Suplemento Económico

Montaña rusa

Sería un exceso asegurar que la Argentina fue alguna vez un país tranquilo. Las hojas sepia de los libros de historia nos traen recuerdos ensangrentados de enfrentamientos varios, guerras civiles, elecciones fraudulentas, el duelo por Malvinas, represión, dictadura, huelgas y desocupación.

Por debajo de ese encadenamiento trágico subyace, sin embargo, la idea de que el país tuvo, en cambio, largos pasajes de prosperidad económica. Que existieron décadas en las cuales, pese al chisporroteo político, la sociedad argentina podía estar segura de un puñado de cosas. Aunque sólo fuera un puñado.

Convulsiones mediante, el país de nuestros ancestros se permitía ser previsible desde lo económico. Los argentinos podían hilvanar entonces tres verbos clave: ganar-ahorrar-progresar.

El retorno de la democracia, hace ya 43 años, consolidó la institucionalidad –con sus más y con sus menos- pero, paradójicamente, no supo administrar la economía, lanzada en una montaña rusa de lastimosas consecuencias.

Para quienes no vivieron aquellas épocas suele ser difícil armar la representación mental de una Argentina previsible. Debe ser algo así como lo que escribió el rosarino Jorge Riestra (1926-2016) en su libro Principio y fin: “…y por sobre todo ello, flotando, y también sobre nosotros, una madura y serena sensación de seguridad, tan vieja o tan joven como cada uno de nosotros lo era, no en el sentido de creer que fuéramos inmortales sino en el de la certeza de que la vida se desarrollaba uniformemente por cauces de justicia, trabajo y paz que nada  ni nadie, ni en nuestra vida ni en la de nuestros hijos, podría resquebrajar, hacer añicos o volar en pedazos”.

Esa Argentina hace rato que ya no existe más.

PRUEBA Y ERROR

En los sucesivos ensayos de prueba y error de modelos económicos destinados a poner de pie nuevamente al país, hoy toca la experiencia libertaria. En la última semana los militantes de las Fuerzas del Cielo dieron en el  Senado un paso que puede resultar histórico: la media sanción de la ley de reforma laboral por 42 votos a favor y 30 en contra.

En un par de días le tocará debatir a la Cámara de Diputados, reunida en sesiones extraordinarias.

El presidente de la Nación, Javier Milei, celebró la conquista en su cuenta personal de la red X: “Histórico. VLLC!”.

Con la media sanción en el Congreso lo que ha hecho La Libertad Avanza es acercar un poco más a la realidad el sueño acunado durante tanto tiempo por los viejos liberales que soñaban y sueñan con un país desregulado, flexible, despojado del corsé de normas laborales que tanto le molestan a los empresarios y que, al menos hoy en día, tan poco beneficia a los trabajadores.

El desempleo en la Argentina alcanza al 6,6% de la población económicamente activa, pero se estima que el trabajo informal, es decir aquellas tareas no registradas por las cuales el trabajador no recibe ningún beneficio social, escala al 38%. Hace rato que la economía no genera puestos de trabajo formales, de allí que los economistas de uno y otro palo coincidan: “Algo hay que hacer con el trabajo”.

En la bolsa de la reforma laboral ingresaron temas candentes tales como la habilitación de convenios colectivos por empresas, tanto tiempo resistidos por un sindicalismo que hoy languidece -¿alguien vio a los muchachos de la CGT?-; el tope para las indemnizaciones por despido; la creación de un banco de horas –jornadas más largas son compensadas con otras más cortas-, que liquida la previsibilidad de las 8 horas; cambios en los períodos de prueba y ajustes en las multas por tener empleados no registrados, entre otros.

Lo cierto es que la Argentina real hace tiempo ya que ensaya estas variantes de facto.

Cualquier persona más o menos calificada que haya ingresado en el merado laboral en los últimos años, donde reina la tiranía del Monotributo, sabe que el entramado de leyes laborales tiene orificios por onde se escurren con facilidad los derechos conquistados.

Cuántos retoques sufrirá en Diputados lo que en la semana aprobó el Senado, y qué formato finalmente tendrá la ley de reforma laboral, es un albur. Sería clave encontrar cierta armonía entre la seguridad que siempre busca la empresa en su afán de renta y las certezas existenciales que necesita el empleado.

El paquete aprobado rechina en algunos puntos como el banco de horas. Considerar que las ocho horas de trajín diario es apenas una cuestión de organización numérica es claramente un error. La vida del trabajador no tiene sólo una dimensión laboral. Contar con un período fijo le permite planificar el resto de su tiempo.

