Por momentos, y son muchos, la economía argentina se presenta como un manuscrito indescifrable. Un mapa que no lleva a ninguna parte. Analizar la macro de este país obliga a trazar perspectivas de mediano y largo plazo, un ejercicio al que las urgencias nos han desacostumbrado. La salida de la crisis exige orden y paciencia.
"Si uno ve los fundamentals de la economía argentina, sobre todo mirando cómo estábamos en octubre de 2020, momento al cual llegamos con la brecha cambiaria al 130%, todo el mercado esperando que se viniera una devaluación, y uno mira cómo está ahora la situación argentina, creo que resultaría algo increíble. Pensaríamos que nos están presentado otro país", resalta Pedro Martínez Gerber, economista de la consultora PXQ.
Y agrega: "El tipo de cambio ahora está controlado; hay un Banco Central que al revés de lo que se pensaba, que iba a perder reservas, estuvo comprando casi u$s 6.000 millones en el primer semestre; un panorama fiscal que está controlado, con una política prudente; y una política monetaria que fue contractiva en términos reales durante el primer semestre. Entonces si uno lo mira abstrayéndose de la realidad política de la Argentina, creo que la situación sería muy distinta. Otro país bajo esta situación no tendría el riesgo país en 1.500 puntos y los bonos rindiendo entre 16 y 20%. Ahí hay otros condicionantes que están afectando la percepción acerca de la situación económica argentina. También tiene que ver con todos los desafíos del país en el futuro cercano, como lo del Club de París, el acuerdo con el FMI y ciertas cuestiones estructurales que se observan como un desafío para el futuro económico".
-El contraste con octubre se advierte. ¿Qué pasó para que no se saliera todo de cauce y, de alguna manera, comenzara a ordenarse un poco la macro?
-Creo que el dólar paralelo en 200 encendió muchas alarmas al interior del Gobierno y cierto desorden que se venía viendo entre las políticas del Banco Central y del Tesoro, en el caos se ordenó. Allá por octubre desde PXQ decíamos: están restringiendo cada vez más la demanda de divisas pero no están haciendo nada para promover la oferta. Y en octubre hubo un click para promover esa oferta. En el mercado cambiario estaba el principal problema. Desde el Tesoro empezaron con la licitaciones de bonos Dollar Linked y se redujo un poco la asistencia del Banco Central al Tesoro. Ya nadie se acuerda pero se hicieron las reducciones de retenciones en los últimos meses del 2020 y se controló la brecha, se bajó mucho la volatilidad. Eso ayudó a que haya una mejor liquidación de divisas. Una vez que el Banco Central pasó de vendedor neto en el mercado cambiario a comprador neto, la situación se tranquilizó mucho. En estos meses vimos políticas que tendieron a mostrar que se busca transitar un sendero de una macroeconomía más ordenada.
-Durante la gestión Macri tuvimos la bomba de las Lebacs, ahora tenemos a las Leliqs. ¿Qué lectura hacés de la política monetaria que ensaya el Banco Central?
-Durante estos últimos meses el manejo de la política monetaria cambió mucho. Cuando el principal factor de expansión de la Base Monetaria es que estás comprando divisas, es distinto a que el principal factor de expansión sea asistencia monetaria al Tesoro. Hoy la realidad es que si bien las Leliqs más los pases crecieron en los últimos meses, la tasa en la cual crecen es menor a la inflación. Así que en ese sentido no parecen ser un riesgo en el cual la bola, el crecimiento de los pasivos remunerados del Banco Central, sea un riesgo. En ese sentido creo que se está manejando de forma prudente. Obviamente en la Argentina estamos siempre con un ojo en la cantidad de pesos que pueden migrar al dólar. Con el cepo eso está más contenido. Con las Lebacs, cada licitación que había los martes estábamos todos con el corazón en la boca porque cualquier cambio en las expectativas de mercado que hiciera que no se renovara el stock total de Lebacs, eso era algo que se podía ir directamente al dólar. Hoy las Leliqs están solamente en manos de bancos, mientras que las Lebacs llegaron a estar en gran proporción en manos del sector privado, y sobre todo del sector privado no residente. El riesgo era mayor porque cuando el carry (trade) ya no daba, podían decir: "Tomemos ganancias y nos vamos al dólar". Hoy los bancos tienen una posición regulada en moneda extranjera, por lo que no veo ese riesgo tan latente.
