El mundo
Testimonios desde Ucrania de un ingeniero que vivió más de treinta años en la Argentina

"Putin quiere aniquilar al pueblo ucraniano"

Desde Rivne, a 300 kilómetros de Kiev, Valentín Kachkalo destaca que el 70% de sus compatriotas cree que el invasor ruso finalmente será derrotado. La crucial importancia de los drones de fabricación propia.

A comienzos de 2022, la vida del ingeniero mecánico Valentín Kachkalo dio un vuelco que él mismo prefiere no llamar mala suerte. Había llegado a Buenos Aires como inmigrante en los buenos tiempos de Carlos Menem, y fue justamente durante uno de sus viajes a su tierra natal que lo sorprendió la orden de invasión del zar Vladimir I. Desde entonces no pudo a salir de Ucrania. Hoy no quiere regresar a la Argentina, al menos hasta que termine la guerra por la libertad y la independencia nacional de su gente.

Su hija, Lyubov Kachkalo, está radicada en Buenos Aires y se recibió de odontóloga en la UBA -se declara "firme defensora de la universidad pública"-. Es una reconocida investigadora en su especialidad y dirige un estudio odontológico modelo en Puerto Madero.

A ese consultorio llegó este diario para mantener, por teléfono, una conversación con el ingeniero, que se encuentra en la ciudad de Rivne, un importante nudo ferroviario del oeste de Ucrania, a unos 300 kilómetros de Kiev, la heroica capital.

Buscábamos información de primera mano sobre la marcha de la guerra, el ánimo y las penurias del valeroso pueblo invadido. Quizás una de las mayores sorpresas del siglo XXI -al menos para el observador occidental- sea que el ciudadano de a pie en Ucrania decidió combatir, fusil en mano, contra un agresor que calculaba una campaña corta y sin demasiada resistencia.

Durante la charla, estuvo presente la madre de Lyubov y esposa del ingeniero, doña Victoria Zakidalska.

Valentín, los nacionalistas rusos siempre consideraron a Ucrania una simple provincia, dicen incluso que no existe una identidad ucraniana. ¿Qué les respondería?

-Les puedo contestar rápido: es una mentira total. El pueblo cosaco ucraniano existió mucho antes que el pueblo ruso, incluso antes que los propios zares de Rusia. Así que no pueden decir que Ucrania apareció después. Eso es propaganda, no historia. Cada vez que Putin habla en público dice cosas que lo ponen en ridículo.

La historia ucraniana es muy antigua. Nuestros guerreros se contaban entre de los más fuertes del mundo: lucharon en Francia, tomaron la Bastilla, participaron como mercenarios en distintas guerras. Siempre fuimos un pueblo que luchó por su independencia. Como república nos constituimos hace más de cien años -no recuerdo si en 1922 o 1924-, después de la revolución soviética, cuando había muchos partidos en pugna y ganaron los bolcheviques. En ese momento el pueblo ucraniano se organizó y empezó a luchar por su independencia.
Ahí tuvimos también muchos conflictos con Polonia -es una historia larga y compleja-, porque entre rusos y polacos se repartieron nuestro territorio. Ese conflicto de fondo, entre polacos y ucranianos, reaparece ahora por cuestiones de nacionalismo.

En su momento, Juan Pablo II, que era polaco, promovió la idea de "nosotros perdonamos y queremos ser perdonados". A partir de ahí, polacos y ucranianos empezaron a tender lazos y la relación mejoró mucho. Pero cuando surgieron políticos nacionalistas en Polonia, con influencia rusa, esos viejos focos de conflicto volvieron a reaparecer.

-Imagino que habrá reflexionado sobre esto: ¿Por qué invadió Putin Ucrania? ¿Cuál es su lectura?

