Por Pablo De Vita*
En Las voces del silencio, Andre Malraux nos enseña el arte no es un adorno bonito ni un mero reflejo de la historia, sino que el arte constituye la herramienta fundamental de la humanidad contra la muerte, el olvido y el absurdo del destino. Así las creaciones permanecen como un testimonio del espíritu humano.
Eso recordamos cuando se cumplen 40 años de la muerte de Borges y 10 de la de Adolfo García Videla, quien retrató al genial escritor en Los paseos con Borges. Emergen de las sombras de una Buenos Aires que asimismo explica a Borges y que Borges reconstruye desde su ceguera con enorme precisión. Por otro lado, vemos a esa Buenos Aires también como un registro histórico porque es el personaje que ha mutado en muchos de sus ambientes hoy pero que García Videla retrata desde la perspectiva casi atemporal que le asigna Borges en su recorrido. Así uno puede encontrar a este film sumido en las “alegorías territoriales” que son fundamentales en su literatura y también en la relación de Borges con el cine.
El acto desarrollado por iniciativa de la Embajada de México en la Argentina junto con la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y la Biblioteca Nacional, en cuyo auditorio se proyectó el documental, permiten desmontar también el mito de un rodaje que comenzó a posteriori de la muerte de Leonor Acevedo, la madre de Borges, acecido el 8 de Julio de 1975. Cierto es que la misma se encontraba muy enferma cuando comienza la filmación, el 1 de Mayo de 1975, y a la cual Borges accede también como modo de paliar esa angustia ante lo inexorable.
ENAMORADO DEL CINE
Adolfo García Videla nació en nuestro país en 1932, se inició como actor en 1948 (Instituto de Arte Moderno, Nuevo Teatro y Teatro Buenos Aires), se enamoró del cine a los 18 años y fue asistente de dirección de más de 30 largometrajes además de profesor de la Escuela del Instituto Nacional de Cinematografía.
Su pasión por el cine documental también lo llevó a Alemania, Perú, Brasil y Bolivia. Fue cofundador de la Asociación Argentina de Realizadores de Cortometraje y Cine Experimental, integró la Fundación Cinemateca Argentina y en 1965 colaboró con Taita Cristo, dirigida por Guillermo Fernández Jurado y rodada en Perú.
En 1966 retornaría a ese país para dirigir a la diva del cine erótico Libertad Leblanc en La Venus Maldita en coproducción entre Argentina y México y postproducida en Laboratorios México; en 1967 junto a Luisa Valenzuela ganó el Premio del Instituto Nacional de Cinematografía por el guion basado en su novela Hay que sonreír, escrito en colaboración entre ambos.
Mientras realizaba documentales de corte social en el interior del país como Tinkunako, que consigue filmar en La Rioja y exhibir gracias a la ayuda de Monseñor Angelelli. “Completamos el guion y lo presentamos a ultimísimo momento y nos sacamos el tercer premio, que era muy honroso, y era la filmación de la película que iba a tener el título original de la historia: Clara, cuerpo cabeza”, destacó en la presentación la gran escritora Luisa Valenzuela, para señalar que los actores del proyecto eran Federico Luppi y Virginia Lago pero que en 1968 el Ente de Calificación Cinematográfica de la dictadura de Onganía prohibió el guion.
“Borges circulaba por casa, era muy amigo de mi madre (Luisa Mercedes Levinson) cuando yo era muy joven, y de hecho escribieron un cuento en colaboración La hermana de Eloísa, y lo conocíamos bien, entonces Micky comenzó conociéndolo en mi casa”, añadía sobre el primer encuentro entre Micky Videla y Borges, antes del proyecto del documental.
En rigor, Los paseos con Borges nace de la oportunidad de haber obtenido un crédito para comprar película virgen en los Laboratorios Alex. Pero con el clima político cada vez más enrarecido, Carlos Orgambide le acerca a García Videla la idea de filmar a Borges como comienzo de una serie dedicada a personajes de la historia cultural argentina.
Las filmaciones con Borges fueron realizadas por cuatro camarógrafos y fueron sacadas del país de manera clandestina a finales de 1975 y al año siguiente en México -con apoyo de la industria local y de los exiliados- se realizó el montaje definitivo y se grabó la locución (de la que participaron la propia María Kodama y el poeta mexicano Eduardo El Tigre Lizalde).
Al momento del exilio, García Videla tenía concretado el 70% del rodaje y Carlos Orgambide completó el resto. Exhibida en los festivales de Biarritz, Murcia, Barcelona y en la Cinemateca Francesa, permaneció inédita en la Argentina hasta 1984, año de su primer regreso al país luego de ocho años en el exilio.
BORGES AND ME
Como pocos, y sin dudas en la cultura argentina el exponente más importante, Borges se involucró con el cine desde todos los horizontes posibles: fue crítico de cine, guionista, argumentista, cita de grandes cineastas, personaje entrevistado en el documental, actor ocasional y personaje recreado por la ficción hasta hoy.
Incluso el próximo 41º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ha anunciado su film de clausura titulado, dirigido por Marc Turtletaub basado en las memorias de Jay Parini, donde volverá como personaje.
Borges y García Videla se reencontrarían en México en 1981, pero para Micky Videla que acompañó a Borges por las calles de Buenos Aires, Los paseos con Borges fueron el refugio creativo ante el horror político y para Borges un escape hacia lo bello de la memoria. Como pocos, este trabajo testimonia que el cine documental tiene el poder de rescatar la belleza y la profundidad intelectual y en este caso, los laberintos mentales de Jorge Luis Borges, cuyo genio –desde luego- nunca terminará de deslumbrarnos.
* El autor es crítico de cine, profesor universitario y periodista cultural. Es Académico de número de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y presentó junto a Luisa Valenzuela ‘Los paseos con Borgesp en la Biblioteca Nacional el pasado 25 de Septiembre.
