Javier Milei recibió este viernes a Manuel Adorni en la Quinta de Olivos en una nueva señal de respaldo al jefe de Gabinete, en medio de la tensión interna y legislativa generada por la causa por presunto enriquecimiento ilícito que investiga la Justicia. El encuentro tuvo como eje el seguimiento de la gestión, la continuidad de la agenda de reformas y la estrategia del Gobierno para contener el desgaste político que provocó el caso patrimonial del ministro coordinador.
En la Casa Rosada repiten que el Presidente no evalúa remover a Adorni y que no permitirá que la oposición ni el Congreso definan la continuidad de un funcionario de su confianza. La postura oficial es mantenerlo en el cargo mientras no exista una resolución judicial de fondo en el expediente que tramitan el juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita.
La señal de continuidad tendrá una nueva escena este sábado en Rosario, durante el acto por el Día de la Bandera. El Gobierno convocó a un gabinete ampliado y espera reunir a ministros, funcionarios de primera línea y referentes parlamentarios del oficialismo. Adorni estará presente, según confirmaron desde Nación, en una imagen que el Ejecutivo busca utilizar para transmitir unidad en un momento de fuertes cuestionamientos.
La crisis, sin embargo, ya tuvo impacto en la agenda parlamentaria. En el oficialismo admiten que el caso frenó parte de las negociaciones legislativas y obligó a acelerar conversaciones con bloques aliados para evitar derrotas en el Senado. La Cámara alta postergó la sesión prevista para esta semana y convocó una nueva instancia para el 25 de junio, donde la oposición intentará avanzar con el pedido de interpelación del jefe de Gabinete previsto para el 2 de julio.
En paralelo, dentro del oficialismo analizan modificar el criterio parlamentario para ese procedimiento. Algunos sectores libertarios buscan que la interpelación requiera dos tercios de los votos y no mayoría absoluta, con el objetivo de elevar la barrera para avanzar contra Adorni. La maniobra, sin embargo, generó malestar entre bloques dialoguistas que reclaman una salida política antes de que el conflicto escale en el Congreso.
Cerca de Karina Milei sostienen que Adorni es un funcionario “intocable” para el Presidente y que su continuidad expresa una decisión política. El jefe de Gabinete fue impulsado por el sector cercano a la secretaria general de la Presidencia y una eventual salida sería interpretada como un golpe para ese espacio interno, en plena etapa de armado territorial y electoral.
Pero la presión no desapareció. Dirigentes del oficialismo reconocen que el episodio debilitó la posición de Adorni y que pasó de ser uno de los principales voceros de la gestión a convertirse en un problema para la negociación legislativa. En algunos despachos incluso admiten que existen escenarios alternativos si el conflicto judicial o político aumenta.
Uno de los focos de tensión está puesto en el Senado, donde Patricia Bullrich marcó diferencias al referirse a las explicaciones patrimoniales de Adorni y hablar de una “omisión ética”. Sin embargo, la dirigente también quedó involucrada en las negociaciones para evitar que el recinto se transforme en una derrota para el Gobierno. Su rol resulta clave para mantener el vínculo con sectores aliados.
La preocupación oficial también alcanza a Diputados. El Gobierno analiza con cautela los tiempos para avanzar con iniciativas como el Súper RIGI, proyectos de desregulación y acuerdos vinculados a la estrategia económica, ante el temor de que cada sesión se convierta en un escenario para nuevos cuestionamientos contra el jefe de Gabinete.
Milei intenta volver a instalar la agenda de gestión y correr el foco hacia los resultados económicos, las inversiones y las reformas estructurales. En el Ejecutivo creen que el impacto del caso ya golpeó sobre la imagen presidencial y que, con la cercanía del escenario electoral, la discusión pública volverá a concentrarse en la disputa entre modelos políticos.
Por ahora, la decisión presidencial es clara: sostener a Adorni, mostrarlo activo y evitar que su futuro quede definido por la oposición. La reunión en Olivos y la foto que prepara Rosario serán parte de esa estrategia. Pero en la Casa Rosada saben que el respaldo también tiene un costo: mientras Milei lo protege, el conflicto sigue condicionando la agenda del Gobierno.