“Ya no soy el que fui; el mandar da nueva alma”.
Tirso de Molina (El vergonzoso en Palacio)
Hoy a mediodía Javier Milei se presentará en el foro de Davos para pronunciar un discurso de unos 30 minutos. En esta oportunidad viajó al encuentro de la élite económica mundial junto al ministro de Economía, Luis Caputo, que había faltado en 2024 y 2025.
¿Por qué el cambio? Porque el presidente argentino se parará frente al atril exhibiendo un éxito contundente. Bajó la histórica inflación argentina en un 85% en dos años, está pagando la deuda, exhibe un superávit fiscal de 24 meses consecutivos, tiene expectativas ciertas de crecimiento económico según el FMI y, además, gana elecciones.
Un caso para el Guinness de ajustes ortodoxos. A lo que se puede agregar la violencia callejera neutralizada, la dirigencia “progre” desorientada y los políticos profesionales sin reacción.
El auditorio espera que pronuncie la habitual diatriba contra el socialismo, la cultura “woke” y el feminismo. Pero no sería su mismo discurso de siempre, aunque no le cambie una letra, porque Milei no es el mismo. Es un Milei que acertó con la economía y también con la política exterior.
Por otra parte, tampoco el mundo es el mismo. La irrupción de Trump ha causado un shock que destruyó la ya escasa relevancia de los organismos multilaterales. El estado de naturaleza es cada cada vez más palpable.
Ese nuevo escenario quedó a la vista en los casos de Irán, Gaza y Venezuela. Décadas de gobiernos norteamericanos y europeos complacientes con la penetración islámica y el avance de regímenes narcos chocaron de frente con el resucitado expansionismo de Washington. En el Caribe reapareció la política de las cañoneras (ahora portaviones) y en el Oriente medio, la versión más dura de la potencia militar israelí. Rusos y chinos, a callar. Europeos, alarmados.
La estrategia de Trump está en plena expansión. Milei se alineó con ella desde el primer momento y a la hora de las recompensas cobró en efectivo y por adelantado. Durante la campaña electoral del año pasado, cuando la presión sobre el tipo de cambio estaba a punto de dinamitar el plan de estabilidad, apareció el Tesoro norteamericano para poner un dólar sobre otro.
El apresamiento de Nicolás Maduro cambió también de lugar las piezas del tablero hemisférico. Sus valedores, Lula, Petro y Sheinbaum, quedaron mal parados. Milei se fortaleció mientras crece el bloque de los países con gobiernos de pronorteamericanos en Centro y Sudamérica. Dicho sea de paso, en Davos Milei se cruzará con sus pares de Ecuador y Panamá, ambos de derecha y alineados con Washington.
En resumen, todo fluye y Milei ya no representa el personaje excéntrico de un país periférico, ni un energúmeno fanático del mercado, sino un gobernante probado. Ya no peregrina por los medios para difundir su catecismo libertario. Le dieron el poder y lo usó eficazmente para sortear una crisis terminal. Habrá que ver cómo utiliza ahora sus 30 minutos en Davos.