Cultura
¿CUAL ES EL ESTADO DE LA FE QUE HALLARA LEON XIV DURANTE SU VISITA A LA ARGENTINA?

Radiografía del catolicismo en el país

La caída de católicos y el gradual alejamiento de Dios que registran las estadísticas convive con una impactante devoción silenciosa. Una encuesta exclusiva de La Prensa detectó un anhelo de una Iglesia menos laxa y un regreso a la tradición, incluso entre los jóvenes.

Cuando el papa León XIV pise suelo argentino encontrará una sociedad que aún conserva un alto número de bautizados, pero en la cual se acelera el abandono inconsciente o práctico de la fe. Esta apostasía silenciosa, común a todo Occidente, presenta en nuestro país grandes disparidades geográficas y oculta importantes signos de esperanza que suelen pasarse por alto.

El alejamiento práctico de Dios que se hace evidente en tantos sectores a partir del estilo de vida de las personas, su forma de pensar o sus prioridades -sea por desconocimiento de la propia fe o por indiferencia- convive con indicios de una fe arraigada.

De eso dan cuenta desde las manifestaciones de religiosidad popular multitudinarias, como las peregrinaciones a Luján, las romerías de san Cayetano o la festividad del Señor y la Virgen del Milagro en Salta, hasta otros signos menos visibles. Sin acaparar miradas, por ejemplo, miles de personas sostienen la acción caritativa de la Iglesia, grupos de formación se esfuerzan por enriquecer la vida espiritual de los creyentes y un número impactante de fieles persevera en su silenciosa devoción.

Esto último es lo que saca a la luz una encuesta exploratoria realizada por este diario con motivo de la visita papal, sobre un universo conformado solo por fieles católicos. El sondeo expone un anhelo de volver a la tradición y de hallar una presentación menos laxa de la fe que no encuentra, por desgracia, eco en los reportes mediáticos ni en las prioridades pastorales de la jerarquía eclesial.

HISTÓRICA

El cuadro general es, entonces, el de un declive en la inserción social del catolicismo en la Argentina. A tenor de lo expuesto recientemente por el Barómetro de las Religiones y las Creencias en la Argentina, la magnitud de ese retroceso sería "histórica".

El Barómetro, creado por el Observatorio de las Creencias en Argentina (OcreAr) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), midió esa caída en el primero de tres informes que difundió este año titulado Mapa de las identidades religiosas en la Argentina.

El estudio afirma que el catolicismo continúa siendo mayoritario, aunque bien lejos de los niveles registrados a lo largo del siglo XX. Precisa que, si hasta 1960 los católicos eran el 90% de la población, como indicó el Censo Nacional de Población de ese año, ahora son el 57,7%.

En todo ese tiempo, que abarca sesenta años, se produjo un descenso “sostenido”, según los autores del informe, elaborado sobre 904 casos. No lo señalan, pero la curva se vuelve más empinada a partir de 2008 y no se alteró con la elección del papa argentino. Lejos de eso, la caída continuó acelerada.

La primera hipótesis es que esa aceleración se debe a que estamos recibiendo, con un poco de retraso, el impacto de la secularización que ya golpeó con fuerza a todo Occidente. Esto se deduce porque los autores señalaron como la primera "tendencia de largo plazo" la caída del catolicismo, mientras que la segunda tendencia es el aumento de aquellos que no manifiestan filiación religiosa (ninguna, agnósticos y ateos), grupo que pasó a ser el segundo más numeroso en la población (22,4%) a partir de 2019.

Esta interpretación podría explicar la fractura generacional "profunda" que encuentran en nuestro país. Según sus datos, los jóvenes de 16 a 19 años son menos católicos (44,6%) que los adultos de 30 a 49 (57,8%) y que los adultos mayores de más de 50 (69%).

Los datos del estudio presentan límites cuando se quiere observar la fe real de los católicos, ya que se pregunta solo si la persona rezó o asistió a misa durante el último año, un parámetro demasiado bajo.

Apenas se pueden hacer conjeturas a partir del dato de que el 67% rezó o el 33% asistió a misa en un año. A partir de allí se presentan porcentajes sin discriminación de culto, por lo que la utilidad para un análisis específico sobre el catolicismo se reduce.

