Lo habitual y banalizado del drogarse (incluido el alcoholizarse) obstaculiza nuestra visión acerca de la infelicidad reinante en aquellos que lo hacen. Todos los días vemos pacientes que creyeron encontrar el “Paraiso” y ahora no pueden salir del “Infierno Terrestre” en el cual viven.
Jorge llega a nosotros por la intervención de la policía cuando un grupo de familiares tuvo que llamar a la seguridad para detener la violencia inusitada en la cual había caído. Ahora a sus 50 años me dice extrañado: ¿…este era yo?... y siente una extrañeza con el que fue ahora consciente de su realidad vital. Comenzó en la adolescencia con la “inocente” marihuana y luego progresivamente, con intervalos, comenzó a usar cocaína hasta caer en violencias y delirios causados por la propia droga. Ahora bucea en la terapia en la comunidad terapéutica sus sufrimientos soterrados y tapados artificialmente por las sustancias. Luego me dirá “no podía parar”. Una dosis tras otra. Ya era un esclavo de la compulsión.
Dos grandes pensadores estudiaron este drama mundial. Uno fue Aldous Husxley que en 1932 -y que luego lo amplió en 1958 en su libro “Mundo feliz”- fue un visionario de un mundo de esclavos dominados por una droga que en su novela llama “soma”. Fue un descubridor hace 100 años de lo que ahora sucede. El otro fue Claude Oliweinstein, maestro francés con quien tuve el honor de estudiar, que escribió un libro “No hay drogados felices” en 1979 y que al ser fundador del Hospital Marmottan se convirtió en un centro pionero desde Paris en el acompañamiento y tratamiento de toxicómanos. Muy pronto se dio cuenta como los pacientes buscaban un absoluto en el consumo y también rápidamente caían en la miseria moral que enmascaraba ese recurso y la dependencia a la que llevaba. Entonces llega a decir en su libro “…buscaron el paraíso del placer y no lo encontraron … se quedaron sin futuro… las drogas muestran una crisis de los educadores donde no podemos transmitir la pulsión de vida; casi no le hemos podido transmitir nada”.
LA “NORMALIZACION” DEL CONSUMO
Un estudio de la UCA (Universidad Católica Argentina) advirtió que 3 de cada 10 familias saben dónde se vende la droga en su barrio. Alerta sobre sobre cómo se ha “normalizado” en nuestra sociedad el consumo de drogas lo que nosotros en nuestras columnas llamamos la “banalización” del consumo sin tener en cuenta las consecuencias y los daños.
Por otra parte, muestra la situación derivada de los nexos de la venta y oferta con estructuras políticas y de seguridad y judiciales llevando a la existencia de un “narcoestado” (situación por lo demás peligrosa). Unido todo esto a la producción en los Andes del Chapare boliviano de producción de cocaina, en Perú, en Colombia (mayor productor de cocaína), México con el aditamento de sus redes criminales; el pasadizo venezolano como salida y nuestras vías fluviales del Paraná.
Así todo confluye a que exista una situación pandémica (fenómeno de salud con ascenso de diversas enfermedades crónicas). Por último, por primera vez en los informes (como anticipamos en nuestras columnas) advierten sobre una vasta red de narco-marketing que publicita subliminalmente el consumo especialmente en grupos más vulnerables por situación de pobreza, escolaridad, trabajo o de creciente des-familiarización.
La percepción de venta de drogas sube al 62% en villas de emergencia y al 70,5% en barrios de viviendas sociales. Los resultados, para el equipo técnico que realizó el trabajo, muestran un aumento en la percepción de venta y/o tráfico de drogas, conforme aumenta la vulnerabilidad socioeconómica. En hogares de clase media alta, este riesgo es del 15,4%, mientras que alcanza a la mitad de los hogares del nivel socioeconómico muy bajo (47,4%). Esto no significa que no exista un problema en estratos más altos, sino que es menor su prevalencia, así como también su visibilidad. La universidad, asimismo, presentó los datos desagregados por los principales aglomerados urbanos del país. El problema aparece con mayor prevalencia en los barrios con baja vigilancia policial del conurbano (43,6%) y del Gran Rosario (41,4%).
