‘Mefistófeles’. Opera en tres actos, prólogo y epílogo, con texto y música de Arrigo Boito. Puesta en escena y dirección: César Tello. Con: Bruno Santoro Sciaini, Jerónimo Vargas Gómez, Graciela De Gyldenfeldt, Mónica Koggionis, Miguel Alberto Balea, Julián Decapua, Coro de Niños (direc.: Natalia Vivas), Coro y Orquesta Estables de Clásica del Sur. El sábado 11 en el Palacio Cangallo.
Es realmente meritorio el esfuerzo que viene desplegando, en crecimiento constante, la Compañía Artística Clásica del Sur, “organización creada sobre la base del trabajo colectivo y el aporte de todos sus integrantes”.
Siempre bajo la guía del maestro César Tello, su alma mater, la entidad celebró el sábado nada menos que sus quince años de actividad con una acometida desde ya briosa. Porque ‘Mefistófeles’ (‘Mefistofele’, de la que se suprimió el cuadro de la Grecia clásica), creación de otro músico poeta, Arrigo Boito, una de las grandes figuras de la cultura italiana, es por cierto una ópera de muy amplia envergadura, bella y compleja, y la más fiel de todas al ‘Fausto’ de Goethe.
UNA PUESTA SINGULAR
El ciclo de este año de la entidad, que se desarrollará también en otras salas (el Avenida, el Empire, la Iglesia de San Telmo), incluye asimismo otros títulos de relevancia: ‘Turandot’, una empresa mayor, y ‘Carmina Burana’; dos divertidos trabajos de Rossini, ‘El Conde Ory’ y ‘La Cenerentola’, así como también ‘La condenación de Fausto y la Novena Sinfonía.
La velada que nos ocupa (se repite el 18 y el 19) tuvo lugar en la sede de la Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones, y con sus más y sus menos deparó resultados globalmente satisfactorios. Digamos por empezar que la puesta fue semi-escenificada ingeniosamente sobre el espacio central del recinto, no tuvo baches y funcionó de forma perfectamente aceitada. Despojada, complementada por atinados efectos lumínicos, arduos maquillajes y un vestuario muy apropiado, bien puede decirse que operó de manera acabada en la revelación de cada cuadro.
LOS INTERPRETES
Ubicado en los sectores altos de la sala, el coro de la institución lució potencia, completa sincronización y buena expansión, al tiempo que el de niños, con sus atuendos angelicales, preparado por Natalia Vivas, sorprendió debido a su impecable seguridad.
En lo que hace a los cantantes solistas, cabe destacar que el bajo Bruno Santoro Sciaini (protagonista) mostró un registro importante, de emisión fácil y excelentes cualidades teatrales, aunque su línea y su fraseo aparecieron quebrados en más un momento. Graciela de Gyldenfeldt (Margarita) salió airosa de su difícil compromiso dramático, y el tenor correntino Jerónimo Vargas Gómez (Fausto), dueño de un metal lírico parejo y agradable, fue quien exhibió mejor técnica.
Al frente de una orquesta reducida pero eficiente (en la que se destacaron flautas y clarinete, tuba y teclado electrónico con efectos alternativos de órgano y piano), Tello concertó con firme manejo de todos los elementos a su cargo, contagioso ardor y redondos despliegues melódicos.
Calificación: Muy bueno