Política

“No es un acontecimiento social, sino la presencia de Cristo entre nosotros”

El rector de la Catedral Primada, Alejandro Russo, repasa en diálogo con La Prensa la historia de los papas que pasaron por el templo y el mensaje que espera que deje León XIV: renovación para los católicos y un llamado a vivir en paz, justicia y solidaridad.

A pocas horas del arribo del papa León XIV a la Argentina, La Prensa dialogó con el presbítero doctor Alejandro Gerardo Russo, rector de la Catedral Primada de Buenos Aires, sobre el significado de esta histórica visita y sobre el mensaje que prevalecerá como legado de su viaje apostólico.

–¿Cómo dimensiona la magnitud histórica de la visita del Santo Padre?

–La visita del papa León XIV es, ciertamente, para todos los católicos, una dimensión de gracia. Siempre hay que recordar que el Papa es el vicario de Cristo y el sucesor de San Pedro, y que para la Iglesia es fuente inagotable de seguridad en el camino de la fe. Es una visita que, en primer lugar, llama a la renovación en la gracia a los católicos y, en segundo lugar, constituye un llamado especial a todos para vivir en paz, en concordia, en justicia y en solidaridad.

–Hay generaciones de argentinos que crecieron sin vivir una visita apostólica al país. ¿Hemos crecido como sociedad o nos falta una mayor reflexión sobre algunos temas? ¿Cuáles?

–Las visitas apostólicas son importantes desde el punto de vista de la gracia y de la renovación, pero que pasen los años sin una visita no significa nada para la Iglesia, y menos ahora, cuando el Papa está presente en cada casa a través de los medios y las redes.

Aquí la gente guardó durante muchísimos años el recuerdo imborrable de la magnífica visita del entonces cardenal Pacelli, que estuvo en 1934 y pocos años después, en 1939, fue elegido Pío XII. La gente recordaba al cardenal celebrando en Palermo y, cuando fue elegido, decía: “Vino Pío XII”, porque había sido un acontecimiento histórico.

Pablo VI inauguró las visitas internacionales para mostrar la cercanía del Pontífice y su solicitud con todas las iglesias del mundo. Pero hoy, si bien las visitas son importantes, el Papa está presente de forma inmediata. Antes había que enterarse por los diarios del día siguiente o por las noticias de la televisión; hoy las elecciones, las muertes de los papas y las celebraciones las vivimos como si estuviéramos presentes en Roma.

Por eso digo que la visita importa, pero la cercanía y la presencia hoy son instantáneas: el Papa está ahí. En consecuencia, entiendo que los años que pasan sin la visita de un Papa no alteran la vida ni la comunión de la Iglesia.

Hito histórico

–¿Qué significa que este templo histórico sea el epicentro de un acontecimiento que marcará un antes y un después en el país?

–La Catedral es, sin duda, un hito histórico de gran relevancia, porque ha recibido a papas en tres oportunidades, contando la que se avecina con León XIV y las dos veces anteriores en que vino Juan Pablo II. Pero también pasaron por allí figuras que luego serían elegidas papas. Monseñor Giovanni María Mastai Ferretti, que acompañó al internuncio en Chile, hizo una gira por la Argentina en 1824, visitó la Catedral y celebró misa allí antes de ser elegido Pío IX. Después, el cardenal Pacelli vino como legado pontificio para el Congreso Eucarístico de 1934 y su primera actividad en el país, tras ser recibido en la dársena del puerto, fue visitar la entonces catedral metropolitana.

Además, la Catedral está profundamente impregnada de la presencia del cardenal Bergoglio, que fue arzobispo durante quince años y de aquí partió hacia Roma para asumir el ministerio petrino universal. Sumando todo, tendríamos estas tres visitas papales y aquellas otras tres figuras que pasaron por aquí antes de ser elegidas sucesores de Pedro.

Por eso, desde el punto de vista histórico, cobra una gran relevancia la presencia del papa León en la Catedral histórica de Buenos Aires, un templo cuyo origen se remonta a 1620, con sus distintas edificaciones, y que funciona como gran caja de resonancia y escenario central del acontecimiento religioso nacional.

