Desde los albores de este gobierno fue casi unánime entre los observadores sostener el concepto de que la reducción drástica de la inflación y el haber mantenido inmutables sus promesas económicas de campaña eran el gran sustento político de Javier Milei, junto a la automática comparación con el kirchnerismo y sus desastres económicos, éticos y delictivos, del kirchnerismo y del massismo (Comparación esta última que el León tuvo mucho cuidado en no hacer jamás). Así lo corroboraban las distintas mediciones de popularidad, y las encuestas preelectorales y lo destacaban todos los medios.
El paso del tiempo, y sobre todo la repetición de lo que para algunos se definía como barrer basura bajo la alfombra, no sólo en el aspecto económico, obligó a cierta cautela en esa opinión. En las últimas semanas ese concepto de invulnerabilidad pareció someterse a dura prueba y tambalear.
Si bien la inflación fue domada más allá de lo imaginable -y ese éxito político se le reconoce al gobierno sin retaceos- los efectos del ajuste al barrer utilizando la licuadora y la motosierra, que ni rozó a la casta pero hizo estragos en las clases media y baja y en las pymes, sumados a los desaciertos en varias de las desregulaciones, que sirvieron para enojar a muchos pero no para corregir las injusticias de las jubilaciones sin aportes previos que sepultaron el sistema, similar a lo que ocurrió con las pensiones por discapacidad, un fraude de la clase política y de cientos de miles de ciudadanos que saquearon al Estado. (Fruto de no haber designado funcionarios con conocimiento de las áreas específicas y capacidad de gestión y comunicación).
Paralelamente, las medidas histéricas que se están tomando día a día con la tasa de interés, los encajes bancarios y sus coberturas, la absurda y tantas veces perdida lucha contra la suba del dólar, no son garantía de seriedad ni tienen nada que ver con las ideas iniciales esbozadas por el Gobierno antes y después de las elecciones. Dan la razón a quienes sostienen que no hay un plan, con todos los efectos negativos que eso tiene.
Las decisiones que afectaron a los hospitales y el virtual cese de prestaciones del PAMI y algunos otros sistemas de salud tampoco ayudaron a la idea de compararse con los gobiernos del pasado para mostrar un éxito de gestión. Algunos de estos factores pueden haber influido en la baja de la popularidad presidencial de más de 10 puntos que se conoció hace algunos días.
Los audios de Spagnuolo (falsean la verdad los que dicen que se trata de una acusación del funcionario “limitado”) ciertos o no, si bien no guardan relación con los subsidios a discapacitados, conllevan el riesgo de unificarse en la percepción popular en la síntesis de que mientras se les niega las pensiones a los discapacitados, alguien se roba la plata de sus remedios. También se ata al escándalo $Libra, que como corresponde, no tuvo, no tiene y no tendrá explicación. Este cisne negro se suma a debilitar la creencia generalizada enunciada al comienzo, porque hace peligrar la credibilidad del argumento de la honestidad del gobierno frente a la deshonestidad kirchnerista y equipara, justa o injustamente a todos los políticos en el choreo, como diría el presidente.
Felizmente para La Libertad Avanza y su Presidente, el control de daños está funcionando. El tema ha pasado a la Justicia, garantía de que dormirá allí para siempre. Cuando el sistema político pronuncia frases tales como “confiamos en la Justicia”, “la Justicia está investigando”, “si tiene pruebas que las presente en la Justicia”, “debió denunciarlo en su condición de funcionario” y similares, parece estar convencido de que la sociedad lo toma en serio, cuando la realidad es que la sociedad no cree en la justicia, por abundantes razones.
Periodistas de una radio centenaria sostienen en sus informaciones y en su sitio de YouTube, que Spagnuolo está siendo investigado por la Justicia, que acciona contra él, o titula “Spagnuolo acorralado”. Eso es simplemente falso, y contribuye a hacer pensar que lo que está en duda son las acciones y decisiones del ex titular de la ANDIS, cuando las grabaciones apuntan a otros funcionarios más encumbrados del oficialismo.
El propio Presidente, en una de sus explosiones de ira, o acaso en una velada amenaza, dijo que demandaría en la justicia a Spagnuolo por calumnias. Para lo cual tendría que probarse que los audios fueron auténticos y además fueron hechos públicos por el funcionario suspendido. O éste debería ratificar el contenido de esos audios ante el juez. No es esta la primera contradicción en el discurso oficial. Y tampoco el mandatario lo acusó de complicidad ni participación en el fraude de las farmacéuticas.
Sin embargo, toda esa discursiva confusa, incluyendo la payasesca y macondiana reunión de Diputados sirvió para diluir el tema, sembrar confusión y hacer que este tema se parezca sospechosamente en su tratamiento a la Causa de los Cuadernos, es decir que entre al minué del cajoneo y peloteo judicial.
Por supuesto que el fanatismo futbolero fomentado, que en un acto de exageración intelectual los exégetas denominan polarización ayuda a que cualquier accionar o consecuencia negativa producida en cualquier sector sea inmediatamente defendida o repudiada por el equipo contrario, según el caso. Eso hace que los temas de gravedad tiendan a volverse irrelevantes o difusos en poco tiempo.
Por caso, la pedrea contra el presidente y un par de encontronazos entre las huestes patoteras de La Libertad Avanza y las del peronismo (cuyo comienzo cada parte atribuye a la otra) han cobrado la misma trascendencia popular y periodística que la estafa de los laboratorios.
Justamente esa característica tiene el fanatismo llamado polarización: se deja de pensar. Por eso el tema de la ANDIS, que debería llamar a la reflexión y hacer que los ciudadanos exigiesen una aclaración e investigación contundente a sus propios partidos (la corrupción es siempre multipartidaria) se disuelve en una andanada de insultos, peleas, opiniones, juicios, declaraciones, comisiones investigadoras, artículos periodísticos o streamings virulentos y peleas entre legisladores y políticos.
Y por eso mismo no hay que esperar - para desilusión de algunos y alivio de otros – que este conventillerío de comadres tenga efecto alguno en los procesos electorales ni en el resultado final de los mismos. Lo máximo que puede ocurrir es que los votantes se abstengan de participar, objetivo de base de todos quienes fomentan la polarización. De modo que hay que seguir esperando pedreas, peleas y dialéctica bélica. Lo importante es que la discusión jamás sea civilizada y de ideas.
Este caso sirve también de advertencia para que nadie se apresure a sostener o a creer que el país ha cambiado merced a la gestión de alguien. El país sigue siendo el mismo. La sociedad también. El cambio no será obra de un gobierno. Las declaraciones de ayer de algunos de los presidentes de cámaras empresarias tras el almuerzo del CICyP con el presidente muestran que nada cambió.
Las palabras son las mismas, siempre. Las prácticas son las mismas, siempre. La corrupción es la misma, siempre. Los cuadernos son los mismos. Los encuadernados también. Un gran teatro cuyo protagonista es la casta, con todos sus seudónimos.