Por Pablo Francisco Arancedo
Dicen, con razón, que en este país se inventaron el colectivo, la birome, el bypass, el magiclick, el dulce de leche, la fugazzetta y la pelota sin tientos. Y también las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), un acrónimo que suena a sigla de ministerio soviético.
Nacieron por la Ley 26.571, publicada el 14 de diciembre de 2009, como una respuesta del difunto Néstor Kirchner a su derrota electoral a manos de Francisco De Narváez. Ante esa afrenta, el kirchnerismo no hizo autocrítica, sino que redobló la apuesta y aprobó una elección más.
Desde 2011, las PASO reemplazaron a las viejas internas partidarias. Antes se iba si uno quería, si era afiliado, si le importaba la política partidaria. Ahora hay que ir a votar, porque es obligatorio.
Otra vez el Estado, a través de sus representantes en el Congreso, sustituyó la libertad de los argentinos de elegir participar o no en la vida interna de los partidos políticos. Papá Estado, ese gran pedagogo del látigo, nos dice qué hacer, en beneficio de la casta y en perjuicio del soberano. El mundo al revés.
Las PASO tienen finalidades perversas. Primero, la transferencia millonaria desde el Tesoro Nacional, es decir, de nuestro bolsillo, para financiar a los partidos políticos. Los argentinos tenemos que pagar lo que antes pagaban ellos: su interna. Los argentinos pagamos a la casta política, a la nomenklatura.
Sirven para que el jefe político de turno instale un colador fino dentro de su partido, a costillas de los argentinos. Una suerte de instrumento stalinista.
Nuestros trasnochados e inescrupulosos políticos aprobaron las PASO para que los argentinos financien con millones de pesos a los partidos políticos.
Obligar a los argentinos a votar en la elección general ya es discutible, vaya y pase. Pero obligarlos a votar en la interna de un partido al que no están afiliados ni les interesa integrar es sadismo cívico. Ya no es un sistema electoral al servicio de los ciudadanos, sino al servicio de la casta política y su nomenklatura.
Las PASO significan:
* Movilizar a miles de fiscales, presidentes de mesa, policías, gendarmes, camiones, urnas y toda una parafernalia logística para que dos peronistas diriman quién es más peronista.
* Gastar millones de pesos de impuestos en una encuesta nacional obligatoria.
* Paralizar el país al obligar a millones de personas a votar dos veces en el mismo año.
* Imponer la obligación de participar en la vida interna de partidos que no te representan.
* Tratarte, de hecho, como afiliado compulsivo del partido.
* Mantener un sistema electoral no previsto en la Constitución, en beneficio exclusivo de la casta política y en perjuicio de los argentinos.
Es hora de volver a lo básico: quienes tengan interés en participar en la política partidaria pueden afiliarse libremente y votar en sus internas. Pero que la paguen ellos, como en cualquier club social o de barrio.
Espero que nuestros diputados y senadores recuperen la sensatez y deroguen el subsidio pernicioso y millonario de las PASO, un legado de la facción gobernante en 2009.