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SIETE DIAS DE POLITICA

Milei no cambia y va al choque contra medios y empresarios

En el Consejo de las Américas pronunció un discurso confrontativo y ratificó el plan económico. Los datos oficiales describen una realidad por completo distinta a la de los medios y los políticos.

La clave de las próximas elecciones no es que la campaña se haya adelantado casi un año y medio; es que Javier Milei hace campaña con una receta que funcionó en 2023 y 2025, es decir, la de la estabilidad macro como clave para alcanzar el despegue de la economía, mientras el peronismo, los empresarios que siempre lo acompañan y los medios opositores hacen campaña con la receta tradicional, asegurando que la racionalidad fiscal es recesiva y “cruel”, promoviendo un modelo “productivo” prebendario y atribuyéndose el monopolio de una sensibilidad social que no demostraron en la práctica al dejar el gobierno con más de la mitad de la población por debajo de la línea de la pobreza.

Milei confía en que su modelo económico lo llevará al éxito nuevamente el año próximo por lo que soltó ante el Consejo de las Américas el jueves pasado su diatriba habitual contra la oposición en todas sus versiones. Aseguró ante la élite de los hombres de negocios que la versión negativa que dan medios y economistas es producto de “la ignorancia y la mala intención”. “Deben tener las herramientas bastante oxidadas”, remató.

Mientras el presidente hacía esas afirmaciones el líder de los empleados públicos nucleados en ATE, el gremialista Rodolfo Aguiar, alertaba ante una módica concurrencia que lo siguió hasta las puertas del Ministerio de Economía sobre un inminente “estallido social” por los morosos del sistema financiero.

“No hay que descartar que sea el alto nivel de endeudamiento el que se termine convirtiendo en el desencadenante de un estallido social en el país, profetizó el sindicalista “K”. La situación que en este momento atraviesan millones de hogares en Argentina es dramática”. Una expresión de deseos que reunió menos gente que Pablo Moyano el día de San Cayetano.

En suma, un choque entre la última versión del “estamos mal, pero vamos bien” y la profecía de un apocalipsis sindical y popular. Pero no existen solo las versiones de medios, sindicalistas y opinadores: están también los datos que, en general, le dan la razón al Presidente. Algunos ejemplos. El dólar sigue bajo control en $1.500. Las presiones devaluatorias fracasaron y el Banco Central sigue comprando divisas norteamericanas. Las reservas brutas superaron el jueves los 50 mil millones de dólares.

El viernes los mercados cerraron con bonos y acciones en calma. El riesgo país, cuestión con la que machacó la prensa, bajó 5,4% hasta 500 puntos básicos. En este tema los especialistas explicaron que los aumentos anteriores obedecían al hecho de que el dato de referencia, el riesgo en los EE.UU., subía. También que la estabilidad local se mantuvo, a pesar del viento de proa internacional desatado por la agresiva política externa del gobierno de Donald Trump.

La inflación mayorista de mayo empezó con cero: 0,8%. En lo que respecta al “metro cuadrado” de la gente de a pie, hubo noticias contrarias a una supuesta recesión. Según datos oficiales, la actividad económica creció el 2,7% en junio y el 1,3% en el primer trimestre.
En el comercio exterior estuvieron, de todas maneras, los datos que explican la situación política mejor que un congreso de encuestadores.

En julio el superávit del comercio exterior fue de 2.115 millones de dólares con exportaciones por 8.800 millones. Esto es, un 114% más que en julio de 2025. En el período enero-junio de este año el superávit fue de más de 15.800 millones, vale decir, un 366% más que en igual período del año pasado.

Esto es lo que permite a Luis Caputo manejar el dólar en la franja que quiere. Es también lo que lo protege de las torvas amenazas del sindicalismo. No lo van a correr con una crisis cambiaria como a Fernado de la Rúa o a Mauricio Macri. Esto es lo que envalentona a Milei y lo lleva a desafiar a empresarios como Rocca o Madanes (ver “Nueva generación de empresarios” en “VISTO y OÍDO”). La última clave del poder está en disponer de billetes verdes. En el campo estrictamente político, en cambio, Milei no juega con tanta ventaja. Los problemas operativos siguen en el Congreso, donde los proyectos más relevantes continúan empantanados.

La Casa Rosada no consiguió aprobar a esta altura iniciativas como el “super rigi”, ni la de inocencia fiscal, que pueden tener un impacto favorable en la economía para el año electoral. Esto ocurre por dos motivos: uno estratégico y otro de conducción. En el primer caso, Milei impulsa proyectos desreguladores de Federico Sturzenegger --que afectan intereses corporativos y son de trámite complejo-- en lugar de concentrarse en los que elabora Luis Caputo. El segundo es que Karina Milei está en pleno cambio de operadores en el Senado, Diego Santilli por Patricia Bullrich, pero los buenos resultados tardan en llegar.