El último registro mensual del Indice de Precios al Consumidor encontró al rubro Prendas de Vestir y Calzado exhibiendo una retracción del 0,5%. Un número singular para quienes recuerdan los años en que el sector textil aparecía siempre al tope de la lista de aumentos.
¿Qué ocurrió para que se diera este brusco descenso? “La lectura es que no hay consumo. La gente no está pudiendo comprar bienes. Entre la pérdida de poder adquisitivo, el desempleo que empieza a crecer y los aumentos de alquileres, transportes, tarifas y alimentos, que dio alto este mes, hay mucho menos margen para consumir. No hay consumo de bienes. Ya hoy no se vende ni nacional ni importado. En ese marco las empresas empiezan a rematar stock para poder cubrir aunque sea una parte de los costos fijos”, responde Priscila Makari, directora Ejecutiva de la Fundación ProTejer.
-¿Cómo impacta esta situación sobre el empleo en el rubro?
-Hay muchas empresas que están recortando horas extras, turnos. Ya perdimos 18.000 puestos de trabajo formales en el sector textil. Estamos trabajando en el 29% de la capacidad instalada. Esto es que 7 de cada 10 máquinas están paradas. Esto supone achicarse y en muchos casos rematar stock para poder sobrevivir.
-Durante el último período del gobierno de Alberto Fernández hubo fuertes inversiones en el sector textil. ¿Se toparon ahora con un modelo que no los favorece?
-Hubo inversiones récord, históricas, en maquinarias hasta el 2023. También se amplió la capacidad instalada y se registró una mejora tecnológica importante en el sector. Pero bueno, cuando pasan situaciones como las actuales comienza a peligrar la sostenibilidad de mediano plazo del sector. Al no haber rentabilidad, empezar a achicarse tampoco genera buenas perspectivas a mediano plazo. No hay inversiones.

RAZONES
-En los últimos años de la gestión kirchnerista y en el primero de Milei, el sector siempre estuvo por encima del promedio en el Indice de Precios al Consumidor. En aquel entonces la explicación a la suba de precios no estaba atada al consumo, como ahora, sino al peso de los impuestos.
-En realidad en el IPC, cuando se ve punta a punta desde diciembre de 2016 hasta hoy, Indumentaria y Calzado hoy queda por debajo. En esos años que estuvo por encima se dio en paralelo que hubo un récord histórico de importaciones textiles, más altas que durante el Gobierno de Macri y más altas que en el 2024.
-En ProTejer siempre se dijo que las empresas eran competitivas hasta la puerta de la fábrica pero después la carga impositiva las perjudicaba. Hoy el tema impuestos, según el lugar que ocupa en el último informe de la entidad, parece ser secundario. ¿Es realmente así?
-Hoy lo más importante es la baja del consumo. No se vende ni nacional ni importado. Después está el tema del tipo de cambio apreciado artificialmente, que hace que seamos caros en dólares en la Argentina en general. Esto afecta tanto los costos como los precios finales, y eso nos hace difícil competir con toda la importación y ganar mercados de exportación. Después está la apertura económica y la desregulación comercial, que este año está creciendo mucho. Se eliminaron los valores criterio, es decir que hay sospechas de maniobras de subfacturación. No se está controlando a qué precio entran los bienes y si es lógico lo que se declara. Tampoco se hace más la declaración jurada de composición de producto, que hacía el INTI, para ver que se corresponda lo que dice la etiqueta con lo que la prenda verdaderamente es. Perdió vigencia la prohibición de importación de ropa usada. Está ingresando en volúmenes fenomenales.
-Sin embargo, en el documento la entidad no considera a la importación como un mecanismo disciplinador de precios.
-Por eso mismo, porque hubo años en que las importaciones fueron récord histórico y el precio de la ropa estuvo por encima de la inflación. Eso muestra que no necesariamente la importación baja los precios. Hoy está ingresando mercadería importada pero en realidad lo que pasa es que no se vende. Al no venderse nada se está rematando mercadería por debajo del costo para cubrir una parte de los costos fijos.
-¿Hay preocupación del sector con el creciente uso de los canales digitales?
-Claro, porque está el tema de la competencia de las plataformas chinas, sobre todo, que ingresan los productos al país prácticamente sin pagar impuestos. Muchas veces lo hacen con subsidios sobre el precio y la logística de diversos países, y Argentina no les cobra impuestos. A esto hay que sumarle un contexto internacional en el cual los países desarrollados suben aranceles a las importaciones chinas, generan armas para regular plataformas, y la Argentina hace lo contrario. Vamos en sentido contrario de lo que hace el mundo. Esos volúmenes que no pueden colocar en el Europa o en los Estados Unidos terminan presionando para ingresar a países abiertos como el nuestro.
