Javier Milei fundó en dos años y medio un orden macroeconómico sólido al que no afectan las crisis internas o externas. Frenó la inflación, estabilizó el dólar y fortaleció las reservas del BCRA.
La contracara de esa rareza histórica es que, al mismo tiempo, la política entró en caos. Lo sucedido la semana pasada en el Senado con el nombramiento de jueces lo prueba. Conclusión: el fin del desorden macroeconómico trajo aparejado un terremoto para el orden político sobre el que se sustentaba.
Hay ejemplos insólitos de la desorientación de la clase política. El presidente del bloque peronista de la Cámara alta, José Mayans, se ha convertido en aliado de la vicepresidente Victoria Villarruel -una ultramontana- al mismo tiempo que elogia a la trotskista Myriam Bregman. Esa amplitud de criterio se da de manera simultánea con muestras de indisciplina en su propio bloque como sucedió, por ejemplo, en la votación del pliego del juez Carlos Mahiques. Hoy el peronismo no tiene programa, líder ni unidad.
Pero ahora al caos empieza a afectar al oficialismo que votó dividido en el caso de la jueza María Verónica Michelli. No solo los bloques “dialoguistas” ignoraron los deseos del Ejecutivo, sino también la propia presidente del bloque de LLA, Patricia Bullrich.
¿Cómo consiguió Milei esta otra rareza histórica de generar el caos entre adversarios y propios simultáneamente? A partir de los desaciertos de quienes toman las decisiones políticas en la Casa Rosada.
Primer error, el Presidente dice que la política no le interesa y delega las decisiones en su hermana. Segundo error, su hermana considera que la ausencia de una oposición consistente habilita cualquier arbitrariedad. Tercer error, creer que la mejor estrategia consiste en imponer de manera inconsulta la voluntad del César. Cuarto error, considerar que la única oposición es el peronismo y los grupúsculos de izquierda que sólo existen en los medios.
La realidad del Senado, sin embargo, les demostró a los Milei que su poder es frágil, aunque hayan ganado las dos últimas elecciones. También que, si le despejan los caminos para unirse, la oposición los puede derrotar cómodamente. No todas las polarizaciones benefician a los hermanos libertarios.
La estrategia básica del Presidente, por lo tanto, debería centrarse en no facilitar las convergencias opositoras. También en dejar la pose imperial para más tarde, así como las rabietas públicas que son una exhibición de debilidad.
Milei ya probó el acierto de sus recetas económicas y su voluntad férrea para sostenerlas. Su nuevo objetivo es darles sustentabilidad política, lo que no conseguirá enredándose en problemas como el del nombramiento de un juez en un tribunal oral de La Plata.
Al hombre con más votos de la Argentina le falta una visión de conjunto de las dificultades que lo esperan y debería cuanto antes hacerse cargo de la conducción política de su proyecto. Tiene el liderazgo y el poder para hacerlo y no puede ignorar que la economía no opera independientemente de la política.