Opinión
DETRAS DE LAS NOTICIAS

Que lo sepa todo el mundo: Las Malvinas son Argentinas

En la previa al partido entre Argentina e Inglaterra del 15 de julio de 2026 en Dallas por las semifinales del Mundial de Fútbol las autoridades argentinas informaron que, en acuerdo con las autoridades de la FIFA y de seguridad estadounidense, no podrían exhibirse banderas que significaran el reclamo por la soberanía nacional en las Islas Malvinas. El motivo alegado fue que se trataría de una manifestación política.

Lo cierto es que, una vez finalizado el partido que ganó Argentina por 2 a 1 –con el consiguiente desencanto de Inglaterra que no llega a una final del mundo desde 1966 en que salió campeona–, un grupo de hinchas argentinos terminaron por soltar al campo de juego una sábana con la inscripción “Las Malvinas son Argentinas”. Uno de los jugadores del seleccionado nacional tomó esa sábana con la inscripción y, junto a él, otros compañeros se sumaron a su exhibición.

El mundo, en sentido literal, pudo ver esa manifestación de patriotismo y de reclamo de la soberanía argentina.

Consideraciones aparte sobre las posibles sanciones a los miembros de la selección argentina y a las respectivas respuestas de todo tipo de personas que participaron de la polémica posterior, me interesa llamar la atención sobre un asunto conceptual de fondo que tiene consecuencias prácticas relevantes.

Las preguntas disparadoras podrían ser las siguientes: ¿qué es la política? ¿Con qué realidades e ideas relacionamos a la política?

Si alzamos la mirada sobre la mediocridad partidocrática que caracteriza a las democracias contemporáneas –incluida la argentina, por supuesto– podemos afirmar que la política tiene que ver con un bien que es común y concreto en la medida que, siendo él una realidad perfecta, a su vez hace buenos a los hombres. Es decir, se trata del bien común político, tantas veces invocado pero tan mal comprendido.

De acuerdo a qué entendamos por política, entonces, estableceremos las correspondientes relaciones. En el sentido apuntado, los países son realidades políticas y, por lo tanto, las selecciones –de fútbol, en este caso– que los representan tienen también, de alguna manera, una significación política.

Dicho esto ¿por qué sería una mala acción que debería ser sancionada afirmar una verdad con fundamento en la historia y en el derecho como “Las Malvinas son Argentinas”? ¿No es, acaso, que la verdad no ofende? Además ¿contra quién se afirmaría tal cosa? Si la supuesta ofendida fuera Inglaterra ¿por qué hacerlo si ella es la usurpadora?

El pueblo, una vez más el pueblo, es el que conserva el sentido auténtico de las cosas. Es el que custodia las semillas del patriotismo argentino no obstante las propias debilidades y la falta de conducción de la dirigencia argentina en todos sus niveles. Ese pueblo argentino que, cuando la selección argentina de fútbol sale al campo de juego, no ve, en la casaca albiceleste, fábricas de autos, industrias alimenticias, marcas de ropa y de zapatos, mucho menos bancos y financieras, y muchas otras realidades particulares, sino el todo de la Patria, las generaciones que nos precedieron en esta tierra bendecida por la Virgen de Luján.

Vemos a nuestros padres y a nuestros hijos, a la casa que nos costó comprar para formar un hogar y allí forjar patriotas y buenos cristianos, al lugar cotidiano de nuestro trabajo porque no le aflojan a la Argentina, a los colegios que nos ayudan a educar a nuestros hijos. Un patriotismo, por cierto, que debe ser pulido y mejorado, pero patriotismo al fin.

Que lo sepa todo el mundo: Las Malvinas son Argentinas.