Otra encuesta más reciente, realizada por investigadores de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), del Boston College y de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA) entre agosto y septiembre pasados, ofrece otra aproximación a la religiosidad.

Esta Encuesta Nacional sobre Religión Vivida (Enrevi), realizada sobre una muestra de 2.414 casos, evalúa prácticas espirituales de una población general sin discriminación de culto, pero a cambio se interesa por la frecuencia semanal y diaria con que eso se manifiesta, lo que permite hacer algunas inferencias, aunque acotadas.

Según este sondeo, quienes rezaron durante el último año son el 76%, mientras que el 60,3% lo hace con frecuencia al menos semanal, si no diaria (un porcentaje considerable). Respecto de la asistencia a misa u otros servicios religiosos, son el 23,4% los que dicen concurrir una vez a la semana o a diario (lamentablemente, no dice qué porcentaje corresponde estrictamente a los católicos).

Con otras variables relevadas sucede lo mismo: el 24,7% de los consultados sin distinción de culto dice leer o estudiar un libro sagrado una vez por semana o a diario. Con la misma frecuencia, el 28,9% dice consumir contenido religioso, el 10,7% dice practicar ayuno o abstinencia y el 10,5% dice misionar, predicar o hacer voluntariado religioso. Pero ¿cuánto de eso corresponde al catolicismo?

Más útil para la presente reflexión -por cuanto se refiere solo a los católicos- resulta la caída en las prácticas espirituales, que pasaron del 78% de la religión de crianza al 60,2% actual, un retroceso sin ambigüedades.

ALTA Y BAJA INTENSIDAD

Entre las conclusiones de ese informe, los investigadores destacan que en Argentina conviven religiosidades de alta y baja intensidad, y que hay una tendencia a la privatización de las prácticas religiosas.

Las tendencias de estos dos relevamientos citados coinciden, más o menos, con las encontradas en el estudio histórico más exhaustivo sobre el tema, a cargo del Programa Sociedad, Cultura y Religión del Ceil-Conicet. Se trata de las dos Encuestas Nacionales de Creencias y Actitudes Religiosas realizadas en 2008 y 2019.

Si se toma en consideración la segunda de esas encuestas, la más cercana al presente, que fue realizada sobre una muestra de 2.491 casos, muestra que el catolicismo disminuyó del 76,5% en 2008 al 62,9% en 2019, mientras que los "sin religión" se incrementaron del 11,3% al 18,9%.

También confirma la distribución dispar de los católicos sobre el territorio, con el noroeste como la región más católica y el área metropolitana de Buenos Aires y la Patagonia como aquellas que concentran el mayor número de personas "sin religión". Y lo mismo podría decirse sobre el nivel educativo, ya que "a medida que aumenta el nivel educativo, mayor proporción de 'sin religión'" se encuentran.

UNO ENTRE MUCHOS

Un rasgo común a los estudios sociológicos es que su objeto de estudio es “la creencia” de la población, una aproximación laica a la que no escape el estudio del Conicet. En este caso podría decirse que el interés de sus autores es, incluso, refractario al catolicismo.

Su atención está puesta en comprobar que "la mayoría" de los argentinos cuestiona las concepciones patriarcales sobre la familia, considera que el Estado no debe financiar a las confesiones religiosas, y hasta rechaza la enseñanza confesional en la escuela pública y el financiamiento exclusivo a la Iglesia católica.

Del mismo modo, su atención está puesta en medir cuánto creció la proporción de los que creen que el aborto es un derecho de la mujer, y cuántos estarían dispuestos a pedir la eutanasia.

Sin embargo, sus estudios son igualmente reveladores porque reflejan, al fin, una estadística poco registrada: el 11,2% de los católicos dice asistir a misa una vez a la semana, un 1,7% dice que todos los días y un 53,9% contesta que sólo en ocasiones especiales, mientras que un 20,4% no lo hace nunca.

Aunque en el resto de los parámetros analizados la frecuencia consultada es, otra vez, anual, y eso no dice gran cosa sobre la religiosidad de las personas, por lo menos se ofrecen estrictamente cifras sobre el comportamiento de los católicos: el 88,1% rezó durante el año último, el 40% leyó la Biblia u otro libro sagrado, el 38,3% se confesó y comulgó, el 33,3% concurrió a una peregrinación o encuentro espiritual y el 11,2% misionó o predicó.

