Deportes

Por única vez, del mismo lado del Muro

El baúl de los recuerdos. Alemania Democrática derrotó 1-0 a Alemania Federal en 1974. Para los vencedores, fue un éxito del comunismo. Los perdedores evitaron enfrentar a Holanda antes de la finalísima.

La República Democrática Alemana existió como país entre 1949 y 1990. Fue un Estado satélite de la Unión Soviética luego de la Segunda Guerra Mundial. Su capital era Berlín Este, una ciudad que desde 1961 estuvo separada del sector occidental por el tristemente célebre Muro de Berlín. En el Mundial de 1974, los orientales cruzaron al oeste y el destino los enfrentó con sus vecinos. El partido, rodeado de una tensa atmósfera política, concluyó con la victoria por 1-0 de Alemania Oriental, un resultado que para su gobierno resultó un éxito del régimen comunista. Para los derrotados, sin embargo, el traspié no fue tan dramático, pues les permitió no encontrarse con la temible Holanda en la fase siguiente.

“Quisiera olvidarme de ese partido porque me queda el pegajoso sentimiento que tuve en Hamburgo y del que no puedo desprenderme. La atmósfera alrededor del estadio era fría, el ambiente dentro del estadio era helado. Y estoy seguro de que no habría sentido calor ni aún en el caso de un triunfo de Alemania Federal”. El exfutbolista y entrenador suizo René Hüssy asistió a la décima Copa del Mundo como periodista. Sus palabras dan una clara idea del clima que rodeó al duelo entre las selecciones que representaban a las dos naciones en las que había quedado dividida Alemania tras la derrota del régimen nazi.

El Mundial se disputaba en Alemania Federal. Con un defensor excepcional como Franz Beckenbauer, un gran arquero como Sepp Maier, un exquisito creador como Wolfgang Overath y un temible goleador como Gerd Müller, el equipo local era uno de los grandes favoritos al título y llegaba a ese tercer partido del Grupo 1 con la clasificación a la próxima fase ya asegurada.

Sus vecinos orientales no contaban con figuras de esa jerarquía, ya que su principal característica era la fortaleza colectiva. Así y todo, habían ganado la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1972, desarrollados en Munich. Y también habían sorteado sin apremios la primera ronda de la Copa del Mundo gracias al empate que, pocas horas antes, habían sellado Chile y Australia dejando sin posibilidades a los sudamericanos.

La política también jugó su partido. Se hizo presente el canciller de Alemania Federal, Helmut Schmidt, y siete de sus ministros. Tampoco faltaron legisladores y dirigentes de distintas entidades. Hasta fueron invitados los embajadores de cada país en territorio vecino: Günter Gaus, representante del gobierno occidental, y Miehael Kohl, del oriental.

Hubo helicópteros sobrevolando el estadio y miembros armados de las fuerzas especiales de seguridad dispuestos en las azoteas aledañas. Estaba demasiado fresco el recuerdo del ataque perpetrado por el grupo terrorista Septiembre Negro que le había costado la vida a once miembros del equipo olímpico israelí en los Juegos del ´72.

SÍMBOLO DEL RÉGIMEN

El duelo fue opaco y deslucido. Todos los pronósticos avizoraban un fácil triunfo del dueño de casa. Müller, el Bombardero de la nación, estuvo muy cerca de confirmar la teórica superioridad de Alemania Federal, pero su remate dio en un poste. La sorpresa se apoderó de los 60.200 espectadores -apenas hubo 1.500 hinchas orientales- que ocupaban las tribunas del Volksparkstadion (el Estadio del Pueblo, según su traducción) cuando, faltando poco menos de un cuarto de hora, Jürgen Sparwasser envió al fondo del arco de Maier un pase de Erich Hamann.

“Era golpear al enemigo. Golpear al enemigo donde más le duele. Mucha gente entonces lo veía así. Si en mi lápida pusieran Hamburgo, 1974, todos sabrían quién yace debajo”, confesó el atacante del FC Magdeburg.

Sparwasser se convirtió en un símbolo del régimen comunista. Hasta se dijo que esa repentina fama le había permitido disfrutar de las bondades del capitalismo que el gobierno decidió concederle por un triunfo que, en su visión, era más político que deportivo. “Los rumores decían que estaba ricamente recompensado por el gol, con un coche, una casa y un premio en efectivo, pero eso no es cierto”, aclaró el futbolista, quien, harto de que su nombre fuera usado en un contexto que a él le resultaba incómodo, aprovechó en 1988 un partido entre veteranos de ambas Alemania y se refugió del lado occidental.

En lo estrictamente futbolístico, Alemania Democrática terminó festejando el triunfo y el boleto a la siguiente instancia. Si bien con la igualdad entre chilenos y australianos ya había logrado la clasificación, refrendar el acceso a la próxima fase ganándole a sus vecinos parecía un regalo del destino.

Para Alemania Federal la derrota no tuvo consecuencias tan negativas. Al técnico Helmut Schön le permitió probar un rato al talentoso Günter Netzer en reemplazo del discutido Overath. El entrenador debía terminar de decidir entre dos excelentes mediocampistas creativos y el hecho de que Netzer -en esos días en Real Madrid- no haya logrado destacarse terminó inclinando la balanza hacia el lado del zurdo del Colonia, que además contaba con el respaldo del capitán Beckenbauer.

Por si fuera poco, al haber finalizado en la segunda posición en el Grupo 1, el conjunto local evitó medirse en la siguiente etapa con Holanda, que había presentado en sociedad a un equipo revolucionario: La Naranja Mecánica, ejemplo perfecto del Fútbol Total.

La tensión fue máxima ese 22 de junio de 1974 en Hamburgo. Se jugó mucho más que un partido de fútbol. Alemania estuvo cara a cara con Alemania. Dos países que en realidad eran uno solo, pero estaban separados por un infranqueable Muro que, al menos por unas horas, los vio del mismo lado.

LA SÍNTESIS

Alemania Democrática 1 - Alemania Federal 0

Alemania Democrática: Jürgen Croy; Gerd Kische, Bernd Bransch, Konrad Weise, Siegmar Wätzlich; Lothar Kurbjuweit, Reinhard Lauck, Hans-Jürgen Kreische, Harald Irmscher; Jürgen Sparwasser, Martin Hoffmann. DT: Georg Buschner.

Alemania Federal: Josef Maier; Hans-Hubert Vogts, Franz Beckenbauer, Hans-Georg Schwarzenbeck, Paul Breitner; Bernd Cullmann, Ulrich Hoeness, Wolfgang Overath, Heinz Flohe; Jürgen Grabowski, Gerd Müller. DT: Helmut Schön.

Incidencias

Segundo tiempo: 20m Erich Hamann por Irmscher (AD); 23m Horst-Dieter Höttges por Schwarzenbeck (AF); 24m Günter Netzer   por Overath (AF); 32m gol de Sparwasser (AD).

Estadio: Volksparkstadion (Hamburgo). Árbitro: Ramón Barreto, de Uruguay. Fecha: 22 de junio de 1974.