Parado firme frente al atril en el Foro Económico Mundial que cada año se organiza en Davos, Suiza, el presidente Javier Milei llevó adelante un discurso conceptual destinado a defender los valores esenciales del sistema capitalista.
Ante los que reconocen la eficiencia del capitalismo pero le cuestionan el costado moral, el mandatario encadenó una serie de ideas y, como quien prueba una hipótesis, arribó a una conclusión contundente: “El sistema capitalista de libre comercio es justo”.
Ese es el faro y hacia allá navega este barco maltrecho llamado Argentina. No está solo. Lo hace en un contexto global adonde se han puesto en juego un puñado de principios y valores que redefinen estrategias y alineamientos. Milei no duda, tiene a Donald Trump como referente.
En media hora de disertación el jefe de Estado hilvanó conceptos varios. Algunos de carácter político pero también los hubo económicos, históricos y religiosos. Para entender qué se esconde entre los pliegues de este discurso es necesario recurrir al análisis de los especialistas.
“El presidente está en un plan desde hace tiempo, desde que comenzó su carrera política, de hacer un aporte conceptual. Está convencido, y está teniendo éxito porque tiene impacto su discurso, que hace falta dar una discusión económica total y absoluta sobre los fundamentos con los que se gobiernan los países en todo el mundo. Cuando él habla de batalla cultural eso tiene varios elementos pero el más importante de todos es el económico”, explica el politólogo Julio Burdman.
-¿Está lanzado a justificar la moral del capitalismo?
-Sí, totalmente, pero cada vez va más lejos en su argumentación. Esta vez fue más elaborado su planteo con respecto a otras oportunidades. Va cada vez más hacia un lugar anarcocapitalista.
-Así se presentaba políticamente cuando era un economista que recién aparecía en los medios, antes de volcarse a la actividad política.
-El decía soy anarcocapitalista en el largo plazo pero minarquista en el corto plazo. Lo que estaba diciendo era: en un futuro ideal hay que ir a un mundo en el cual el capitalismo sea total y absoluto; la libertad económica sea total y absoluta; donde la desregulación sea fuerte. Pero en el corto plazo soy minarquista, es decir el que busca el menor Estado posible de acuerdo a las posibilidades. Se pone cada vez más ambicioso en su planteo. Como si afirmara: tenemos que ir a que la desregulación y la motosierra sean metas de fondo de la gestión.
-El paralelismo puede ser forzado: Trotsky hablaba de la revolución permanente. ¿Sería algo parecido, una eterna dinámica de cambio?
-No querría ponerlo en ese lugar a Milei, pero puede ser. La idea de que esto no termina nunca está presente porque en el fondo, para Milei, las políticas públicas llevan hacia el socialismo. Pensar políticamente lo público es eso. Por eso comenzó diciendo ‘Maquiavelo ha muerto’, una frase muy amplia. En conclusión, lo que hizo en Davos fue un despliegue aún más profundo de su planteo liberal. Pero con el agregado, que eso es Milei, donde para él esto es ciencia económica. Para los liberales que Milei siempre cita, finalmente el liberalismo es una postura política que nunca termina de ser una realidad alcanzable. La diferencia entre Milei y el famoso Alberto Benegas Lynch, que cita siempre, es que Milei cree que esto es un programa político que se puede concretar. Está convencido de que va a demostrarle al mundo que esto es posible.
-En este foro globalista, ¿el discurso de Milei es una pieza extraña?
-Uno puede preguntarse porqué lo siguen invitando, porque él va a criticarlos. Pero, al mismo tiempo, Milei hace su contribución. En realidad en las últimas sesiones del Foro de Davos los discursos más fuertes son aquellos que van a criticar al mismo Foro. De hecho, los de Milei y Trump son los que tienen más reproducciones en redes sociales. Al mismo tiempo ese espacio se ha transformado en una tribuna de lujo. Hoy son más esperados los discursos en Davos que en la asamblea de Naciones Unidas o en el G-7.

-¿Cómo analiza el componente religioso del discurso?
-Habló de Moisés y de Jenofonte. Creo que Milei busca meter a Viena en la triada del pensamiento occidental. Siempre se decía que Atenas, Roma y Jerusalem representan la triada occidental. Por esto de la economía austríaca busca incorporar a Viena. Es un punto interesante. Milei no dice: ‘Esto que yo planteo es un valor universal’. Dice que son los valores de Occidente. Pero también dice que los valores de Occidente deberían primar en todo el mundo. La pregunta es si es posible lograrlo. Una innovación de Milei con respecto a toda la izquierda latinoamericana es que para él nosotros somos Occidente, no una cosa aparte como planteaban esas fuerzas. Como si fuéramos una civilización distinta con fuertes componentes amerindios. Para Milei somos la vanguardia de Occidente. Esto en el contexto del trumpismo.
TRUMPISMO
-Todo esto se engarza en un contexto mundial definido. ¿Hay una pulseada de valores a partir de las políticas que impulsa Donald Trump?
-Sí. En la última estrategia nacional de los Estados Unidos, de noviembre del año pasado, dice en algún párrafo controversial que Europa corre riesgo de no formar más parte de Occidente. Esto por la avanzada de otras culturas y su llegada al poder. En ese marco Milei, desde Argentina, plantea que podemos ser vanguardia de los valores de Occidente. Y también eso no es algo menor en un contexto en el cual Estados Unidos está planteando una visión hemisférica como el área principal de acción. Lo que propone Milei es defendamos a nuestro continente americano como vanguardia occidental. En el fondo plantea una confrontación cultural con esas visiones latinoamericanistas como algo distinto.
-¿En la política de Trump hay un resurgir de los nacionalismos en detrimento de las políticas de bloque trabajadas durante tantos años?
