2011 con no pocas dosis de singularidad.

Nadie negaría -con buena fe- que Cobos y Carrió, por ejemplo, lucen muy diferentes. Reutemann, Duhalde, Solá, Menem y Rodríguez Saa o Puerta, a su vez, y por citar solo al peronismo federal como un conglomerado hasta aquí autónomo respecto de las aspiraciones ‘macristas’ o ‘denarvaistas’, mantienen aspiraciones y elecciones tácticas aún no tamizadas por el inexorable “embudo” de las internas.

Ambas descripciones del cuadro opositor –muy especialmente a partir del 28J- , siendo reales de cara al recambio presidencial, en modo alguno exhiben el germen de la pulverización actual del encuentro parlamentario que ya mismo sirve para mostrar las fisuras y grietas del alicaído Frente para la Victoria.

Está a la vista que se trata de un proceso de desgranamiento de senadores o diputados afines y también de signos incipientes, pero firmes, de ‘bramidos’ crecientemente explícitos del arco de gobernadores o intendentes hasta no hace mucho condescendientes con el poder central.

Pero los remolinos de nuevos niveles de crítica fraterna o desesperanza respecto de Olivos, no sólo hoy abarcan a buena parte de la ciudadanía o a sus dirigentes directos; también parecen haber ‘tocado’ a cierta intelectualidad, en modo alguno “enemiga”. Veamos.

Horacio Verbitsky, por ejemplo, acaba de remarcar públicamente que, hasta aquí, existió determinado grado de maridaje entre algunos círculos de poder con ciertos personajes que decían representar al gobierno frente al espinel de funcionarios judiciales, provocando “enjuagues indecentes e ineficaces”. (La mención del periodista fue para nada eufemística: aludió a la ‘derrota’ oficialista en los tribunales a raíz del DNU sobre el Fondo del Bicentenario).

Sobre esta misma cuestión, otra expresión crítica de relevancia, publicada en un medio afín al oficialismo la semana última, alude a la elección por parte de la Casa Rosada de “un camino de dudosa legalidad”, en obvia referencia al caso Redrado y a su remoción por decreto. En ese mismo espacio, se agrega que hubo, para la Justicia, “presiones criticables”, (quedando a la vista) que la nueva realidad política, a partir de las ultimas elecciones, debería visualizarse como “una alteración del escenario surgida del voto popular”, sin que el poder haya “acomodado sus tácticas”.

Más temprano que tarde, el mero horizonte del cumplimiento de los plazos constitucionales, en franca combinación con otros actos fallidos, debería acelerar la ya iniciada “rebelión en la granja”. Salvo, claro, que el “cambio”, pronto, llegue.