-El Gobierno ha montado una estructura para contener al dólar, pero hay un factor exógeno que tiene que ver con la inflación en Estados Unidos. Aunque la Fed anunció que no subirá las tasas, ¿se mantiene una luz de alarma encendida?
-Tiendo a pensar que el único beneficio del hecho de que queden pocos fondos no residentes adentro es que el flujo que podría generar una posible suba de tasas en Estados Unidos es menor. La cantidad de fondos que pueden salir de la Argentina es mucho menor. Una crisis internacional te vuelca menos que antes. Siempre hay un impacto, pero pienso que en la Argentina ese impacto es menor que en otras economías emergentes con un mercado de capitales mucho más abierto. En Brasil una corrida internacional, una suba de tasas, la afectará mucho más en sus flujos porque tiene una cuenta de capital abierta. En la Argentina eso puede afectar en una forma menor.
INFLACION
-Desde tu formación, cuando te parás frente al proceso inflacionario argentino, ¿cómo lo analizás? ¿En qué escuela económica te enrolás?
-Veo a la inflación como un fenómeno multicausal. Nunca me van a escuchar decir que responde a una sola causa y que es consecuencia de un solo factor. Desde mi perspectiva, siempre que analizo la inflación miro todo y no dejo nada de lado. En la Argentina hay que analizarla desde una perspectiva bien amplia. El que muere diciendo que la inflación es causa de que emitís más, la está pifiando; y el que dice que la inflación es un fenómeno importado porque sube el precio de los alimentos, o el que dice que es producto del poder monopólico de ciertos formadores de precios, para mí la está pifiando también. Les falta agrandar el enfoque para entender el fenómeno.
-Cuando uno analiza países que han sufrido inflación prolongada como la Argentina y han salido adelante, queda la idea de que han asumido una cuota de sacrificio o de dolor para ordenar el fenómeno. ¿Acá nadie quiere afrontar políticas semejantes?
-Hace un tiempo estuvimos analizando las últimas experiencias de planes de desinflación que fueron exitosos, y la realidad es que los planes de estabilización tienen un beneficio que es mucho más alto que el costo que implica tomarlo. Si bien coincido en que cuesta tomar la decisión y ponerse al frente de un plan de estabilización, creo que los beneficios que puede traer son muchos más altos que los costos. No hay forma de bajar la inflación en forma consistente sin un plan de estabilización amplio. Obviamente hay que tener un ancla nominal, pero no se puede recaer solamente en anclar el tipo de cambio como se hizo con la Covertibilidad porque es una bomba que explota en algún momento. Tampoco se puede pensar que solamente con metas sobre la política fiscal y monetaria se va a bajar la inflación. Es un plan bastante amplio que implica discutir cuestiones que la política quizás no está decidida a discutir en este momento.
-¿Negociar salarios con expectativa a la baja sería un ingrediente del plan?
-Ese es un ingrediente. La distribución del ingreso es un factor a discutir en un plan de estabilización, pero no necesariamente se tiene que reducir el poder adquisitivo de los trabajadores para que la inflación baje. Asumir el tipo de cambio nominal implica discutir el esquema de control de cambios actual y cómo se va a financiar ese anclamiento. Eso tiene un costo desde el lado de la cuenta corriente. Muchos países en Latinoamérica lo hicieron y promovieron la Inversión Extranjera Directa para financiar parte del déficit de cuenta corriente que lleva anclar el tipo de cambio. En los primeros años posiblemente la inflación supere al tipo de cambio y eso lleva a un déficit de cuenta corriente. Empiezan a faltar dólares, que es algo que en la Argentina estamos muy acostumbrados. Muchos países lo financiaron con inversión extranjera directa, que son capitales de mediano y largo plazo, no son capitales especulativos. Sirven para engrosar las reservas internacionales. Con la suba de precios de los commodities de los 2000 muchos países hicieron eso. Usan el ancla del tipo de cambio para evitar que la suba del precio de los commodities impacte en la inflación local, porque nadie está exento de eso. El tema es que el resto de los países tienen herramientas para evitar eso.
-El corazón de este esquema es la captación de inversión extranjera, un rubro en el que la Argentina no suele destacarse.