Puede llevar a sus hijos a practicar deportes, capacitarse, ir a jugar un picado con los amigos o visitar a los padres. Trabajar 10 horas hoy; 4 mañana; 6 pasado, lo envuelve en la incertidumbre, lo convierte en un ser destinado sólo a la labor. 

INFLACION

Entre la hojarasca de la inútil polémica por el destino del sable corvo del general San Martín emergió en la semana el dato de la inflación de enero, que fue del 2,9% promedio.

El rubro Alimentos y Bebidas encabezó el ranking con incrementos del 4,7%, donde la carne de pollo dio un salto del 8,9%.

Detrás de los datos duros que difundió el organismo permanece el rescoldo de la polémica nacida luego de que el Gobierno decidiera postergar la implementación del nuevo indice de precios, elaborado sobre la renovada Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares.

El inexplicable retardo disparó la renuncia del titular del Indec, Marco Lavagna, cosa ya sabida. Lo curioso tras tanta polvareda es que de haberse aplicado el nuevo esquema la inflación no habría sido del 2,9% sino de 2,8%.

La diferencia entre uno y otro modelo radica en que la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) del 2017-2018 -en reemplazo del relevamiento de 2004- pone en vigencia una canasta que refleja más fielmente la suba de precios. Por ejemplo, en el rubro Vivienda, Agua, Electricidad y otros combustibles la ponderación pasa de 9,4% a 14,5%.

El problema con que se topa el Gobierno ante este tibio rebrote inflacionario es que tiene atada la negociación salarial a un techo del 2%. Si los guarismos mensuales empiezan a estar más cerca de 3 que de 1, bien podría tambalear el castillo de naipes.

Los economistas que avalan la política del Gobierno, caso Iván Cachanosky, de la Fundación Libertad y Progreso, se esfuerzan por encontrarle un lado positivo a la suba de precios. “Hubo un fuerte componente de estacionales. La buena noticia es que la inflación núcleo bajó por primera vez desde septiembre y se ubicó por debajo de nivel general”, analizó. Veremos.

 PUNTO MUERTO

Mientras tanto, la actividad productiva sigue en punto muerto, fruto de la desaceleración del consumo. Hace algunos días el presidente del Banco Provincia, Juan Cuattromo, puso énfasis en el aumento de la morosidad en los créditos familiares y señaló que hay que remontarse a la década del ‘90 para apreciar un fenómeno semejante.

El rubro de la Construcción, fuerte generador de empleo, también sufre lo suyo, fundamentalmente por la merma de la obra pública. De hecho, en enero el Indice Construya -mide los volúmenes de insumos vendidos al sector privado- tuvo una baja mensual del 11,6% y una retracción del 1,1% con respecto a igual mes del año pasado.

Sin plata, el Gobierno apuesta a que sea el ahorro de los argentinos el que finalmente ponga en marcha el motor de la economía. De allí que reglamentó la ley de Inocencia Fiscal que facilita el blanqueo de los dólares guardados fuera del sistema.

Desesperado por sumar chirolas, el fisco hará la vista gorda. Desde la trinchera bonaerense, adonde anida el malherido kirchnerismo, advirtieron que el mecanismo sólo favorece a los ricos que durante años hicieron un deporte de la evasión impositiva.

El 2026 será el año en que el Gobierno apriete a fondo el acelerador de las reformas. Tiene margen para generar descontento. Hoy le toca al ámbito laboral, mañana tal vez sea la tan ansiada modernización del sistema impositivo. Luego vendrá el 2027, la carrera por la reelección y la necesidad de restañar heridas. 

El Monitor del Humor Social que elabora la consultora D’Alessio Irol / Borensztein publicó un encuesta según la cual un 45% de la población cree que la economía estará mejor dentro de un año y un 52% evalúa que empeorará. Los números reflejan el respaldo electoral recibido por el Gobierno en las legislativas de octubre. En tanto, el Indice de Incertidumbre Económica de la Universidad Católica Argentina (UCA) marca que se consolida la tendencia descendente del fenómeno.

Pese a todo, y en ese todo entran las pymes que cierran, el aumento del desempleo, la economía que no arranca, el descuido de lo público, el ajuste permanente, buena parte de los argentinos elige creer. No hay otra.

“Tuvimos un gran país -dice Luisito, el técnico electricista, mientras trabaja tirado en el piso sobre el motor de una heladera de fabricación nacional. Acá hacíamos de todo. Como ésta, un fierro. Después no sé que pasó, pero nos vinimos abajo. Bueno, sí sé qué pasó”. Todos sabemos.