Milán (especial) - Después de sus celebradas actuaciones en el Metropolitan en octubre de 2025 (‘La Sonámbula’), y su excelente recital en el Colón, Nadine Sierra (38) prosigue su resonante trayectoria en los más altos escenarios internacionales. Se presentó ahora en el célebre coliseo milanés, que recién inicia su temporada, y su labor, frente a un público como se sabe difícil y exigente, enhebró un nuevo éxito en una carrera que si se quiere en poco tiempo ha ido permanentemente in crescendo.
Al cabo de la función, conversamos con la soprano de Fort Lauderdale, quien pese a sus antecedentes familiares casi no habla español, y además de la alegría por la repercusión obtenida en la metrópolis de los Sforza, el Duomo, la Galería Vittorio Emmanuele, recuerda con simpatía su primera visita a Buenos Aires (‘Elisir d’Amore’, 2022).
Lo cierto es que su Violetta fue extraordinariamente comunicativa en todas las diversas facetas de su complejo personaje, tanto en las frívolas como en las más sensibles de su trágico y tan apasionado amor. Paralelamente con ello, se distinguió asimismo por su registro aterciopelado, siempre bien cubierto, y manejó con tiempos lentos, meditativos, alargados, de tocante belleza, sus exquisitas frases del tercer acto, sollozando finalmente con patente emoción el tutto finí de ‘Addio del pasato’.
En los otros papeles, el barítono austro-ruso Boris Pinkhasovich (Germont) acreditó un canto noble y lleno de matices, al tiempo que el tenor Piero Pretti (Alfredo) cumplió un cometido más bien opaco.
La puesta de ‘La Traviata’ corrió por cuenta de Liliana Cavani. Muy aplaudida (fue ovacionada durante más de diez minutos), la famosa directora de cine y de teatro italianos (93) se encargó de refrescarla, siempre con el concurso del escenógrafo Dante Ferretti. La versión original se estrenó en 1990 y se presentó ya casi cien veces. Es la segunda régie más vista en toda la historia de la Scala. Un ejemplo de teatro de repertorio, sugerente, pero de fácil comprensión y lectura, por completo opuesto al denominado “regietheater”.
En el podio y al frente de la magnífica orquesta del teatro milanés estuvo Michele Gamba, maestro relativamente joven, discípulo de Barenboim, quien alternó momentos impetuosos con otros de mayor sutileza.