El escepticismo posmoderno abrió las compuertas. Las viejas certezas ideológicas se hundieron y la imaginación del estudioso y del literato produjo un torrente de ensayos y ficciones sobre lo que pudo haber pasado. La historia alternativa se puso de moda, llamando la atención de los investigadores más serios, como Rosendo Fraga, autor de los dos mejores libros argentinos de un subgénero que se ha convertido en una industria editorial por mérito propio.
Ahora bien, ¿se trata de -como sostenía E. H. Carr- de “un entretenido juego de salón” o bien es otra herramienta solvente para investigar el pasado? Dicho de otra forma, ¿es útil especular sobre los distintos caminos que habría podido tomar la historia?
Un apretado ensayo que hoy se consigue en las mesas de saldo de la Argentina ofrece respuestas a esos dos interrogantes con erudición, elegancia y escépticismo. Contrafactuales ¿Y si todo hubiera sido diferente? (Turner Noema, 192 páginas) fue entregado a la imprenta en 2014, pero no ha perdido una gramo de frescura e interés. El tema aún está abierto.
El autor es un prestigioso historiador inglés que se especializó en la historia política del siglo XIX y XX, con especial foco en la Alemania moderna. Básicamente, sir Richard J. Evans sostiene que las especulaciones contrafactuales solo tienen valor académico cuando se concentran en el corto plazo. Es decir, privados de verdaderos materiales empíricos, su contribución a las ciencias sociales sería marginal y siempre limitada a objetivos puntuales.
La reescritura mínima de la historia, afirma Evans, puede ser necesaria para iluminar "las decisiones a los que se enfrentaron determinados políticos y estadistas y las limitaciones que el contexto histórico impuso sobre esa decisión... pero cuando más se aleja del punto de partida más utilidad pierde"... Sería más literatura que conocimiento, es su tesis.
La bestia negra de Evans es nada menos que un pionero en este campo, Niall Ferguson, el autor y compilador del ensayo coral Historia virtual, uno de los grandes libros del fines del.siglo XX (Ferguson, dicho sea de paso, es un gran admirador de Javier Milei, al punto que visitó Buenos Aires el año pasado).
Evans no sólo se dedica a demoler las premisas de Ferguson en favor de la indagación contrafactual sino que refuta sus conjeturas sobre lo que hubiera pasado en Europa si Gran Bretaña se mantenía neutral en 1914. Lo acusa, aunque veladamente, del peor defecto entre los que se dedican a reflexionar sobre lo que pudo haber pasado: proyectar sus deseos.
Polémicas al margen, el libro tiene otro valor añadido: señala lecturas interesantes. Quien esto escribe, por ejemplo, anotó en su cuaderno de notas: conseguir libros y artículos de Peter Tsouras, un teniente coronel retirado de Estados Unidos que exploró un desastre aliado en Normandía, una Tercera Guerra Mundial, un intervención británica a favor de los Confederados, entre otros supuestos. Y La algarabía de Jorge Semprum, ucronía publicada en 1981, que sitúa la acción en una Francia en la que el presidente Charles de Gaulle ha muerto prematuramente en un accidente de helicóptero. Y el cuento de Saki Cuando llegó Guillermo que describe una Gran Bretaña que gime bajo la bota de hierro del Kaiser.
Por fortuna, Evans es uno de esos catedráticos que también disfrutan de esas obras que provienen del "trance embriagador de la imaginación especulativa". Por eso, cubre de elogios, entre otras, la popular Fatherland
de Robert Harris, una distopía ambientada en Alemania en 1964, bajo el supuesto de que Hitler ganó la Segunda Guerra Mundial.
Y rescata Evans la primera historia alternativa "extensa y reconocible". Un panfleto escrito en 1836 por un tal Louis Geoffroy con el título Napoleón y la conquista del mundo. Aquel afiebrado bonapartista concibe que el emperador en lugar de tratar de conquistar Moscú marcha hacia el norte rumbo a San Petersburgo, inflige una severa derrota al ejército ruso, captura al zar Alejandro y ocupa Suecia. Después, completa la conquista de España, invade Inglaterra y la destroza. En 1817 borra a Prusia del mapa; cuatro años más tarde arrasa un ejército islámico cerca de Jerusalén y se lleva la Piedra Negra a París. En 1827, todos los presidentes de América pidieron su incorporación a Francia después de que Napoleón conquistara China y Japón...
Hay que destacar, por último, que Evans reconoce a la historia alternativa una enorme contribución filosófica:
”...su intención explícita es recuperar el libre albedrío y la contingencia de la historia y restablecer el actor individual en una historia estudiada demasiado a menudo en términos de fuerzas impersonales".
La libertad, por encima de todo.
Ninguna persona razonable puede hoy en día ser un determinista, sostenemos desde esta trinchera. Sólo los encadenados a los dogmas del estalinismo, coincide Evans.