Bajar de peso suele ocupar el centro de la escena cuando se habla de obesidad. Sin embargo, existe una segunda parte de la historia de la que se habla mucho menos y que representa uno de los grandes desafíos del tratamiento: cómo sostener en el tiempo los resultados alcanzados.
Recuperar parte del peso perdido es frecuente y durante décadas se asoció esta situación con haber abandonado el tratamiento, perdido motivación o carecido de suficiente “voluntad”. Hoy la evidencia ofrece una explicación mucho más precisa.
La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. Luego del descenso de peso, el organismo puede desarrollar adaptaciones que favorecen su recuperación: pueden cambiar las señales hormonales vinculadas con el hambre y la saciedad, aumentar el apetito y modificarse el gasto energético. Un trabajo publicado en The New England Journal of Medicine mostró que varios de estos cambios hormonales y el aumento subjetivo del hambre persistían incluso un año después de perder peso.
“Tenemos que cambiar la idea de que el tratamiento termina cuando la persona llega al peso que se había propuesto. Ese descenso puede ser un logro enorme, pero a partir de allí comienza otra etapa que también requiere atención y que en realidad no tiene que ver con la disciplina del paciente sino con la biología de la enfermedad. Si entendemos a la obesidad como una enfermedad crónica, el seguimiento y las estrategias para sostener los beneficios forman parte del tratamiento y no son un agregado opcional”, afirmó la doctora Virginia Busnelli, médica especialista en Nutrición, presidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).
Precisamente, las XVII Jornadas Argentinas de Nutrición y V Jornadas Argentinas de Obesidad, que culminaron el viernes en Buenos Aires, incluyen un simposio específico sobre esta problemática: “Por qué recuperamos el peso: la biología detrás de la recaída”, coordinado por la Dra. Busnelli, donde se analiza la adaptación metabólica posterior al descenso, la memoria del órgano adiposo y las estrategias para prevenir la recurrencia.
CONSEJOS
¿Qué puede hacer una persona que perdió peso y quiere sostener los resultados?
“No existe una fórmula universal ni una estrategia capaz de garantizar por sí sola el mantenimiento. Sin embargo, la evidencia científica y las recomendaciones clínicas permiten identificar al menos 10 claves que pueden ayudar a sostener el descenso de peso y, sobre todo, los beneficios para la salud obtenidos con el tratamiento”, indicó la Dra. Marianela Ackermann, médica especialista en Medicina Interna y Nutrición, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN).
Ellas son:
1. Entender que alcanzar el descenso no significa “dar el alta”. El acompañamiento profesional continúa siendo importante una vez alcanzado el objetivo. Las consultas pueden espaciarse, pero mantener el seguimiento permite detectar precozmente cambios en el hambre, la conducta alimentaria, la actividad física, el peso o las condiciones de vida, y actuar a tiempo.
2. Construir una alimentación sostenible, no una dieta con fecha de vencimiento. Las estrategias extremadamente restrictivas pueden producir resultados a corto plazo, pero ser imposibles de mantener en el tiempo. El objetivo es desarrollar un patrón alimentario equilibrado, flexible y compatible con la vida familiar, laboral y social, priorizando alimentos de buena calidad nutricional, carnes magras que aporten proteínas; frutas y verduras, que aporten fibras y otros nutrientes; lácteos que permiten incorporar grasas saludables y opciones que favorezcan la saciedad. No se trata de comer perfecto, sino de sostener una alimentación sana en la vida real.
3. Reconocer y abordar el ‘ruido alimentario’. Algunas personas experimentan pensamientos frecuentes, persistentes o intrusivos alrededor de la comida, fenómeno denominado food noise o ‘ruido alimentario’. Cuando es intenso, genera malestar o interfiere con la vida cotidiana, merece ser conversado con el equipo tratante y no debería interpretarse automáticamente como falta de autocontrol.
4. Mantenerse físicamente activo y cuidar la masa muscular. El ejercicio aeróbico contribuye a la salud cardiovascular y al gasto energético, mientras que el entrenamiento de fuerza ayuda a preservar la masa y la función muscular. La clave no es encontrar el ejercicio ideal, sino una actividad adecuada a la condición y las preferencias de cada persona que pueda mantenerse en el tiempo.