BASURA
-¿Qué son los residuos textiles que importa la Argentina?
-La ropa usada está ingresando por fardos, se venden por kilo, por volumen. En general es el descarte del modelo del Fast Fashion Global, que fabrica todo el tiempo ropa de baja calidad, con químicos peligrosos y materiales más vinculados a lo sintético, al plástico, que son más económicos. Por ahí lo usan dos o tres veces y como pasa de moda lo descartan. Hay muy poquitos países en el mundo que reciben esa ropa usada. Uno es Chile, el otro hoy es la Argentina. La gran mayoría de los fardos de ropa ingresa vía la aduana de Jujuy proveniente del desierto de Atacama, que es un basural a cielo abierto. Ingresa hasta ropa interior usada.
-¿Eso antes no ocurría?
-No. Siempre Argentina lo tuvo prohibido, como la gran mayoría de los países. Pero la prohibición perdió vigencia porque esas son normas que se van renovando por cierta cantidad de tiempo. También ingresa fruto de la situación económica, donde la gente no tiene plata para comprar. Compran lo que pueden.
-¿Dónde se vende ese descarte?
-Se vende en ferias y el consumidor, cuando compra algo usado, no sabe que viene del basural de Atacama. Eso supone un riesgo muy grande para la salud porque esas prendas estuvieron en contacto con bacterias, hongos, ácaros. Los químicos con los que fueron teñidas las prendas no se sabe si pueden ser dañinos para la salud. Ya de por sí cuando se abre el fardo mucha de esa ropa va a la basura directo. Supone también un riesgo ambiental grande para la Argentina.
PESADA MOCHILA
-El sector suele difundir el gráfico de la remera que marca que el 50% del costo final de la prenda son impuestos. ¿Son los gravámenes que caen como cascada desde la Nación hasta los municipios, pasando por las administraciones provinciales?
-Todo. Incluye las tasas municipales, Ingresos Brutos, las tasas, el IVA, impuesto al cheque.
-¿El sector tiene algún proyecto para acercarle al gobierno en términos de reducción impositiva? ¿Hay diálogo?
-Por ahora lo que hay son algunos proyectos interesantes de algunos diputados, como el de Miguel Angel Pichetto, que apunta a regular y empezar a cobrarles impuestos a las plataformas. Ese es uno de los proyectos que está en carpeta. Después habrá que ver si se lleva adelante alguna reforma impositiva. Lo que ocurre es que en cadenas de valor tan largas como la textil, con muchos eslabones distribuidas en muchas provincias distintas, se van acumulando impuestos en cascada y afectan la producción. Pensemos en un jean de marca que se vende a $100.000, la mitad de ese precio son impuestos. El Gobierno bajó los impuestos para las importaciones de prendas finales extra Mercosur, por ejemplo Asia, del 35% al 20%, pero no bajó los impuestos para los que producen en el país. Eso siempre lo decimos porque lo que pedimos es competir en una cancha más nivelada.
-¿También se bajaron los impuestos a la importación de insumos?
-También bajaron pero en menor proporción, con lo cual se genera un menor incentivo a agregar valor.
-¿La reforma laboral puede favorecer al sector desde lo impositivo?
-Si no hay crecimiento económico y más producción no hay forma de reactivar un círculo virtuoso. Ninguna reforma laboral va a generar empleo si no hay una economía que crece y sectores que se desarrollan. El modelo actual va en contra de la producción, tiene muchas cuestiones que atentan contra la fabricación nacional. La reforma no subsanaría nada en términos productivos. Esto ya se vio en la década del ‘90. La flexibilización laboral no genera aumento en el empleo.
-La entidad pide jugar en igualdad de condiciones pero en el mercado nunca hay equidad. En este contexto, ¿el sector textil argentino debería especializarse en algo en particular para ser más competitivo y rentable?
-Si nosotros pensamos que el costo de fabricación no llega a representar ni el 10% del precio final del producto, entonces entendemos que la discusión pasa por todo lo que ocurre de la puerta de la fábrica hacia afuera. Esto lo sufre el textil pero también al resto del sector productivo en mayor o menor medida. Lo que tenemos que discutir es cómo mejorar la competitividad a nivel país para poder desarrollar todos los sectores productivos y agregarle valor a nuestras materias primas.