Frente al avance del poder global apátrida, inmanente, tecnocrático, multiculturalista, egolátrico, mentiroso y disolvente que arremete implacable por dentro y por fuera contra nuestro estilo de vida, levantamos la bandera azul celeste y blanca, enseña dónde se cobija el ser nacional argentino (católico, hispano, criollo y gaucho), destello de virtudes encarnadas en los arquetipos que han vivido y muerto dignamente por el bien común completo de la comunidad política.
Bajo un sentido metafísico de la vida, brindaremos unas reflexiones en torno a las definiciones de patria, nación y patriotismo, como remedios para los argentinos que aún no se rinden, porque sostienen como el poeta Leopoldo Marechal: “Yo siempre fui un patriota de la tierra y un patriota del cielo”.
PATRIA
Patria es el largo e intergeneracional resultado de la concreción de nuestra naturaleza gregaria la cual tiende naturalmente a la convivencia. En otras palabras, de estos grupos humanos enlazados por el tiempo, la tierra, la sangre, la lengua, la fe, los usos y costumbres, es decir, por medio de una cultura y una tradición, nacen las patrias.
La palabra patria, de acuerdo a su origen latino: terra patris, refiere a la tierra de los padres, como espacio físico y metafísico, análogamente a la persona humana, es una unidad de cuerpo: territorio, recursos naturales y bienestar materiales; y alma espiritual: cultura y su ethos -identidad- nacido de una religión fundante -en nuestro caso, la católica- y manifestada en su cosmovisión, escala de valores y encarnada en sus arquetipos quienes responden con sus vidas admirables y ejemplares a la consigna agustiniana de “si quieres conocer a un pueblo, pregúntale qué es lo que ama”.
Supo definir muy bien a la patria, el poeta Leopoldo Díaz cuando dejó escrito que: “Patria es la tierra donde se ha sufrido, Patria es la tierra donde se ha soñado, Patria es la tierra donde se ha luchado, Patria es la tierra donde se ha nacido.”
La patria es una realidad. No somos frutos del azar o del acaso. No caímos por acción accidental de la cigüeña y no salimos de un repollo. Nacimos aquí por algo. Con un propósito. Como afirmaba José María Pemán en su Elegía a la Tradición de España: “Yo no soy flor nacida para todos los vientos ni camino perdido para todos los pasos: yo no soy pluma suelta de destinos y acasos arrojada a los aires, cual despojo maldito. Yo he nacido a la sombra de un mandato infinito, de un misterio fecundo donde, en letras de estrellas, mi sendero está escrito ... ¡Yo he venido a la vida con un nombre bendito! ¡Yo no soy hospiciano de las patrias del mundo! Tengo nombre, y recuerdos, y linaje, y pasado; tengo un eco de siglos conocido y amado que acompaña mis pasos y responde a mi voz … ¡Yo soy flor en las flores de un jardín bien nombrado y mi tierra era tierra bendecida de Dios!”
Por ello, con la patria no se negocia. Porque no es un objeto de compra y venta, tampoco de canje, menos de intercambio. Tampoco es una ficción, una utopía ni una imposición arbitraria. Es mi más ni menos que un don. Un don de Dios que recibimos para guardar y trabajar, es decir, para hacerla dar fruto y en abundancia, cada uno desde su lugar pero mirando hacia un mismo fin trascendente que los clásicos han llamado siempre bien común, esto es, la felicidad de vivir en una comunidad en orden, justicia y paz, como antesala de la plenitud celestial.
NACION
Mientras que podemos observar que la patria es patrimonio, es herencia de una generación a otra, de ahí que sea sinónimo de tradición, la nación como continuidad hace referencia a los herederos. Su etimología proviene del latín “natus” que significa nacimiento, nacido, hijo. Los hijos de nuestros padres son los que tenemos el deber y el compromiso inclaudicable de seguir trabajando para guardar, proteger y acrecentar lo heredado material y espiritualmente, sabiendo que del modo en que hemos usado el tiempo seremos juzgados por nuestros hijos y por el Divino Juez.
Por ello, la nación nos habla de la continuidad de la patria, como unidad y continuidad entre el pasado, el presente y el futuro. Como amalgama entre lo temporal y lo espiritual. Es la patria siendo a lo largo del tiempo. Son los padres trascendiendo a través de sus hijos. En fin, una unidad de destino en lo universal, siguiendo la sentencia joseantoniana.