-Es una lógica imperial. Cuando se disolvió la Unión Soviética, Ucrania fue de las repúblicas que se independizó enseguida, junto con los países bálticos. Putin quiere recuperar esas tierras, reconstruir una Gran Rusia, un imperio. Y lo llamativo es que no lo hace por necesidad de territorio: a Rusia no le falta tierra, le sobra. Pero con todas las mentiras que fabricó para iniciar esta guerra, queda claro que busca aniquilar al pueblo ucraniano, hacer un genocidio, matarnos e imponer un poblamiento ruso.
Ya pasó antes en la historia soviética. Por ejemplo, en la península de Crimea, después de la Segunda Guerra Mundial los rusos deportaron a toda la población -tártaros, ucranianos, griegos, húngaros- en trenes de carga, de madera, sin asientos, y muchos murieron en el traslado a Siberia. Esas tierras y viviendas vacías las ocuparon después colonos rusos bolcheviques.

También hubo una invasión del idioma. Casi todos los ucranianos de mi generación hablamos perfectamente ruso: crecimos con la literatura y la historia rusa como algo prestigioso, mientras el idioma ucraniano quedaba relegado, casi limitado a la gente de los pueblos chicos. Y eso también es una construcción falsa, porque el ruso en realidad no tiene raíces propias claras: es una mezcla de palabras turcas, tártaras, fino-úgricas y de muchos otros pueblos. Hay muy pocas palabras genuinamente rusas.

Valentín Kachkalo y su esposa Victoria Zakidalska.

-Tengo una teoría demográfica sobre la invasión: creo que Putin buscaba sumar a la Gran Rusia los 50 millones de ucranianos porque la población eslava está estancada, mientras crecen las poblaciones no rusas, como las musulmanas del Cáucaso. Me parece que Rusia tiene un problema demográfico y quiso resolverlo anexando Ucrania.

-No estoy de acuerdo. Si quisieran anexarnos como población, lo habrían hecho de otro modo: ofreciendo progreso económico, corredores humanitarios, no arrasando ciudades enteras, hasta hacerse odiar. Bombardean pueblos y ciudades civiles enteras, no apuntan a objetivos militares: destruyen edificios comerciales, universidades, están matando la cultura y matando a la gente. El propio Putin dijo que van a luchar "hasta el último ucraniano". Por eso no creo que sea un tema demográfico.

-¿Cómo están en su ciudad de abastecimiento, de alimentos, de energía?

-Mire, quienes más sufren son las provincias que están en el límite con Rusia, cerca del frente de batalla. Las provincias más alejadas están mejor protegidas, porque Ucrania tiene ahora tecnología que los rusos no pueden superar: técnicamente estamos ganando la guerra, y en el último medio año la cantidad de muertes bajó mucho. Antes, cada día llegaban a mi ciudad camiones con soldados caídos. Somos un pueblo muy respetuoso: todos los días, a las 9 de la mañana, se para todo -el tránsito, los negocios, los hospitales- en su honor.

En la plaza central de Rivne tenemos una especie de santuario, con carteles con los apellidos y las fotos de los soldados muertos de nuestra ciudad.

-¿Sufren bombardeos?

-En nuestra provincia recibimos ataques de tanto en tanto: llegan drones, misiles balísticos. Tenemos sirenas para avisar a la gente y que pueda refugiarse. Antes los rusos lograban bombardear estaciones eléctricas y centrales de energía, pero ahora estamos derribando cerca del 90% de los drones que llegan, con un sistema antidrones que funciona bien. Todavía no podemos interceptar toda la balística, pero ya tenemos también nuestros propios interceptores.

-O sea que, de cada diez drones rusos que llegan, nueve son interceptados.

-Así es. Y eso que llegan a lanzar hasta 400 drones por día.

-¿Y tienen electricidad todo el día?

-Sí. En nuestra provincia tenemos dos centrales nucleares muy grandes, y los rusos tampoco pueden atacarlas directamente; sí atacan la red de distribución, pero por ahora está protegida con nuestros sistemas antidrones, helicópteros y aviones militares. Ucrania avanzó muchísimo en este aspecto: en el último medio año casi no escuché sirenas en mi ciudad. Pero sí sufren mucho ciudades como Odesa, Nikolaiev y ahora Kiev, que está siendo atacada con fuerza.

