Correo de lectores

¡Qué Mundial, por favor!

Señor director:

La FIFA ha levantado la sanción al futbolista estadounidense Balogun debido a la injerencia de Trump. Si se reflexiona un poco, esta decisión cercena cualquier concepto ético y denota la falta de consistencia en las autoridades del máximo organismo del fútbol.

Ni hablar de la entrega del inédito y supuestamente merecido premio de la Paz que Gianni Infantino le otorgó al magnate en diciembre de 2025.

Hace falta recurrir al pensamiento crítico para mostrar cómo el deporte ha dejado de ser un vínculo de unión, de confraternidad y de valores, ahora pregonados por un banquero suizo disfrazado de líder humanitario.

No es un dirigente deportivo: es un operador político, un mercader de la atención, un gestor de la hipocresía global. Cobra un sueldo de cuatro millones de euros al año por presidir una organización que no paga impuestos y que se lava las manos mientras los gobiernos utilizan sus torneos para blanquear crímenes.

A bordo de un jet privado Gulfstream G650 ER, puesto a su disposición por Qatar Airways (uno de los patrocinadores), el directivo se mueve como el presidente de un país ante los ojos del mundo que lo contempla por televisión.

Tal vez Infantino  le haya devuelto al mandatario favores inconfesables.

Se sabe, y ya Mussolini lo supo: el Mundial es una verdadera arma de distracción masiva, tan vieja como el Imperio Romano y bienvenida para sociedades en crisis.

Hoy día se agrega otro elemento: la enorme injerencia de los políticos, el poder del dinero y la visibilización mediática polarizada por las redes sociales. Distracción y exposición van de la mano.

La felicidad de una victoria contrasta con el hecho de que, tal vez a pocos kilómetros del estadio, el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) esté deteniendo y matando personas.

La cita mundialista es un arma de visibilización política, un escaparate, un altavoz, una plataforma donde los gobiernos, los líderes, los movimientos sociales, las marcas y las causas proyectan sus mensajes, imágenes e intereses con una eficacia que ningún otro evento en el globo puede igualar. Maquiavelo estaría asombrado de tanta perfección.

La FIFA no es auditada desde hace muchos años. Maneja miles de millones de dólares: un auténtico imperio financiero que no responde ante ningún parlamento, ante ningún tribunal, ante ninguna ley que no sea la suya propia.

Su anterior presidente, Sepp Blatter, fue discípulo de Julio Grondona, el poderoso jerarca de la AFA que manejaba las finanzas del ente rector sin decir ni "yes", y que murió en 2014, poco antes de las redadas del FBI. En aquellas operaciones cayeron altos directivos durante un congreso en Zúrich, en el marco del caso conocido como FIFA Gate. ¿Recuerda la imagen de los dólares cayendo sobre la cabeza de Blatter?

Actualmente, siguiendo la estela de su antecesor, G. Infantino maneja todo desde Suiza, donde los negocios pueden ser de cualquier índole, siempre que sean "legales".

Nuestro Chiqui Tapia, identificado con estos menesteres, se pasea por sus corredores sacando pecho y enviando fotos autografiadas al Poder Judicial.

Si algo le faltaba al fútbol (más allá de la competición) para enterrar su credibilidad, son las casas de apuestas online. Según el informe de la consultora H2 Gambling Capital de junio de 2026, estas movieron más de doscientos mil millones de dólares durante este campeonato.

Clientelismo, sobornos, comisiones, favores, contratos opacos, corrupción... que todo cambie para que nada cambie.

El fair play, aquel código de principios éticos y deportivos que se aplica dentro y fuera del campo —el respeto al oponente, al árbitro, a las normas—, ha sucumbido a las presiones.

¿Dónde será el próximo Mundial? No se preocupe, eso se arregla.

Vicente A Costa

Medico Clinico

vacosta60@gmail.com