Libros

Por el prisma del lenguaje

Por Pedro Luis Barcia

La identidad lingüística de los argentinos

Dunken. 288 páginas

 

Pedro Luis Barcia publicó hace tres años La identidad de los argentinos, un grueso volumen en el que realiza un minucioso estudio sobre una gran cantidad de textos de pensadores autóctonos acerca de lo que se ha denominado el ser nacional: qué es la patria y qué nos constituye en ella como argentinos, con sus idas y venidas y sus mas y sus menos. El no es de esos patriotas idealistas sino que pisa el terreno de la realidad, y construye a partir de ella.

No se trataba de un simple compilado sino de un nutrido ensayo de análisis global de lo que expresaron los hombres y mujeres que construyeron el pensamiento argentino.

Quien lea esta obra podrá tener una visión muy precisa de quiénes somos y cómo nos vemos o qué hemos dicho de nosotros mismos desde que nos constituimos para vivir en común con un mismo proyecto de futuro.

En esta nueva entrega de su quehacer académico, Barcia regresa una vez más al mismo y perenne tema de la identidad, pero lo hace de un modo completamente diferente, con un enfoque particular que se condensa a través del prisma del lenguaje. A su juego lo llamaron, porque es una avezado filólogo y pocas dudas caben de que hoy por hoy es uno de los mejores lingüistas con que cuenta el país.

En rigor y más que regresar se puede decir de un modo más acertado que la identidad en Barcia es el eje permanente de su literatura. No lo digo solamente porque esta temática sea recurrente en ella, sino porque podría decirse que él no ha hecho otra cosa en su vida que practicar el arte el darle vueltas a la identidad argentina, ese diamante de infinitas facetas.

La identidad es el eje porque toda su obra está atravesada por este signo de tantas ricas dimensiones de lo humano cono es la personalidad de una nación. La lengua es el alma del pueblo, cita el autor, y habla de muy apropiadamente de una identidad lingüística. Nada más común a una comunidad que su habla cotidiana.

Para usar una metáfora que le gustaría a Barcia, nuestro hombre es como esos asadores que cuidan la carne cual preciosa joya, le dan vueltas y están permanentemente atentos a que permanezcan vivos los deliciosos jugos que la sazonan, la prueban, le acercan o le alejan las brasas según convenga y finalmente dictaminan que está en su punto. El fruto de esa tarea se degusta con ganas y Barcia es un buen asador.

Pedro Luis Barcia se caracteriza por un saludable sentido del humor, al punto de que éste es casi como una constante en él. Menciono este rasgo de su personalidad porque en el volumen hay una vena humorística que le es inherente a la temática tratada, si bien la personalidad del autor no es indiferente a ese tratamiento. El humor de Barcia está detrás de cada párrafo del libro. El resultado no puede dejar de ser interesante, instructivo, formativo, divertido. Parafraseo a Ortega: argentinos, a las letras.

La sensibilidad de Barcia no tiene ciertamente nada de sofisticado. Promovió una fructuosa relación entre las Academia Argentina de Letras y la Academia Porteña del Lunfardo. Siendo un exquisito erudito, es genuinamente popular. Su obra lo muestra con elocuencia, y ésta es un preclaro ejemplo. En el lenguaje del pueblo Barcia sabe encontrar lo más profundo de nuestro ser.

La dedicatoria de la obra es todo un poema lírico: “A Susana, coautora de mi vida y de mi obra pues ella estuvo como el cielo, detrás de todos mis personajes”.

 

Roberto Bosca