-¿Y hay carestía de alimentos? ¿Les falta algo respecto a antes de la guerra?

-El abastecimiento está completo, hay de todo. Creo que ni en Argentina hay tantos productos como acá. Eso sí, los precios pegan fuerte, porque hay una diferencia enorme entre sueldos, jubilaciones y sueldos de los políticos.

-Usted vivió en la Argentina desde los años 90, en cierto modo conoce los estragos de la inflación

-Llegué en épocas de Menem, con la convertibilidad uno a uno.

-Mencionó la disparidad de los sueldos...

-Una jubilación mínima está en unos 3.600 o 4.000 grivnas, el promedio ronda las 7.000 u 8.000. El sueldo promedio de una persona está en unas 20.000 grivnas (445 dólares). El de un diputado de rango bajo está entre 180.000 y 220.000 grivnas (u$s 4.896) por mes. Un soldado que no está en el frente cobra unas 30.000 grivnas mensuales (667 dólares); el que está en primera línea puede cobrar entre 70.000 y 100.000, más un plus diario -unas 15.000 o 20.000 grivnas- por cada día de combate directo.

-¿Qué piensa de la ayuda occidental?

-Es muy importante, Ucrania se sostiene gracias a esa ayuda, porque la industria no puede trabajar a pleno por los bombardeos. Igual seguimos exportando mucho trigo, aceite de girasol, maíz: somos un país agrario, pero también industrial. Ahora toda la tecnología está volcada a la industria bélica -drones, especialmente-, aunque no al nivel de Rusia. Mantenemos el comercio con el mundo: China entra fuerte en el mercado, también entra mercadería vía Polonia. En tecnología de construcción e industria metalúrgica le llevamos ventaja a Argentina, Ucrania era muy avanzado industrialmente, pero la guerra destruye todo eso.

-¿Usted trabaja en la industria? ¿Lo convocaron las Fuerzas Armadas?

-No trabajo para los militares, trabajo para sobrevivir. Mantengo la esperanza de volver a Argentina. Ya no podría ir a combatir: soy grande, no aguantaría el peso del chaleco antibalas, la mochila y el arma.

 

CANSADOS Y OPTIMISTAS

-¿Cómo está el espíritu del pueblo ucraniano después de cuatro años de guerra?

-Estamos todos cansados. El problema mayor es que se llevaron a la guerra a casi todos los hombres jóvenes y en edad fértil. Muchos escaparon -por errores de la política migratoria- hacia Polonia, Alemania, Francia, España, cuando el gobierno permitió salir a los menores de 24 años: se fueron todos los que pudieron, porque nadie quiere morir. Mucha gente esperaba que la guerra terminara pronto, pero no creía que Ucrania pudiera ganar. Hoy, según medios independientes, un 70% de los ucranianos cree que es posible ganarle a Rusia y expulsarla de nuestro territorio. En el último medio año hicimos un progreso tecnológico enorme: hundimos más de cien barcos rusos en las últimas dos semanas. Rusia está sin nafta, sin combustible: hay incendios en zonas cercanas a Moscú y también en San Petersburgo.


-¿Rusia está importando combustibles?

-Importan producto ya refinado, nafta y gasoil, porque no pueden parar los pozos ni saben dónde almacenar el crudo. Cargaron el crudo en barcos tanque, y esos barcos -por temas ambientales, Ucrania no los hunde directamente- quedaron inmovilizados en el mar después de que los drones dañaran sus sistemas de mando. Cuando llegaron los remolcadores para moverlos, también fueron atacados. Nuestros drones ya alcanzan hasta 3.000 kilómetros dentro de territorio ruso.


-Valentín, ¿cree que Ucrania podrá recuperar el Donbás y las demás regiones ocupadas?