Otras preguntas revelan la deficiente formación de los católicos: el 61,1% opina que una pareja de gays o lesbianas debe poder adoptar niños, solo el 35,5% sostiene que el único matrimonio válido es entre un hombre y una mujer, sólo el 24,4% cree que la mujer debe permanecer en su hogar para el cuidado de los hijos y un 16,7% pediría a los médicos que pusieran fin a su vida en caso de padecer una enfermedad terminal.

¿Y qué dicen los datos de la propia Iglesia?

QUÉ DICE LA IGLESIA

Si se consulta la base de datos en línea Catholic-Hierarchy, se pueden encontrar cifras anuales tomadas del Anuario Pontificio sobre cada una de las 63 diócesis de Argentina. Los datos, que llegan hasta el 2023, revelan el porcentaje de católicos en cada diócesis, calculados en base a la cantidad de bautizados.

Al cotejar las diferentes diócesis de Argentina se observa que varias de ellas tienen más de 90% de católicos, que dos de cada tres tienen más del 80%, que las patagónicas son las menos católicas (promedian el 66%) y que sólo dos tienen menos de 60%. ¿Cómo puede ser entonces que en todo el país haya 57% de católicos?

Si se promedian los porcentajes de bautizados de cada diócesis se llega a la conclusión de que hay un 81% de católicos en el país. Claro que una cosa es haber sido bautizado (que es lo que indica el porcentaje) y otra es ser consecuente con esa fe durante el resto de la vida, una brecha que se hace evidente al analizar el menguante acceso a los sacramentos.

El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam) tiene desde el año pasado una plataforma web interactiva que recoge esa información tomada del Anuario Estadístico de la Iglesia en las últimas cinco décadas (hasta 2020). Por doloroso que sea, al revisar los números se comprueba que las caídas son vertiginosas en casi todos los sacramentos.

Si se toma la cantidad de bautismos, se verá que aumentaron entre 1970 y 2020 en términos nominales de 390 mil a 442 mil (un 13%). Pero cuando se considera el crecimiento demográfico, que fue del 87%, se aprecia que en realidad decrecieron un 39,56%.

Con las primeras comuniones es aún peor: decayeron incluso en términos nominales de 381 mil a 267 mil entre 1990 y 2020 (-29%). Y si se toma en cuenta la tasa cada cien mil habitantes, la reducción llega al 50,8%. Lo mismo sucede con las confirmaciones: la tasa cayó un 46,35%.

Pero es en los casamientos donde más se nota el quiebre cultural: si la caída es ya impactante en términos nominales porque da un 69% (de 91.500 casamientos en 1970 a 28.200 en 2020), cuando se observa la tasa cada cien mil habitantes se ve el derrumbe en toda su magnitud: un 84,14%.

Los sacramentos, sin embargo, no son lo único que merma. La tasa de sacerdotes diocesanos cada cien mil habitantes cayó desde 1970 un 27,2% y la de sacerdotes regulares directamente se desplomó un 75%. Las caídas se repiten: tasa de religiosos (-75%), religiosas (-74%), seminaristas (-23%), parroquias con párroco diocesano (-20%) y con párroco religioso (-96%). No extraña que, en el mismo período, la tasa de parroquias a cargo de vicarios haya crecido un 66,6%.

UNA ESPERANZA

Todo este panorama sombrío, que encuentra en los estudios académicos una gran caja de resonancia, y que tiende a desmoralizar a muchas personas, suele apartar la mirada sobre otra parte de la realidad que es más luminosa: la existencia de una impactante cantidad de argentinos entre los cuales la fe está viva, se toma con mucha seriedad y se testimonia de un modo perseverante.

Por eso La Prensa quiso indagar lo que sucedía solo en el universo de los católicos para conocer cómo viven la fe, en qué creen y cómo piensan, no para contradecir lo expuesto hasta aquí sino para complementarlo.

La encuesta, que es apenas exploratoria, hecha de manera virtual, recogió un total de 2006 respuestas en apenas diez días (entre el 19 y el 29 de octubre), provenientes de Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Mendoza, San Luis, Salta, Neuquén y Río Negro.

