Los resultados de PISA 2025 volvieron a encender las alarmas sobre la calidad educativa en América Latina: tres de cada cuatro estudiantes de la región no alcanzan los aprendizajes mínimos esperados en Matemática y los países latinoamericanos continúan muy alejados de los promedios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
El diagnóstico fue analizado por autoridades educativas, organismos internacionales y referentes de la sociedad civil durante el Lanzamiento Regional de Resultados PISA 2025, organizado por Argentinos por la Educación y la Fundación Varkey. El encuentro reunió a especialistas de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y Paraguay.
La conclusión compartida fue que la región enfrenta una profunda crisis en los aprendizajes fundamentales de Matemática, Lectura y Ciencias, y que revertirla demandará políticas sostenidas en el tiempo, capaces de superar los cambios de gobierno.
La prueba PISA 2025 contó con la participación de 91 países y economías, entre ellos 13 latinoamericanos: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, México, Paraguay, Perú, República Dominicana y Uruguay.
Los resultados muestran una marcada distancia entre América Latina y los países desarrollados. En Matemática, el porcentaje de alumnos que no llegó al nivel 2 -considerado el piso de conocimientos necesarios- osciló entre el 57% y el 92% según el país. El promedio de la OCDE fue del 35%.
La situación también resulta preocupante en las otras disciplinas. En Lectura, entre el 38% y el 83% de los estudiantes latinoamericanos quedó por debajo de los aprendizajes mínimos, frente al 31% de la OCDE. En Ciencias, la proporción fluctuó entre el 36% y el 79%, mientras que entre los países de la organización internacional fue del 26%.
A esa dificultad se suma otro dato: la presencia de alumnos latinoamericanos en los niveles de excelencia —5 y 6— fue prácticamente nula en las tres áreas.
En Matemática, Uruguay encabezó el ranking regional con 405 puntos, seguido por Chile, con 403, y México, con 388. Sin embargo, todos permanecieron lejos del promedio de 463 puntos de la OCDE. En el extremo inferior quedaron Paraguay y Guatemala, ambos con 334 puntos, y República Dominicana, con 339.
Tampoco hubo señales alentadoras en Lectura. Chile obtuvo 436 puntos; Uruguay, 423; y Costa Rica, 416, frente a una media de 461 de la OCDE. Guatemala, con 337; República Dominicana, con 346; y Paraguay, con 352, registraron los desempeños más bajos de América Latina.
En Ciencias, el área principal de evaluación en esta edición, Uruguay lideró con 445 puntos, seguido por Chile (442) y Costa Rica (424). El promedio de la OCDE alcanzó los 482 puntos. En la parte baja quedaron Guatemala (351), Paraguay (355) y República Dominicana (361).
La comparación con PISA 2022 agregó motivos de preocupación. Ningún país latinoamericano consiguió una mejora estadísticamente significativa en Lectura ni en Matemática. En esta última disciplina, cinco países incluso retrocedieron.
Ciencias mostró un panorama algo diferente. Costa Rica mejoró 13 puntos, El Salvador avanzó 12 y Uruguay, nueve. En sentido contrario, Guatemala perdió 22 puntos, mientras que Argentina y Paraguay retrocedieron 13 cada uno.
Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, destacó que las condiciones socioeconómicas adversas no necesariamente condenan a los estudiantes a obtener malos resultados. “Las desventajas sociales no tienen por qué definir el destino educativo de los estudiantes”, sostuvo, y remarcó que algunos sistemas consiguieron progresos pese a partir de escenarios complejos.
Schleicher también puso el foco sobre las razones detrás del deterioro. Advirtió que la tendencia negativa había comenzado antes de la pandemia y continuó posteriormente, por lo que consideró que el Covid-19 no resulta suficiente para explicar lo ocurrido.
En ese contexto, planteó como uno de los factores a estudiar el impacto de los dispositivos digitales sobre la concentración en las aulas. Según indicó, en países como Argentina y Uruguay una parte importante de los estudiantes afirma tener dificultades para concentrarse porque algún compañero utiliza el teléfono celular durante las clases.
Uno de los principales planteos del encuentro fue la necesidad de evitar que los resultados de PISA provoquen únicamente una reacción inicial para luego desaparecer de la agenda pública.
“Los resultados son una noticia que muchos olvidarán pronto”, advirtió Víctor Volman, director ejecutivo de Argentinos por la Educación. Por eso, señaló que el objetivo es no limitarse al diagnóstico, sino analizar las experiencias en marcha y discutir medidas que permitan mejorar los resultados en las próximas evaluaciones.
Agustín Porres, director regional de la Fundación Varkey, coincidió en la necesidad de “ir más allá de los titulares” y entender qué revelan los datos sobre aquello que los sistemas educativos están logrando y los problemas que todavía no consiguen resolver.
En la misma línea, David Saad, presidente del Instituto Natura, reclamó “pasar del diagnóstico a la acción” y utilizar la evidencia disponible para definir prioridades y políticas públicas. También llamó a observar las experiencias de otros países para identificar iniciativas que puedan ser adaptadas a cada realidad.
Andrés Delich, secretario general adjunto de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), describió un problema recurrente en la región: el impacto inicial que producen los resultados educativos suele perder fuerza con el paso del tiempo. “En nuestros países estamos acostumbrados a que los resultados generen un pequeño movimiento sísmico y de sorpresa que después se va diluyendo”, sostuvo.
El debate también puso sobre la mesa la relación entre educación y desarrollo. Los especialistas coincidieron en que garantizar conocimientos fundamentales es indispensable no solo para que los chicos completen satisfactoriamente su escolaridad, sino también para facilitar posteriormente su incorporación a los estudios superiores y al mercado laboral.
Jaime Saavedra, director de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, planteó que las soluciones existen, pero requieren capacidad estatal, financiamiento y decisiones políticas. “Tenemos evidencia sobre qué funciona y necesitamos utilizarla para tomar mejores decisiones y acelerar las mejoras en los aprendizajes”, afirmó.
El desafío, coincidieron los participantes, será conseguir que esa preocupación se traduzca en una agenda educativa capaz de mantenerse durante años. Los datos de PISA 2025 muestran que la crisis de aprendizajes atraviesa, con diferentes intensidades, a prácticamente toda América Latina y que las mejoras aisladas todavía no alcanzan para revertirla.
Con tres de cada cuatro estudiantes por debajo del nivel mínimo esperado en Matemática, la advertencia excede las estadísticas educativas: los especialistas consideran que las dificultades para garantizar conocimientos básicos pueden condicionar las posibilidades futuras de millones de jóvenes y, con ellas, el desarrollo económico y social de los países de la región.