LOS NUMEROS Y LOS DRAMAS
La consulta de hoy es confrontarse con situaciones dramáticas. Desde la joven que abandona a su hijo y pareja y se mete en un barrio del conurbano tomado por grupos de venta y vende su cuerpo y queda expuesta a ser comerciada a otro país como objeto sexual. Ahí mandan esos “capangas”
y el orden de seguridad no entra ya que hay una diferencia de fuerzas muy grandes. Mundo al “revés”. La familia se vuelve a unir porque estaban en proceso de desorganización y la traen a nuestro centro con auxilio policial y hoy luce como madre y ha dejado de dañarse con sustancias que la habían despersonalizado y psicológicamente habían transformado de “sujeto” en un objeto de otros (estado de máxima alienación).
Parte hacia España con su hijo y su pareja junto a su madre donde la espera un trabajo y un refugio seguro. Da vuelta la página de una parte de su vida atroz. Las sustancias, hoy, operan como parte de una trama de trata de personas y ya esto es una realidad con fuerzas de choque que además se colectan entre los propios vulnerables del barrio (sin familia, sin educación o sea “nadies”) que operan bajo la orden de un “Jefe” que impone normas con el revolver como aliado. Esto pasa. Lo que cuento lo vivo todos los días con nuestros pacientes. El propio grupo de venta es un banco financiador de los más vulnerables. Créditos a tasa baja a cambio de trabajo para la organización o a tasa alta para los más poderosos con la muerte asegurada si no cumplen. Todo esto sucede y forma parte de los relatos terapéuticos.
FAMILIAS EN CRISIS
Otro drama que nos afecta es la cantidad de jóvenes adultos o a adultos que fracasados en su sentir o sea depresivos buscan en un energizante alienante como la cocaína una salida a sus penas y entran en la melancolía que los lleva a la muerte o a alguna debacle orgánica (infarto, neumonía, accidente cerebro vascular, etc). Tienen cuarenta años y lucen como seniles en nuestros consultorios. Pero no pueden dejar de consumir …ni empezar un tratamiento. Llegan a fumar casi cien cigarrillos diarios (nicotina es la primera droga), cerveza desde la mañana y cocaína todo el día.
El cerebro frontal (eje del auto control) quedo dañado y solo el cerebro simiesco (estructura más primitiva) en su automatismo los lleva a la muerte o a algún evento orgánico grave. Solo desde terapia Intensiva acuden a una consulta y a una internación que los confronte con sus dolores, sufrimientos, depresiones y tratando su melancolía que era un llamado a morirse. Otro fenómeno asociado es el consumo familiar; o sea padres que consumen con sus hijos. Esto ya anuncia no solo la debacle corporal sino la debacle cultural. La transmisión simbólica que es la base de la cultura de padres a hijos se transforma en transmisión de sustancia con hijos -padres que son todos hijos. Alguno de ellos muere consumiendo. Tratamos hijos que han presenciado la muerte de alguno de sus padres en consumo. Quedaron solos y la residencia terapéutica es su casa en donde aprenden a vivir y a proyectar la vida con un sentido de donación y amor. Además, están los “padres paralizados” que observan el deterioro creciente de sus hijos que viven solos en estado de jóvenes adultos y que consumen desde la pubertad y hoy en sus treinta años buscan auxilio, pero con amenazas si se lo dan y los padres se paralizan porque deben intervenir con la Justicia para detener una muerte o una psicosis ya en evidencia. No pueden, algo los paraliza. Asisten así a una psicosis o a una futura debacle orgánica. Muchos los mantienen aun sabiendo que parte de ese dinero va hacia el consumo.
Los números que marca la UCA son solo aspectos de una dramática de muerte y de control de la ciudadanía como le enseña el maestro A. Huxley en “Hacia un Mundo feliz”. En “un mundo feliz revisitado” (1958), el propio Huxley describe a ese mundo feliz como una "pesadilla". Peor aún, sugiere que el precio de la felicidad universal será el sacrificio de los valores más sagrados de nuestra cultura: la maternidad, el hogar, la familia, la libertad e incluso el amor (degradado como sexo promiscuo único valido en esa sociedad). Cuando alguien se rebela en la novela de Huxley como lo es un personaje llamado John el salvaje (formado de acuerdo con los valores de la cultura inglesa y de Shakespeare) es tratado como un loco ya que menciona que este mundo olvida valores como la lucha humana, el vivir con autenticidad frente al hedonismo vacío, la falta de espiritualidad, etc. Es un mundo diseñado para eliminar la individualidad y el libre albedrio.