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Messi, decime qué se siente

¿Cómo será estar dentro de la cabeza de Messi? ¿Qué sentirá ese hombre que juega y llora como un niño a los 39 mientras mira a la hinchada, luego de otra hazaña? ¿Por qué en casa todos gritan en el sofá? Algunos lloramos de emoción, de alegría. Lloramos porque estamos muy contentos. Queremos que no se termine… Que no se termine el Mundial para Argentina. Y no se termina.

¿Cómo será pegarle con el empeine y que la pelota le rompa el arco al egipcio Mostafa Shobeir Oufa? ¿Qué se sentirá en el pie y en el corazón empatarlo así? ¿Qué se sentirá ser Messi y tener el poder de alegrar a un pueblo entero jugando al fútbol mejor que nadie? ¿Que se sentirá?

Lo que hizo ayer el genial capitán nunca lo olvidaremos. Somos contemporáneos al tipo. Somos privilegiados de verlo. No habrá ninguno igual, no habrá ninguno. ¿Quién se anima a discutir eso? Lo que hizo fue inolvidable, otra vez milagroso. Y parecen injustos los elogios si se piensa en el resto de sus compañeros, que también son geniales. Pero Messi los opaca, sin querer ni proponérselo, los oscurece.

Porque Julián, Paredes, Cuti, Enzo, Lautaro… la rompieron también. Fueron clave para esta remontada que quedará en la historia de los mundiales. Porque Argentina es un equipo que no se acaba en Leo, pero sí que empieza en él. Difícil de explicar el asunto. Messi es celeste y blanco y habla en rosarino. Representa el talento y la magia pero también el esfuerzo y la resiliencia. Todo al mismo tiempo. Todo en su cuerpo y alma.

No tuvo nada fácil. Desde el comienzo. Nada. Desde que se fue a probar a River y en Newell´s no le dieron el pase cuando era un enano escurridizo. Nunca le regalaron lo que se ganó. Allí otra contradicción porque, cuando lleva la pelota al pie, parece sencillo el viaje que hace, como si los rivales le obsequiaran el espacio y el tiempo. Como si todo fuera una pavada.

Y ahora llora. Es martes, son las tres de la tarde y los chicos que salieron antes del colegio lo ven. En las casas, por lo menos en las de quienes tienen la suerte de poder detener la vida durante un lapso de dos horas, los televisores muestran el primerísimo primer plano de la cara de Messi. Tiene los ojos mojados, la respiración entrecortada…

Todo eso veo y me hundo en mi sillón. No puedo decir palabra. Y lloro como llora él, bajito, sin ruido. Me da un poco de vergüenza la escena porque ya soy un tipo grande, que vivió momentos buenos y malos... como la mayoría de los mortales. Me da pudor porque esto es fútbol nomás… Pero no puedo impedirlo. Pienso solamente en Messi y lo acompaño en el llanto. No quiero que se den cuenta mis hijos, que no paran de reírse y de gritar que lo aman.