Opinión
Siete días de política

Paro de docentes bonaerenses: primer acto de la campaña ‘K’

La ofensiva gubernamental contra Scioli es el primer paso para sacar de carrera al dirigente con más chances de poner fin al largo imperio kirchnerista y quedarse con el aparato electoral del PJ.

Con el doble discurso que es ya una marca registrada, el kirchnerismo denunció judicialmente a dirigentes opositores por haber comenzado prematuramente la campaña electoral, al mismo tiempo que iniciaba la propia asfixiando financieramente a Daniel Scioli.

Producto de esa asfixia, la huelga de los docentes bonaerenses que responden a la Casa Rosada encubrió apenas bajo el barniz de un reclamo salarial el intento de eliminarlo como sucesor de la presidenta Cristina Fernández, porque es el dirigente con más alta intención de voto y también el que garantiza por su condición de peronista la completa extinción del kirchnerismo después de 2015.

La manera de terminar con Scioli es quitarle recursos para la campaña y someterlo electoralmente. No hay un plan para ‘incendiarle’ la Provincia, sino para exhibirlo como un administrador inepto y emascularlo políticamente.

La Presidenta quiere hacer las listas de candidatos y no aceptará ningún desafío dentro del peronismo. Si el gobernador soñó alguna vez que sería el sucesor ungido por los Kirchner, la experiencia le está demostrando lo contrario. 

También que es imposible evitar la confrontación y esperar que el ‘cristinismo’ se extinga mansamente después de que las urnas en octubre vuelvan inviable la ‘rerre’.

Comprobó, asimismo, en los últimos días que no hay lugar para los tibios. Según fuentes coincidentes, Scioli acordó en secreto apoyar la candidatura de Francisco de Narváez que es el candidato mejor posicionado para competir con el oficialismo.

La respuesta del Gobierno no se hizo esperar. Le cortó la ayuda financiera que distribuye directamente entre los intendentes y a estos los obligó a alejarse del gobernador bajo pena de no recibir un centavo más. Le echó los sindicatos encima y le recuerda todos los días con algún vocero de cuarta fila (verbigracia, una Conti o un
‘chino’ Navarro) que debe someterse dócilmente al ‘diktat’ de la señora. Scioli esquiva los cascotazos, pero no rompe, ni parece que vaya a hacerlo.

De todas maneras no es el gobernador bonaerense el más peligroso enemigo de la Presidenta. Ese rol lo tiene la economía. Las encuestas muestran que tiene un piso imperforable de apoyo del 30%. Se trata en su gran mayoría de los sectores más pobres en los que priman los subsidios y el clientelismo.

A ese grupo debe sumar unos 10 puntos de clase media para hacer una elección que le permita mantener la gobernabilidad a buen recaudo. Y esos 10 puntos dependen de la marcha de la economía que se
complicó por la inestabilidad y la caída de la actividad.

¿Qué hará al respecto? Nada nuevo. No devaluará ni reducirá el nivel de gasto y emisión. Destruido el tipo de cambio como ‘ancla’ (el dólar paralelo anda ya por los 8,50), intenta usar los salarios para frenar la suba de precios, pero nada permite suponer que lo logrará. 

Antes de octubre, sin embargo, parece improbable que las variables macro se salgan de control y seguirá jugando al quedo. Hace en economía lo que Scioli pretende hacer en política: la plancha.

Bajo estas circunstancias el único adversario potencialmente peligroso es Scioli, porque la oposición no peronista sigue dispersa lo que garantiza que no habrá polarización, unico temor real de la Casa Rosada. De allí que el Gobierno quiera obligarlo a jugarse y, si no lo hace, a desgastarlo todo lo posible. Los restantes opositores representan un riesgo menor por su dispersión.

Mauricio Macri ya entendió que De Narváez jugará con Scioli y abandonó cualquier idea de una alianza como la de 2009. Otro tanto puede decirse de Sergio Massa respecto de Scioli. El intendente de Tigre cree que el gobernador
lo estuvo usando en provecho propio. De todas formas no parece proclive a llegar a un entendimiento con los ‘K’, pero tal vez sí con Macri.

La ‘izquierda’, por su parte, reincide en su costumbre de atomizarse. Los radicales quieren unirse al FAP, pero nada asegura que lo conseguirán. ‘Pino’ Solanas quiere cerrar un acuerdo con Carrió, pero otros sectores de la izquierda lo rechazan. Todos, en suma, le hacen el juego al Gobierno y por esa vía fortalecen la imagen de
Scioli como única alternativa viable al kirchnerismo.

Por eso es el primer blanco de la Casa Rosada que, si lo elimina, sólo tendrá delante a un Macri que -como Scioli- tiene como estrategia principal pasar lo más inadvertido posible hasta dentro de dos años.