Sirvan para iluminar lo que decimos, aquellos versos de Francisco Luis Bernárdez: “Dios la fundó sobre la tierra para que hubiera menos hambre y menos frío. Dios la fundó sobre la tierra para que fuera soportable su castigo. Desde aquel día es para el hombre desamparado como el árbol del camino. Porque da frutos como el árbol y como el árbol tiene sombra y tiene nidos. Manos de amor la hicieron grande como sus cielos, sus montañas y sus ríos. Como el candor de sus rebaños y la virtud de sus trigales infinitos. Manos seguras en el día de la victoria y en la noche del vencido. Tanto en el puño de la espada como en la mano y en el hombro del amigo. Podemos dar gracias al cielo por la belleza y el honor de su destino. Y por la dicha interminable de haber nacido en el lugar donde nacimos. (…) La patria vive dulcemente de las raíces enterradas en el tiempo. Somos un ser indisoluble con el pasado, como el alma con el cuerpo. Como la flor con el perfume, como las llamas y la luz con el incendio. Como la madre con el hijo que tiene en los brazos, como el grito con el eco. Mucho dolor fue necesario para sembrar lo que cantando recogemos. Nuestra nobleza está fundada con la firmeza del amor en todo aquello. Como la roca en la montaña, como la dicha de la casa en los cimientos. Como la piel en nuestra carne, como la carne dolorosa en nuestros huesos. Seres borrados por los siglos están velando por nosotros desde lejos. Cuando florecen los linares, sus ojos claros nos contemplan en silencio. Dios la fundó sobre la tierra para que hubiera menos llanto y menos luto. Dios la fundó para que fuera como un inmenso corazón en este mundo. Mano sin taza para el pobre, puerta sin llave, pan sin fin, sol sin crepúsculo. Dulce regazo para el triste, calor de hogar para el errante y el desnudo. La caridad es quien inspira su vocación de manantial y de refugio. En las tinieblas de la historia la Cruz del Sur le dicta el rumbo más seguro. Ninguna fuerza de la tierra podrá torcer este designio y este rumbo. Por algo hay cielo en la bandera y un gesto noble y fraternal en el escudo. ¡Gracias, Señor, por este pueblo de manos limpias, frentes altas y ojos puros! ¡Gracias, Señor, por esta tierra de bendición y porque somos hijos suyos!”
SOMOS DEUDORES
Así lo enseñaba el Santo Doctor Tomás de Aquino, quien en la Suma Teológica explicaba que: “El hombre se hace deudor de otros de diversas maneras, según la diversa excelencia de ellos, y según los diversos beneficios de ellos recibidos. En uno y otro aspecto el sumo lugar lo tiene Dios, porque es excelentísimo, y porque es nuestro primer principio en el ser y en nuestro gobierno. Nuestro principio secundario en el ser y en el gobierno son los padres y la patria, de los cuales y en la cual hemos nacido y nutridos. Por lo cual, así como a la religión pertenece llevar a cabo el culto a Dios, así, en segundo grado, pertenece a la piedad llevar a cabo el culto a los padres y a la patria. En el culto de los padres se incluye el culto a todos los consanguíneos: porque los consanguíneos llevan ese nombre porque provienen de los mismos padres (antepasados), como resulta del Filósofo (Aristóteles), en el libro VIII de la Ética. En el culto de la patria se comprende el culto de los conciudadanos y el de todos los amigos de la patria” («S. Teol.», 22, q.101, a.1 c).
Ante Dios, ante nuestros padres y bienhechores, ante nuestra patria, somos deudores. Y como se nos dio tanto, al ocaso de la vida se nos pedirá otro tanto. No podemos permanecer indiferentes, porque: “Ni Dios, ni la Patria ni la Familia, son bienes que se eligen. Pertenecemos a ellos y debemos servirlos con fidelidad hasta la muerte. Desertar, olvidarlos o volverse en contra, es traición, el mayor de los crímenes", enseñaba el maestro de combatientes y mártir católico Jordán Bruno Genta.
¿Y cómo podemos corresponder a tanto bien recibido? Con el ejercicio de la virtud del patriotismo.
PATRIOTISMO
¿Qué es una virtud? Es un hábito operativo bueno. Es decir, un hábito que nos conduce a pensar y obrar el bien sistemáticamente. La virtud ordena hacia el bien y la verdad, dignificando al ser humano. Lo contrario a la virtud es el vicio, hábito operativo malo, que desordena, en tanto y en cuanto aleja de la verdad y del bien, degradando su integridad y dignidad.
