Recibió amplia difusión una encuesta de la consultora Trespuntozero que reveló una fuerte caída de la aprobación a Javier Milei del 42% a 37% en el primer trimestre del año. Las opiniones negativas crecieron proporcionalmente hasta casi el 60%.
La directora de la consultora declaró a la prensa que se había producido un cambio de “humor social”, porque el poder adquisitivo que estaba al límite había estallado y puesto fin a “la paciencia” de los ciudadanos (ver “Cambio de preocupaciones”).
Resultó llamativo, sin embargo, que los mercados no reflejaran ese malhumor
. En el mismo medio ante el cual la directora de Trespuntozero había denunciado el creciente enojo con el gobierno quedó registrados al día siguiente un hecho a contrapelo de tanto pesimismo: el dólar mayorista cerró la semana a $1.390,50, su menor cotización desde el 24 de febrero. El oficial había quedado en $1.410 en el Banco Nación.
Conclusión: Habrá mal ambiente, habrá enojo, pero desconfianza, no.
Esto sucedió además en un marco internacional adverso para economías precarias como la Argentina a causa de una guerra que estrechó dramáticamente el envío de gas y petróleo a los mercados globales. A lo que se sumó una etapa de incertidumbre financiera que en otras épocas hubiera disparado una catastrófica fuga de capitales de la Argentina. Todo lleva a suponer que los inversores no tienen la misma opinión que los sociólogos, economistas y periodistas nativos que profetizan sin descanso el derrumbe del plan económico.
Dicho sea de paso, el FMI tampoco parece compartir ese ominoso pronóstico sobre el futuro del país. La vocera del organismo respaldó el jueves a la Argentina declarando que lleva “relativamente bien” las consecuencias del conflicto entre los Estados Unidos, Israel e Irán, es exportadora neta de energía y que su acumulación de reservas ha resultado satisfactoria.
Sin embargo, un diluvio de malas noticias predomina en los medios: el estancamiento del programa antiinflacionario, el aumento del desempleo, el aumento de las tarifas, el cierre de empresas, etcétera. El viernes un importante medio porteño hasta anunció que el ministro Luis Caputo estaba preparando un “default” selectivo a causa de sus dificultades fiscales. Según esa especie, “reprogramaría”, la deuda local y otros pagos del Estado.
La versión no tuvo el menor efecto concreto, pero planteó una situación inédita. La de medios netamente opositores que se desgañitan denunciando que el rey está desnudo, mientras todo el mundo lo sigue viendo vestido.
De todas maneras, noticias y versiones agoreras parecen haber sembrado el pesimismo que reflejan los sondeos de opinión pública, razón por la cual las embestidas de Javier Milei contra los periodistas se repiten con virulencia creciente. En Córdoba denunció que los medios estaban haciendo una “carnicería” contra su gobierno, al mismo tiempo que siguió machacando a dos empresarios estrella del establishment, Paolo Rocca y Javier Madanes, a los que llama “empresaurios”.
La furia persistente contra estos dos hombres de negocios responde a una estrategia cada día más transparente. Con el debido respeto: la de pegarle al chancho para que aparezca el dueño. Más les pega, más fuerte salen los medios contra el gobierno. Más nítida aparece la cohesión corporativa.
Prueba con esto su tesis de que la verdadera oposición a su gestión está encarnada por el Círculo Rojo y su aparato de difusión y no por los políticos que forman parte del “régimen” (falaz y descreído, diría Yrigoyen) y del “capitalismo de amigos” (diría Roberto Lavagna).
En ese sentido resultó revelador otro sondeo difundido en las últimas horas por la consultora QSocial, ligada a un ex gobernador chubutense. Hablando de aprobaciones y desaprobaciones, la medición reveló que el 74% de los consultados desaprobaba el comportamiento opositor y el 53% consideraba que la oposición no estaba preparada para gobernar.
Quedó por lo tanto a la vista que la corporación que más resiste la transformación no es la política, ni la sindical, sino la empresaria. Allí no hay renovación posible: los dirigentes son los mismos, gobierno tras gobierno, y sus políticas e intereses son inmodificables. Si se los expone a la libre competencia y se les exige eficiencia difícilmente sobrevivan.
Resultó paradigmática en ese terreno la denuncia de la ex mano derecha de Julio de Vido ante el tribunal que lo juzga en la causa “Cuadernos” sobre la visita que le hizo en la cárcel el ex presidente Alberto Fernández. Según el propio Roberto Baratta, Fernández le pidió que no denunciase a importantes empresarios que pagaban coimas al gobierno “K”. Ese episodio pinta de cuerpo entero la matriz del sistema contra el que Milei apunta sus misiles y con el que no muestra dispuesto a contemporizar.