-Parte de nuestro territorio cayó por traición interna: había infiltrados rusos dentro del gobierno y de las fuerzas militares ucranianas. Le doy un dato: en Buenos Aires hay una fuerte presencia de influencia rusa -la embajada, la escuela rusa, con unos 25 profesores enviados desde Rusia, un <puente comercial con unas 160 familias de empleados, y varios centros culturales rusos-.

-No sé si sabe que el servicio de inteligencia ruso pagaba a medios y periodistas argentinos para publicar notas a favor de Rusia y en contra de Milei, por su alineamiento con Estados Unidos. Fue un escándalo hace unos meses. Última pregunta: ¿cómo imagina la posguerra?

-El ejército ucraniano hoy es más fuerte que el de buena parte de Europa. Rusia no solo quiere Ucrania: quiere recuperar todo lo que fue soviético, incluso mira hacia Alemania. Imagino que Ucrania será el escudo de Europa. Los occidentales no nos ayuda por generosidad, sino porque defiende sus propios intereses: prefieren poner dinero para que luchen y mueran ucranianos, antes que la guerra llegue a su propio territorio. Eso ya lo entendieron muy bien. Y por motivos comerciales, países como Polonia, Hungría o Eslovenia no quieren que entremos a la Unión Europea: nos ven como un competidor fuerte, un pueblo muy trabajador con capacidad de producir y exportar más de lo que le compraría a ellos. Los polacos parecen haber olvidado las dificultades que ellos mismos atravesaron al entrar a la Unión Europea.

Si logramos frenar la guerra, creo que Ucrania se va a desarrollar muy rápido, con inversión en tecnología y en la industria militar. Ya fabricamos drones y cohetes unas diez veces más baratos que los estadounidenses. Eso genera cierta tensión con Trump, porque Europa -e incluso Estados Unidos- compra cada vez más drones ucranianos para esta guerra.

-¿Esos drones son de tecnología ucraniana?

-Son mixtos, pero se probaron y perfeccionaron en el campo de batalla en Ucrania. Cuando la OTAN hizo simulacros de entrenamiento con fuerzas ucranianas, usamos drones de superficie, terrestres y marinos, con cañones y ametralladoras montadas.


-Es decir, drones terrestres y marinos, incluso uno dentro de otro...

-Exacto. Por ejemplo, cuando cortamos el abastecimiento a una península cercana a Crimea, los rusos quedaron sin municiones, comida ni agua. Para no arriesgar soldados, mandamos drones marítimos que llevaban encima drones terrestres, y así se logró neutralizar a las tropas rusas en esa zona.

-Evidentemente el dron es el arma que define esta guerra del siglo XXI. ¿Quiere agregar algo más?

-Mucha información no llega bien a Argentina, porque no siguen la guerra episodio por episodio como nosotros. Acá se instaló primero el mito de que Rusia iba a tomar Kiev en tres días, y ya pasaron más de cuatro años. Al principio los rusos avanzaron mucho por traición: en la zona de Jerson entraron columnas de tanques rusos sin disparar un solo tiro, porque no volaron los puentes, retiraron gran parte de las tropas de esa zona y las mandaron a otro lado. Cuando termine la guerra se van a investigar esas traiciones y a castigar a los responsables.

Quiero decirle a los argentinos que los ucranianos construimos una democracia real, mientras en Rusia hubo una sola elección real y siempre el mismo presidente. Nosotros cambiamos de gobierno seis veces.

Y toda la política de Putin se basa en una sola palabra: odio.

-¿El pueblo de Ucrania se siente occidental?

-Tenemos un modo de vida ya integrado a Europa: uno viaja, trabaja, vuelve, se casa. Consumimos noticias de Italia, Alemania, Finlandia, otros países vecinos. Nos sentimos ciudadanos europeos. Analizamos también lo que pasa en Turquía, donde hay muchos matrimonios mixtos. Tenemos una mentalidad abierta: antes de opinar, escuchamos al otro, con respeto.

-¿Ya puede volver a la Argentina?

-Es un tema familiar. Fallecieron mis padres y tuve que enterrarlos acá. Y ahora tengo que cuidar también al padre de mi esposa, que es una persona mayor.