Aunque no pretende tener representatividad, porque no se atiene a criterios de proporción poblacional, el número de encuestados es alto. Y revela una adhesión más firme a la fe de lo que podría esperarse, lo que -sin dudas- puede ser atribuido al sesgo inicial de la metodología. Pero vale la pena echar un vistazo a los números.

El perfil de los encuestados se divide exactamente por mitades entre hombres y mujeres (50% y 50%), con mayor proporción de adultos (35,7% de más de 61 años, 31,6% entre 46 y 60 años, 18,2% entre 31 y 45 años y 14,5% entre 16 y 30 años) y de residentes en el interior del país (48,2%, contra 29,1% del conurbano y 22,8% de la capital federal).

En comparación con el panorama general descrito al inicio, las respuestas muestran un asombroso acceso a los sacramentos: 98,2% recibió el bautismo, 97,3% la primera comunión, 94,9% la confirmación, 69,2% tiene un matrimonio sacramental y 2,1% el orden sagrado.

La asistencia a misa es notablemente alta: el 64,8% de la muestra general asiste semanalmente y el 17,4% a diario. Esta regularidad se replica en los jóvenes, donde más del 77% asiste con frecuencia alta (61% semanal y 16% diaria), mientras que las categorías "nunca" o "anual" son marginales.

La práctica de la oración diaria o constante alcanza al 86,8% del total, una tendencia cotidiana firmemente arraigada también en la gran mayoría de la juventud. Asimismo, a nivel general, el 60,1% participa en adoraciones eucarísticas, el 57,2% se confiesa con frecuencia y el 56,1% comulga semanalmente.

Respecto a las lecturas de fe, el 78,8% recurre a textos formativos complementarios, el 46% acude a la Biblia ocasionalmente y el 50,9% lee el Catecismo de la misma forma.

En el plano doctrinal se observa un alto conocimiento de algunas de las nociones elementales de la fe. Casi la totalidad de la muestra general (95,4%) afirma que la Eucaristía es la presencia real de Cristo y no un símbolo, una postura que comparte el 94% de los jóvenes. Además, el 97,5% cree en la Santísima Trinidad, el 94,4% en el pecado original y el 93% en la existencia del Infierno, pese a ser éste un asunto casi desaparecido de la prédica sacerdotal.

Finalmente, el 85,5% sostiene que la Iglesia católica es la única religión verdadera y un 66,7% considera que fuera de ella no hay salvación (pese a la deriva jerárquica hacia el relativismo y el diálogo ecuménico), mientras que el 83,1% rechaza la idea extendida de que al morir todos van al Cielo.

En cuanto a sus expectativas, estos católicos muestran una marcada distancia respecto a las prioridades de la jerarquía eclesiástica, con una fuerte inclinación de todos los rangos etarios -notable entre los más jóvenes- hacia un catolicismo tradicional y serio.

El 78,9% general (y el 71% de los jóvenes) considera que la Iglesia debe presentar la fe de forma más exigente. Igualmente, el 81,5% del total y el 77,5% de la juventud reclaman que los sacerdotes se ocupen más de cuestiones doctrinales.

La petición de que la Iglesia "vuelva a la tradición" en lugar de "aggiornarse" (adaptarse a la modernidad) es respaldada por el 72,6% global y por cerca del 80% de los jóvenes, existiendo una correlación directa entre quienes piden mayor exigencia y quienes buscan regresar a la tradición.

Por último, el 66,1% del total de encuestados manifestó que el principal problema que enfrenta la Iglesia hoy es la falta de coherencia entre la fe y la vida, frente a un 60,8% que mencionó la falta de formación, un 49% que se inclinó por la falta de oración y un 26% que expresó otros motivos.

La paradoja que dispara esta indagación exploratoria de La Prensa es que los católicos más conscientes de su fe son los que menos atención reciben. Haría falta un mayor estudio centrado en ellos y, en particular, en los jóvenes que manifiestan esta sed de tradición y de seriedad doctrinal, un deseo del que nunca se habla. En la fidelidad de estos católicos está la esperanza para la Iglesia en la Argentina. Una esperanza que el papa León XIV podría animar con su visita.