5. Monitorear para detectar tendencias, no para vivir pendiente de la balanza. Pesarse periódicamente, registrar actividad física o prestar atención a determinados hábitos puede ayudar a reconocer cambios antes de que se transformen en una recuperación progresiva. El objetivo no es reaccionar ante cada fluctuación: el dato útil es la tendencia, no el número aislado de un día.
6. Dormir bien como parte del tratamiento. Dormir poco o mal puede interactuar con el apetito, la actividad física y las decisiones alimentarias. Por eso, ante dificultades para sostener el peso, revisar la cantidad y calidad del descanso debe formar parte de una evaluación integral.
7. Identificar el estrés y las barreras particulares de cada persona . Cambios laborales, responsabilidades de cuidado, problemas económicos, determinados medicamentos, factores emocionales o un entorno que favorece la ingesta de alimentos de baja calidad nutricional pueden dificultar el mantenimiento. La pregunta no debería ser solamente “¿por qué dejó de cumplir?”, sino “¿qué cambió en su vida y qué necesita modificar ahora del tratamiento?”.
8. Tener un plan para los momentos difíciles y actuar en forma temprana. Mantener el descenso no significa conservar exactamente el mismo peso todos los días. Las fluctuaciones son esperables; lo importante es distinguirlas de una tendencia progresiva que se mantiene durante semanas o meses. Una recuperación parcial no significa volver a empezar de cero, sino que puede ser una señal para consultar y actuar precozmente.
9. Construir un entorno que ayude, en lugar de depender de la fuerza de voluntad. La disponibilidad de alimentos, los horarios, las costumbres familiares, las oportunidades para moverse y el apoyo del entorno pueden facilitar o dificultar el mantenimiento. Planificar compras, disponer de alternativas adecuadas, organizar tiempos específicos para la actividad física y contar con apoyo familiar o profesional pueden contribuir a sostener los cambios.
10. Si existe un tratamiento médico indicado, no suspenderlo simplemente porque se alcanzó el descenso. En quienes necesitan farmacoterapia para tratar la obesidad, alcanzar el objetivo no implica necesariamente que haya llegado el momento de retirar la medicación. La duración debe evaluarse individualmente según eficacia, tolerabilidad, beneficios, riesgos y características clínicas de cada paciente. Como sucede con otras enfermedades crónicas, retirar una intervención que estaba controlando la enfermedad puede permitir que reaparezcan mecanismos que favorecen su progresión.
NO HABLAR DE ÉXITO O FRACASO
“Estas diez claves muestran algo fundamental: sostener los resultados no depende de hacer bien una sola cosa, sino de construir un tratamiento que pueda sostenerse en el tiempo y adaptarse a los cambios de la vida de cada persona. También implica reconocer que pueden reaparecer mecanismos biológicos de la enfermedad y que, en ese caso, el tratamiento puede necesitar ajustes. Por eso, el mantenimiento debe pensarse como una etapa continua del tratamiento y revisarse ante los primeros signos de pérdida de control de la enfermedad, sin esperar a que se produzca una recuperación significativa de peso”, señaló la Dra. Ackermann.
“Durante muchos años se interpretó la recuperación del peso casi exclusivamente como un problema de adherencia. Hoy sabemos que la explicación es mucho más compleja. Después de adelgazar existen respuestas biológicas que pueden aumentar el hambre y favorecer la recuperación del peso perdido. Comprenderlo no significa resignarse, sino contar con mejores herramientas para prevenirlo y tratarlo”, explicó la Dra. Busnelli, también presidenta de las Jornadas.
“Tenemos que salir de la lógica de éxito o fracaso. Si una persona comienza a recuperar peso o aparecen señales de pérdida de control de la enfermedad, la respuesta no debería ser la culpa, sino reevaluar qué está ocurriendo y si el tratamiento que venía recibiendo sigue siendo adecuado. La recurrencia forma parte de la evolución posible de una enfermedad crónica y debe interpretarse como una señal clínica para intervenir, no como un juicio sobre la persona”, concluyó la Dra. Ackermann .