Suplemento Económico

Puñalada trapera

Había una vez una rana que se encontró con un escorpión a orillas de una laguna. El escorpión le pidió gentilmente a la rana si podía ayudarlo a cruzar hasta el otro lado. La rana aceptó. Trepado al lomo del batracio, el arácnido comenzó el derrotero. A mitad de camino, sacó su púa y picó a la rana, condenando a ambos a una muerte segura. La rana, sorprendida, preguntó por la razón del ataque. El escorpión simplemente contestó:

-No lo puedo evitar. Está en mi naturaleza.

Algo de rana y de escorpión hay en la relación que mantiene la Argentina con el Fondo Monetario Internacional. Aunque desprolija y de malos antecedentes, la Nación se esfuerza por cumplir una y otra vez. Es su afán convertirse en el mejor alumno.

Es verdad que a veces el organismo mira hacia otro lado y desliza algún que otro perdón cuando los objetivos no se cumplen. Pero lo cierto es que la gestión Milei no deja de hacer méritos para congraciarse con el Fondo.

Ya lo había advertido el presidente en su campaña electoral: “No tendremos ningún problema con el Fondo porque vamos a hacer un ajuste mayor del que ellos piden”. Dicho y hecho. Y, sin embargo, parece que nada alcanza en materia de orden fiscal.

En la semana voceros de la entidad que conduce Kristalina Georgieva lanzaron un documento en el cual pusieron en duda, ni más ni menos, el superávit fiscal del que tanto se jacta el Gobierno. El estandarte libertario quedó hecho jirones.

En la página 7 del Staff Report donde se habla de las cuentas pública, la referencia de pie de página aclara: “Esta medida excluye los pagos de intereses de los bonos cupón cero, los cuales se registran por debajo de la línea. Incluir el componente real de los intereses capitalizados por encima de la línea elevaría el déficit total a cerca de 0,8% del PBI”. Insólita alquimia, así el superávit se transformaría en déficit.

Entre los economistas es común ensayar el chiste según el cual la sigla del Fondo Monetario Internacional en inglés (IMF) significa “Its Mostly Fiscal”. O lo que es igual, que el organismo tiene su eje en las cuentas públicas y de allí no se aparta, pese a que el alumno haga bien el resto de las tareas. No son malos, está en su naturaleza.

Como si este sacudón fuera poco, el FMI avanzó en la idea de proponer una reforma fiscal que orden el esquema impositivo argentino. En resumen, propuso aliviar la carga sobre el sector empresarial y, para no generar desequilibrios, incrementar lo que tienen que pagar los individuos.

Lo que sugiere el Fondo en su borrador de reforma tributaria es ampliar la base de contribuyentes. En pocas palabras, incorporar más trabajadores en relación de dependencia al Impuesto a las Ganancias, y subir las cuotas del monotributo en línea a lo que pagan los autónomos.

De esta manera, estiman, aunque se eliminen las retenciones a las exportaciones por completo el fisco ampliaría la base de contribuyentes y obtendría una mejora del 3,3% en la recaudación.

La presión fiscal efectiva aumentaría en el sistema, pero acá lo importante es leer entre líneas. Claramente el sesgo económico de La Libertad Avanza intenta desbrozar el camino del sector empresario, fundamentalmente el que tiene perfil exportador, y dejarle a los contribuyentes menores la carga de financiar lo público.

OTRA MIRADA

La mirada del otro siempre interpela. La del FMI porque tiene el efecto de una puñalada por la espalda; la de la oposición porque analiza algunas políticas desde otro ángulo.

Es el caso del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que desliga a los capitales multinacionales del pago de una serie de impuestos por largo plazo. Ese es el señuelo para que vengan a invertir en suelo patrio. Algunos se animan, otros desconfían de la posibilidad de que el presidente Milei sea reelecto el año próximo.

Según un estudio del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), existen 12 proyectos de inversión aprobados por un monto que alcanza los u$s 26.680 millones. Las exportaciones anuales estimadas son de u$s 20.841 millones. El costo fiscal anual sería de u$s 1.813 millones.

El Centro, dirigido por el economista Hernán Letcher, advierte que no todos los proyectos son nuevos. De hecho, siete ya habían sido anunciados antes de la implementación del RIGI, pero les cabe igual el beneficio fiscal. Un ejemplo es la empresa Galan Lithium, que explotará el yacimiento de litio catamarqueño Hombre Muerto Oeste.