¿Qué clase de virtud es el patriotismo? El patriotismo es una virtud que tiene su origen en la pietas o piedad, comprendida como un derivado de la justicia, aquella virtud cardinal que dispone a dar a cada uno lo que es debido. En este caso, el patriotismo conduce a darle a la patria lo que le corresponde: “Para la patria todo lo que la patria pide: Que la alegría no entra en componendas y el honor no se mide. Para ella la nieve arrebatada y el aura del jardín. Y la herida y el canto y el clavel y el clarín”, declamaba Ignacio Braulio Anzoátegui en su Oda a San Martín.
Al mismo tiempo, toda virtud -enseñaban Aristóteles y Santo Tomás de Aquino- constituye el justo medio entre dos extremos viciosos: uno por defecto y otro por exceso. Lo mismo acaece con el patriotismo. Siguiendo al Padre Leonardo Castellani, distinguimos cinco tipos de patriotismo: instintivo, vicioso, anulado, virtuoso primero, y virtuoso segundo. Veamos cada uno de ellos citando la sabiduría castellaniana:
1) Patriotismo instintivo: “Es el núcleo o raíz de todos los otros, es el apego a las imágenes que nos son familiares y que han teñido desde la infancia nuestra vida afectiva; el cual en los animales se llama querencia, engendra la añoranza y es natural en el hombre si algotro no lo impide: es natural, no es bueno o malo, según se ordene o no se ordene por la razón. Los instintos son premorales.”
2) Patriotismo vicioso (por exceso): “No ordenado por la razón, este apego natural se vuelve vicioso; deviene esa infatuación (satisfacción excesiva y ridícula que uno tiene de sí mismos) un poco ridícula por la cual el patriotismo exalta su país en forma vana por encima de todo, para despreciar a los demás países y tenerse él mismo por una gran cosa por el mérito de haber nacido casualmente en tal lugar de la tierra y no en otro; y otras macanas por el estilo que pueden degenerar en la idolatría del ultra-nacionalismo”.
3) Patriotismo nulo (por defecto): Así como puede ser exagerado, el patriotismo instintivo puede ser cohibido o inhibido por una pasión contraria, que es lo que pasa con estos comunistas y socialistas. Soy “ciudadano del mundo”, dice Álvaro Yunque y otros muchos; si los embarcan a todos en un carguero y los descargaran en la isla de Sumatra -la cual pertenece al mundo- al poco tiempo la mayoría tendrá una añoranza o morriña (tristeza, melancolía, especialmente nostalgia de la tierra natal) mortal de los cafés de la calle Corrientes, el castellano les parecería la lengua más hermosa del mundo, y se pondrían a llorar si vieran un trapo azul y blanco.”
4) Patriotismo virtuoso primero: El patriotismo es virtud cuando ese apego natural a lo propio entra en el ámbito de la razón. Y es una virtud moral perteneciente al cuarto mandamiento cuando se ama a la patria por ser "patria" o "paterna".
5) Patriotismo virtuoso segundo o heroico: Es una virtud teológica que ingresa en el primer mandamiento cuando además se ama a la patria por ser cosa de Dios.
Así, siempre se puede amar a la patria, por fea, sucia y enferma que ande; y así amó Cristo a su nación que era "una cosa de Dios" literalmente y por propia culpa estaba por dejar de serlo; de modo que su amor era compasión; y así la obra de su amor fue conminación y consejo, antes que fuera demasiado tarde (...) Y lloró sobre ella.
PATRIOTISMO CRUCIFICADO
Este es el amor que nos pide nuestra patria, hoy más que nunca. Un patriotismo crucificado. Parafraseando a José Antonio Primo de Rivera: “Nosotros amamos a la patria porque no nos gusta. Los que aman a su patria porque les gusta la aman con una voluntad de contacto, la aman física, sensualmente. Nosotros la amamos con una voluntad de perfección. Nosotros no amamos a esta ruina, a esta decadencia de nuestra patria física de ahora. Nosotros amamos a la eterna e inconmovible metafísica de la patria”. Más aún “los que tenemos el consuelo de saber que la patria es un ensayo de esperanza y de cielo”, este patriotismo debe definirnos y diferenciarnos del resto. El desafío está abierto. Es tiempo de valientes.