Aquí la Junta de Mayo, tras jurar el 25 de mayo, se acercó a rezar ante el Cristo de Buenos Aires, que se encuentra en el crucero izquierdo de la Catedral, y allí se entonó el primer Tedeum patrio, el 29 de mayo de 1810. Desde entonces, todos los primeros mandatarios se han acercado a la Catedral en las fiestas patrias, especialmente el 25 de Mayo y el 9 de Julio. Además, aquí se encuentra el sagrario patrio que guarda el sepulcro del general San Martín, padre de la patria.

Mensaje de unidad

–¿Cómo observa el espíritu de fraternidad y entrega que se gesta entre los argentinos que preparan este gran evento?

–Creo que la República Argentina, el pueblo argentino, siempre tiene una gran apertura a la paz, a la tranquilidad y a vivir en armonía. Esta visita va a ser una gran ocasión porque, como decía al principio, la presencia del Papa es fundamental para los católicos, ya que viene a confirmar en la fe, que es lo propio del ministerio del sucesor de Pedro. Pero esa presencia es también una cierta garantía internacional de paz y de justicia.

Nuestro pueblo es muy abierto a toda celebración grande, popular y cercana, más allá de la fe o de la opción personal de cada uno. Creo que, desde esa cálida recepción popular hasta el mensaje mismo del Papa, todo esto será una ocasión para abrir el corazón y seguir trabajando para vivir en paz, en justicia, en solidaridad y en todas aquellas virtudes necesarias para el desarrollo del pueblo argentino.

–¿Cree que esa unión y hermandad entre los voluntarios es el reflejo exacto del mensaje de unidad que trae el Papa?

–Los voluntarios han colaborado de forma totalmente espontánea. No se trata solo de jóvenes o de personas de las parroquias, ni únicamente de Buenos Aires o del país. Hay una enorme cantidad de gente que se anotó para ayudar en tareas sencillas y humildes, lejos de estar en el escenario con el Papa. Todo esto refleja fielmente el espíritu de fraternidad y la realidad del pueblo argentino, al punto de que incluso participan voluntarios de otras religiones.

Esta participación se debe a que en la Argentina nunca hubo problemas de base respecto de la presencia interreligiosa; a lo mejor pudo haberlos en las cumbres o en los niveles dirigenciales.

Anécdotas de la visita

–Entre el protocolo y la logística, ¿qué anécdota o momento compartido con los equipos lo conmovió en la previa a la llegada de León XIV?

–Anécdotas todavía hay pocas, porque se van generando a medida que avanzan los hechos, y frente a distintos imprevistos uno va resolviendo sobre la marcha. Pero recuerdo una situación comiquísima de las visitas de Juan Pablo II que seguramente ilustra lo que pasa en estos casos.

En su primera visita, organizada muy rápidamente, en apenas quince días, se había preparado, como se hace hasta el día de hoy, un baño detrás del escenario, en la zona del Monumento a los Españoles. El problema fue que, al abrir las canillas de ese baño, por algún motivo se accionaba el motor de la fuente del monumento, de modo que el agua brotaba adentro como si fuera una fuente, y hubo que arreglarla a la mañana temprano. Fue muy gracioso porque, cuando el ceremoniero fue a revisar el lugar, se encontró con ese chorro de agua que parecía querer inundarlo todo. Quedamos todos pasmados y a los gritos. Ese tipo de cosas pasan durante los preparativos, porque uno va cambiando todo de lugar, la silla por acá, la otra por allá, para asegurarse de que salga perfecto, pero siempre queda abierta la puerta para alguna anécdota inesperada y cómica.

–Cuando la visita termine, ¿qué mensaje le gustaría que quede en los argentinos?

–Creo que lo importante de la visita es que el pueblo argentino reciba el mensaje del Papa, su palabra, y empiece a trabajar con eso. Para los católicos es un acontecimiento de gracia sobrenatural muy importante, y para todas las diócesis de la Argentina significa una renovación, empezando por los obispos y terminando por cada uno de nosotros. No es un acontecimiento social, sino propiamente la presencia de Cristo entre nosotros.

Por supuesto, el Papa no es teócrata; es decir, no pretende gobernar a los gobiernos. Pero sí busca traer un mensaje que sirva a los gobernantes, a los políticos, a los sindicalistas, a los empresarios, a los obreros y a todo el pueblo para vivir en comunidad. No desde el punto de vista político, claro, sino desde el de la paz y la justicia.