El documento marca algunas limitaciones del RIGI:

* Las cifras de exportaciones futuras son proyecciones de los propios inversores, sujetas a volatilidad de precios de commodities y riesgos de ejecución.

* El Estado no publica datos desagregados por proyecto ni estimaciones de gastos tributarios del RIGI.

* Para petróleo, gas natural y oro, las retenciones ya eran 0% por norma general antes del RIGI, por lo que el costo fiscal por ese concepto es marginal en esos sectores.

BUENAS Y MALAS

La semana también deparó alguna que otra buena noticia. Entre ellas, el aumento del consumo de servicios por parte de las familias, y el incremento de los créditos al sector privado.

En este último caso, por cada 100 pesos depositados en el sistema, llegan al sector productivo privado el 60%, su valor más elevado desde 2018. En apenas dos años la intermediación financiera se duplicó.

Esto es parte del cambio de matriz que impulsa el Gobierno: que los bancos dejen de hacer negocios con el Estado y lubriquen el aparato productivo del sector privado. Evidentemente algo de esta iniciativa ya está dando sus frutos.

La situación, en cambio, cruje por el lado del empleo. “El principal problema de la coyuntura es que la recuperación todavía no logra traducirse en una generación sostenida de empleo privado formal. Durante el último año, cerca de 100 mil trabajadores asalariados privados registrados perdieron su empleo, mientras crecieron modalidades laborales más frágiles, como monotributistas (con más de 90 mil nuevos registros) y empleo no registrado”, asegura un informe del Ieral de la Fundación Mediterránea.

En el arte de sopesar buenas y malas es que el Gobierno ya desató una interna política que busca alinear a la tropa de cara a las elecciones presidenciales del año próximo. Los movimientos parecen algo apresurados, tempranos, sobre todo teniendo en cuenta que la preocupación de la sociedad está depositada en otros temas, como llegar a fin de mes.

El último informe de la consultora Isasi/Burdman marca que el terreno electoral es incierto, resbaladizo. Según la encuesta, el 44% de los consultados -1.976 personas- reelegiría a Milei, mientras que el 41% votaría en contra. En mayo la imagen negativa del presidente subió al 43%, pero la positiva es del 42%.

En esta paridad de fuerzas -donde la oposición es una nebulosa-, el 46% aprueba la gestión libertaria, pero el 45% la desaprueba. En un supuesto balotaje entre Milei y Kicillof, el presidente se impondría por 54% a 35%.

TIERRA RALA

Mientras por el sillón presidencial pasaban Cristina Fernández, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei; mientras se discutía el rol del Estado y las virtudes del capital; mientras se destapaba la olla del kirchnerismo y estallaba el escándalo Adorni; mientras Macri se hundía sepultado por los barros de la tibieza, en la Argentina pasaban cosas.

Por debajo de los vaivenes económicos fluía un cambio cultural que vino a moldear la matriz social: se desplomaron los nacimientos en la Argentina. En la última década el índice de natalidad cayó 47%. El país del 2050 a duras penas tendrá 50 millones de habitantes.

No son sólo números. Se advierte en la cantidad de maternidades que cerraron en todo el país -un total de 5 en la Ciudad de Buenos Aires-, en los jardines que clausuran salitas, en el nuevo rol de las mascotas, que desplazan a niños y niñas. El fenómeno es global, pero en Argentina resulta extremo.

“En el futuro cercano, la población crecerá lentamente hasta alcanzar un máximo apenas un 5% superior al actual, para luego iniciar una suave declinación. Se estima que hacia 2070 Argentina tendrá una población similar a la actual. Para 2100 podría descender hasta los 38 millones”, asegura un documento de la consultora Fundar. Habrá, además, más viejos y menos jóvenes.

Por debajo de las estériles discusiones -como volver a votar el etiquetado frontal en los productos-, subterránea, la Argentina del mañana va tomando forma. Será una tierra amplia, escasamente poblada por argentinos. Quizás nuevas oleadas de inmigrantes -perseguidos de toda laya- vuelvan a desembarcar en estas costas, como en el pasado. Y eso que llamamos argentinidad, y que aflora mayormente en el Mundial, se licuará de manera inevitable. Tal vez no falte tanto.