Suplemento Económico

Por inercia cultural, persisten teorías fracasadas

Cuántas malas decisiones en el país se hubieran evitado si el socialismo marxista no hubiera infestado desde las universidades la mente de muchos argentinos.

Como bien explicó el filósofo Karl Popper, un sistema político, filosófico, intelectual que se lacra a sí mismo, que se pretende irrefutable, no es científico. Y lo peor es que resulta sumamente peligroso porque lleva a aceptar la charlatanería de los demagogos.

Es así como al que piensa distinto, al que propone nuevas hipótesis frente a la realidad se lo excluye, se lo persigue, no se acepta el cambio. Se olvida que el hombre vive sometido a una incertidumbre radical y que con ella  estaremos siempre obligados a convivir.

A pesar de la existencia de tantos casos que refutan la teoría de Marx desde un punto de vista crítico, como lo fue la experiencia soviética, todavía existen millones de personas quienes por inercia cultural, no la abandonan.

Siguen creyendo que el socialismo surge de la dictadura del proletariado, que se puede transformar la sociedad desde arriba, como así también los medios de producción. No perciben que todo conocimiento asume límites.

Ante este panorama nos queda la hoy malograda democracia, sistema que nos permite exponer las contradicciones y errores de quienes gobiernan y de ese modo alejarnos lo más posible de ellos.

Un gobernante estadista es aquel que piensa en el futuro, que escucha las críticas y trata de ver qué de cierto hay en ellas para enmendarlas. Muchas veces son consecuencias indeseadas de sus actos de gobierno.

El presidente Frondizi fue un ejemplo paradigmático: asumió la presidencia y cambió de plano su creencia en ideas estatistas. Tuvo el coraje, hasta casi el final de su gobierno, de abrir la Argentina al mundo, de llamar a un ministro de Economía y de Trabajo liberal, a pesar de las innumerables críticas, sobre todo de su partido.

CONFIANZA

Esta introducción vale para juzgar de una manera más benévola los errores del gobierno actual. Creo que mientras mantenga la intención firme de procurar en históricamente corto plazo una salida normal y democrática de la crisis provocada por el gobierno anterior, se lo debe dejar trabajar con críticas razonables.

Pero sin la violencia y virulencia sensacionalista que se ha desatando en su contra, la cual responde al resentimiento o al deseo de captar votos por cualquier medio.

La actitud y la prédica de quienes así proceden son inconducentes y contrarias a la gobernabilidad. Esta gente, nacionalistas, socialistas e intervencionistas, nos han llevado a un sistema de coerción autoritaria en la economía y en el manejo de las cuestiones gremiales, el cual   amenaza la tarea de reconstrucción propuesta por el presidente. 

La fuerza de su personalidad  suple la debilidad del sistema de partidos;  la continuidad o no de la propuesta liberal es el problema que enfrenta la República. Si no logra el Gobierno terminar con el sistema que ha arruinado al país, es probable que nos veremos arrastrados a soportar nuevamente las consecuencias inevitables: corrupción, privaciones y dictadura.

Muchos somos los argentinos que perdonando algunos errores, previsibles en cualquier administración, deseamos que no se ceje en la lucha contra toda la burocracia intervencionista, la cual ahoga a los hombres de trabajo, y amenaza a los argentinos en convertirlos en hombres sin iniciativa propia.

Quienes votaron a Javier Milei desean que el actual período de transición hacia una economía libre termine lo antes posible.

Las exportaciones que necesitamos para progresar deben ser una prioridad del gobierno, hay cosas que aún hay que mejorar para conseguirlo.

El comercio es la masa de la economía dineraria, si se lastima se destruye la libertad de nuestro derecho y capacidad para ejercer la acción electiva, es dar un espacio importantísimo de nuestra vida en sociedad a la desaprensión y a la locura sistemática de  burócratas y dictadores que afectan a la sociedad global. Por ello, aparecen consecuencias masivas y destructivas.

Escuchar alguna buena propuesta para superar los problemas más difíciles es un buen consejo: la flexibilidad en las opiniones es necesaria, no para debilitar el modelo sino para afirmarlo.

En la actualidad importa hacer un pormenorizado análisis de la situación económica para poder fijar una política con miras a ser más exitosa. Y luego, mirando hacia adelante, el Gobierno no debería dejarse intimidar por las opiniones interesadas o timoratas de quienes desean regresar al sistema anterior.

Tenemos a nuestro favor que una buena porción independiente de la sociedad ya no se deja engañar o impulsar por los lenguaraces de turno: ha aprendido a observar con espíritu crítico a políticos, grupos o facciones,  cuyas historias son muy conocidas en el país. Sabe, al menos, que no le gusta la vieja política. 

La mayoría de la gente actúa como simple espectadora de todo el ajetreo político, manteniéndose a la expectativa respecto al futuro. Tienen experiencia, tanto los empleados, trabajadores, empresarios, profesionales, intelectuales, hombres de campo, estudiantes y demás fuerzas útiles de la sociedad, por ello reniegan de políticos que no se han sentido miembros de esa colectividad de trabajo, sino integrantes de una casta separada, con intereses propios, alejados e ignorantes de sus intereses e ideales.

Para ellos son importantes las palabras pero mucho más  los hechos y resultados.

No pretenden que se les diga que se los va a sacar de la pobreza sino cómo. Creo que lo harán saber en las elecciones de 2027.

LIBERALISMO

El gobierno tiene una gran labor en medio de un período electoral cada vez más cercano: salir airoso de la crisis y la creación de la estructura orgánica adecuada para el desarrollo futuro. Las soluciones correctas deben buscarse, como siempre en la libertad: no es cuestión que se  lleve a los argentinos de la mano sino hacerles saber hacia dónde se va y qué es lo que se espera de la sociedad; mostrarles  un rumbo claro y luego se les deje actuar con la decisión y energía de la que seguramente son capaces.

No desean perder esta nueva oportunidad por la cual  se espera salir del dirigismo estatal, ir hacia una economía de mercado libre donde abunden los capitales. Han comprendido que sin ellos no se progresa porque son los que permiten crear fuentes de trabajo. A muchos les falta entender que no deberían estar en pocas manos ni en las del Estado, sino en las de todos los que trabajan, conforme al esfuerzo de cada uno.

Por último, con respecto a la política internacional del Gobierno, deberíamos recordar que el acercamiento a los países democráticos y a su cosmovisión es la mejor. Lo contrario es volver a lo inverso: imitar a los gobiernos totalitarios o autoritarios, tal como pretendieron hacer los gobiernos kirchneristas.

Se iba hacia la ruptura del orden constitucional y al rechazo del conjunto de los partidos políticos. Como sucedió en la época de Perón, la Constitución fue violada en reiteradas oportunidades y el sistema de partidos, reducido a una parodia. Esperemos que no vuelva a ocurrir.

 

* Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed. Lumiere, 2006).