-Hay un resurgir del nacionalismo pero también el trumpismo es una suerte de occidentalismo. Trump obviamente siempre pone el interés de los Estados Unidos como prioridad pero él entiende que puede haber trumpistas en otras partes del mundo. Por eso dice que Milei también es MAGA (Make America Great Again), y también lo ha dicho de otros. En el fondo lo que Trump plantea no es estrictamente el nacionalismo de la primera mitad del Siglo XX, que consideraba que la razón última era la protección del territorio dentro de los límites del Estado. Trump es una suerte de occidentalista pero que cree que Estados Unidos es la cuna de este movimiento y no tiene la pretensión de exportar esto a todo el planeta. Trump no se plantea que Occidente llegue al mundo árabe como tal vez lo hacían los demócratas cuando gobernaban. Para él Occidente es Estados Unidos y aquellos países que se sumen a su club.
LUNA DE MIEL
-El presidente pasó por el festival folklórico de Jesús María y cantó con el Chaqueño Palavecino. El campo lo celebra cada vez que aparece. ¿Disfruta todavía de esta segunda luna de miel tras las elecciones legislativas? ¿Cuánto se puede prolongar esto?
-Sí. En las elecciones y en las mediciones que hacemos en nuestra consultora sobre niveles de popularidad Milei sigue siendo alguien que está apoyado por la mitad de la población en la Argentina. Punto más o punto menos, depende del mes. Media Argentina está con Milei. Además, y por eso lo vimos tan triunfante en Davos, hoy en la Argentina no hay discursos alternativos con capacidad de ser populares. Milei ya ganó una batalla ideológica en la Argentina porque el principal antagonista ideológico es el kirchnerismo, que hoy está muy menguado en su capacidad de discutir con el presidente. Por eso muchos peronistas prefieren retirarse de la discusión. Obviamente no el ala izquierda del kirchnerismo, que sigue dando el debate. Muchos peronistas piensan que Milei demostró tener razón en muchos temas.
-Hay un repliegue a cuarteles de invierno.
-Está replegado el peronismo en los territorios. Para muchos peronistas el horizonte es ganar las elecciones provinciales o locales pero no necesariamente disputar con Milei qué es lo que hay que hacer con el país. Esto también implica que Milei está un poco solo en la discusión nacional. En la Argentina hay otros actores, gobernadores, intendentes, actores sociales, pero cada uno de ellos está confinado a sus respectivas jurisdicciones. En la discusión nacional Milei está prácticamente solo y eso quiere decir que no va a tener contendientes. Va a dejar de estar solo una vez que haya alguien en condiciones de discutir qué es lo que hay que hacer con la Argentina. Mientras eso no esté, mientras siga solo, eso implica que el apoyo a Milei va a ser alto. Los líderes políticos caen realmente cuando su apoyo es capturado por alguien más. Eso no está en la Argentina de hoy.
-¿Qué pasa con el medio país que no lo apoya?
-La otra media Argentina está fragmentada y eso nos puede llevar a un escenario parecido al 2011. Media Argentina estaba con Cristina Kirchner y la otra mitad estaba partida entre opciones de centroizquierda, la centroderecha y otros. Aquella elección fue eso.
LAS REFORMAS
-En febrero habrá sesiones extraordinarias en el Congreso para abordar un tema fuerte como la reforma laboral. ¿Qué puede ocurrir?
-El Gobierno tiene las condiciones para lograrla. El verdadero dique de contención para la reforma laboral, que se viene intentando desde Alfonsín en adelante, siempre fue el Senado peronista. Y ese dique ya no está. Hoy el peronismo en el Senado es fuerte pero no está en condiciones de frenar una reforma. Justamente esta es una de las razones por las cuales Patricia Bullrich quería ese lugar, para poder lograr lo que ella viene buscando desde hace décadas. Busca la reforma laboral desde que era ministra de Trabajo en el gobierno de De la Rúa. Lo que más motiva programáticamente a Bullrich es lograr la media sanción en el Senado.
-¿Cómo opera el sindicalismo en este tema?
-Hay que ver cuáles son los componentes de la reforma del sindicalismo dentro del paquete de la reforma laboral. Lo que estamos viendo por ahora tiene más que ver con la relación laboral y el contrato de trabajo que con el rol del sindicalismo. Aparentemente en los temas vinculados al funcionamiento de las asociaciones sindicales y de las obras sociales sindicales todavía el Gobierno no quiere ir a fondo.
-¿Podría haber una reacción si tocan esos intereses?
-Pienso que sí. En el fondo ese puede ser el tema más complejo. No necesariamente porque los sindicatos tengan mucha capacidad de fuego en el Congreso o en la calle, pero sí son importantes en muchas áreas y tal vez el Gobierno no los quiera tener de frente, al menos en esta etapa. Hoy se busca más la reforma del contrato de trabajo que del sindicalismo como fuerza política. Además, un secreto a voces en la Argentina es que muchos sindicalistas están de acuerdo con la reforma laboral desde hace tiempo. Con lo que no están de acuerdo es con la reforma de los sindicatos.
-Era un clásico que diciembre fuera un mes caliente con protestas sociales. El Gobierno logró desactivar eso. ¿Cuál es la causa? ¿Es sólo ayuda económica o hay otro tipo de trabajo político?
-Pienso que son las dos cosas. Los dirigentes explosivos han quedado atrás hace rato. Ya van varios diciembre que no son tan problemáticos en la Argentina. Fueron siempre un punto de encuentro entre condiciones explosivas y actores explosivas. Hoy no tenemos ninguna de las dos cosas. Las condiciones están relativamente controladas. Uno de los éxitos de este gobierno es haber puesto en caja los mecanismos de la protesta social.