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SIETE DIAS DE POLITICA

Milei aprendió que la “casta” y el régimen son cosas distintas

El Gobierno quiso reducir el costo del practicaje en puertos, pero un paro gremial lo frenó. La lucha contra el régimen corporativo y sus prebendas es más ardua que contra el PJ.

 

Javier Milei recibió una lección política en la semana que acaba de concluir: no debe confundir sus enemigos. La lucha contra la “casta” política a la que atribuye la decadencia de la Argentina es apenas uno de sus opositores. El régimen corporativo consolidado por la “casta” después de décadas de entregarle prebendas, privilegios y canonjías es un adversario más duro todavía.

Primer ejemplo, Federico Sturzenegger impulsó la desregulación del practicaje en los puertos, pero a las pocas horas tuvo que suspenderla porque un paro fulminante de los afectados frenó la actividad con un costo casi 20 millones de dólares diarios solo en buques inactivos.

El nuevo régimen habilitaba la contratación libre de profesionales y establecía tarifas máximas con el propósito de rebajar el llamado “costo argentino” que el gobierno estima en algunos casos en el cuádruple del internacional. Finalmente los afectados aceptaron levantar el paro y, antes aún de sentarse negociar, aplicar una rebaja del 20% a sus tarifas. Es decir, que estaban cobrando hasta entonces un 20% inexplicable.

Pero el episodio no fue la única muestra de la resistencia del “ancien régime”. En la madrugada del viernes el oficialismo logró la ardua sanción en el Senado de un proyecto de “inviolabilidad de la propiedad privada” al que le tuvo que recortar un título que permitía la compra de tierras rurales a ciudadanos extranjeros.

En realidad, era una ampliación del cupo de compra ya existente del 15 al 25%, pero la oposición la impugnó calificando la medida de “extranjerización” territorial, entrega, cipayismo y otros lugares comunes del léxico peronista. Es decir, camufló intereses inmobiliarios detrás de una reivindicación de la integridad del territorio.

De haberse habilitado el ingreso al mercado local de compradores extranjeros el precio de la hectárea en la zona núcleo habría crecido hasta un nivel imprevisible. Eso es lo que quedó bloqueado por la oposición y tomó al oficialismo por sorpresa. Los habituales aliados parlamentarios de Patricia Bullrich reprodujeron los argumentos del nacionalismo más cerril e inaplicables al caso. Los gobernadores habitualmente colaboracionistas desertaron.

Conclusión: al Gobierno le faltó previsión y, rápida de reflejos, la oposición se unió de inmediato para derrotarlo cuando vio que exponía un flanco débil. Los medios se encargaron del resto.

Enseñanza para el oficialismo: o hace mejor las cuentas en el Congreso o posterga las reformas de fondo que afectan intereses corporativos hasta después de la campaña presidencial.

En ese sentido tiene que separar su programa desregulador del plan económico de estabilidad que está consolidando Luis Caputo con un ingente acopio de dólares. El ministro quiere evitar en 2027 un intento de corrida como el de 2025.

Además de juntar dólares, la estrategia de Caputo consiste en evitar cualquier sospecha por parte de los mercados de alteración con fines electorales de la motosierra fiscal o de la restricción monetaria. En materia de comunicación aprovecha toda oportunidad disponible para ratificar el rumbo. El caso paradigmático de la semana fue el de su polémica con la conducción de la Unión Industrial.

Antes la Cámara de Agentes de Bolsa sostuvo que “la industria en esos años (de 2011 a 2023), en el modelo de los cracks anteriores, cayó 10% a pesar de estar subsidiada en tarifas por todos los argentinos, porque todos los boludos como nosotros pagábamos las cosas 10 veces lo que valían”. Le dedico el esclarecedor párrafo a “todos los tarados que hablan de la industria”, periodistas y devotos del “capitalismo de amigos” del que alguna vez habló Roberto Lavagna.

Ante la molestia del presidente de la UIA, Martín Rapallini, José Luis Daza insistió con que “entre 2012 y 2023 en Argentina se castigó a toda la economía, especialmente al campo y a los consumidores, para supuestamente "ayudar" a la industria. Argentina aplicó algunas de las formas más extremas de proteccionismo. Se aisló del mundo y distorsionó completamente el sistema de precios con subsidios, impuestos y un conjunto de políticas que generaron déficits, inflación, brecha cambiaria y estancamiento. Nos convertimos en una de las economías más cerradas del mundo para, supuestamente, "ayudar a la industria". ¿El resultado? La producción industrial cayó 9,6%”.

En suma, Daza declaró al gobierno industrialista, pero de una industria competitiva.

Conclusión: el equipo económico no solo mantiene el dólar y la inflación bajo control, sino que tiene que defenderse políticamente por su cuenta. Ese es el déficit más peligroso de la administración Milei y deberá ser eliminado sino quiere que la reelección se le complique aunque tenga un peronismo descalabrado enfrente (ver “Mauricio no afloja” en “VISTO Y OÍDO”).