-Está claro que no, pero el tema es que como viene configurado el sector externo para los próximos años, no nos queda otra salida. Porque hoy tenés una cuenta corriente superavitaria, pero sin turismo emisivo y no estás pagando intereses de la deuda en moneda extranjera, o estamos pagando muy poco por la reestructuración de la deuda. La cuenta corriente hoy es superavitaria por el balance comercial, pero si la Argentina comienza a crecer van a aumentar las importaciones; cuando salgamos de la pandemia va a incrementarse el turismo y cuando corran los años vamos a empezar a pagar cada vez más intereses de la deuda en moneda extranjera. Todo eso va a restar y hará que el saldo de la cuenta corriente sea menor o, incluso, deficitario. Y encima si empezamos a poner los pagos de la deuda a partir de 2024 y 2025, y los pagos al FMI si hay un acuerdo, ya las reservas no dan. Tenés que pensar algún programa porque sino la tensión entre la deuda y el crecimiento va a hacer que no podamos crecer más. Porque cada punto de crecimiento hace que crezcan las importaciones y la salida de servicios como turismo. Hay que encontrar la forma de rollear la deuda, volver al mercado internacional, y a su vez promover otras fuentes de ingresos de divisas que hagan que las exportaciones crezcan. Pero de acá a un año no vamos a incrementar las exportaciones en u$s 30.000 millones como para decir: "Ya está, levantemos el cepo y crezcamos". Es un proceso que en algún momento hay que comenzar. La reestructuración de la deuda nos dio un tiempo para empezarlo, pero si seguimos dejando pasar el tiempo vamos a llegar a 2024 y nos vamos a encontrar con vencimientos de la deuda en moneda extranjera, el riesgo país en 1.500 puntos, nadie nos presta... Va a haber que defaultear.
REFORMAS
-¿Qué tenemos que mejorar para que los capitales quieran echar raíces en la Argentina? ¿Qué deberíamos modificar, ceder u ofrecer?
-Creo que en gran parte es como la figura del perro mordiéndose la cola. La inestabilidad cambiaria y el cambio de reglas de juego nos lleva a que los capitales eludan la Argentina. Nuestro país no es el primero que eligen para empezar un proyecto. Y eso a la vez lleva a más inestabilidad macro, más restricciones en términos de divisas, que lleva a poner más controles. En cierto punto hay que parar la pelota, pensar un plan de estabilización que calme la macro y que sea evidente que la Argentina tiene un programa a varios años. Por ejemplo, que no espera bajar la inflación de acá al año que viene al 15%, sino algo lógico como bajarla 5 puntos por año. Que haya un plan de convergencia fiscal, pero que sea lógico con el crecimiento económico.
-Veo que en este proceso prolongado, paulatino, no imaginás un escenario en el cual un gobierno tome medidas disruptivas, como una reforma laboral.
-Pero en Vaca Muerta se hicieron convenios especiales y funcionaron. El crecimiento del empleo en esos sectores fue bueno. Entonces no sé si falta discutirlo, sino que falta hacerlo de una forma más amplia. Y entender que no todo es blanco o negro. No es que hace falta cambiar toda la forma de contratación laboral sino ir mirando sector por sector, y hacer convenios que le sirvan a todos. Hoy hay muchas cosas para pensar y sectores para promover.
-En materia de deuda externa, ¿qué señal nos da la decisión del Gobierno de arreglar con el Club de París?
-Lo que nosotros estamos viendo en materia de negociación, tanto con el Club de París como con el FMI, es que en el corto plazo Argentina tiene que decidir para qué usa las divisas. Hoy las reservas netas están en u$s 8.000 millones. Pero se viene un segundo semestre en el cual van a estar las elecciones, probablemente haya un aumento del gasto para promover una expansión económica, y tenemos la temporada baja de liquidación de divisas. Empieza un segundo semestre distinto en lo cambiario. El Banco Central va a estar más apretado. Si a eso le poníamos los u$s 2.400 millones del Club de París y los u$s 3.800 millones del FMI, en septiembre y diciembre, la cuenta de reservas netas se complica. El Banco Central probablemente pase a tener una posición vendedora en el mercado, y si encima necesita usar reservas para pagarle al Club de París y al FMI, y si hay más demanda privada, la cuenta se complica. El anuncio del ministro Guzmán lo leo en ese marco: estamos ganando tiempo hasta marzo de 2022, estamos ahorrándonos las divisas por ahora, pateando un vencimiento. Ahora queda el desafío del FMI. Si vamos a usar los u$s 4.300 millones de los DEG (Derechos Especiales de Giro) para pagarle al FMI, la cuenta de reservas netas va a dar un poco más complicada y probablemente haya más presión en el mercado paralelo, y lleguemos con la macro más golpeada a las elecciones. Si se llega a un acuerdo con el FMI para no pagar eso este año, vamos a tener un poco más de aire.