En la Argentina de lo urgente, lo importante pasa inadvertido. El escándalo Adorni y su exposición en el Congreso; otros casos de corrupción que salpican al Gobierno nacional –incluida la causa Libra, que tiene al presidente Javier Milei en la mira-, la guerra en Medio Oriente y el aumento de los precios terminaron por postergar una noticia clave para la economía: el viernes entró en vigencia el acuerdo Mercosur-Unión Europea.
Descuidada por los medios y su vorágine informativa en busca de temas que multipliquen el rating en la televisión o los clickeos en los sitios web, la puesta en marcha del pacto entre el bloque comercial sudamericano y su par del Viejo Continente –la rúbrica del acuerdo demoró 25 años- es un dato clave para pensar lo que viene.
En una mirada simple podría decirse que la puesta en vigor del acuerdo disparará las exportaciones argentinas en el rubro agroalimentario, el único nicho en el cual la economía del país es realmente competitiva con respecto a Europa. Granos y carnes serán la punta de lanza para abrir un mercado en el cual también podrían ingresar, aunque en menor medida, alimentos procesados.
Ya se sabe que, al menos por ahora, el campo es el principal motor de la economía nacional. Por estos días el fenómeno quedó en evidencia: en un solo día ingresaron al complejo portuario de San Lorenzo, en la provincia de Santa Fe, un total de 14.000 camiones para descargar granos.
“Viene una cosecha impresionante, con una excelente campaña de maíz y soja –dijo Alejandro Cabral, jefe de Gabinete de San Lorenzo-. No pasa por almacenaje, va directo al barco, lo que genera una mayor rotación de camiones”.
Hay claramente varias argentinas. Una es la de los grandes centros urbanos, adonde no llegan los beneficios de la exportación de materias primas ni se genera empleo en consecuencia. Otra, muy distinta, es aquella adonde están radicados los polos productivos del agro, los hidrocarburos (léase Vaca Muerta) y la minería en ciernes.
En estos casos la generación de divisas de la exportación derrama en forma de empleo en blanco. “Acá la gente se levanta temprano y va a trabajar. No existe el mundo plan”, enfatizó Cabral en un reportaje concedido a Cadena 3 Rosario. Y agregó: “Hay empresarios que en lugar de ir a la timba financiera apuestan por plantas y terminales de última generación”.
Bendecidos por el clima y la geografía, la negligencia de los gobernantes de turno hace que a veces la Argentina se parezca en mucho a un milagro. Competitiva como pocas en el sector agroindustrial, los camiones que van a puerto para descargar los granos que cruzarán el océano transitan por rutas calamitosas, lo que incrementa el costo logístico por roturas de unidades y el mayor tiempo de viaje.
“La ruta A012 está en un estado crítico, no tenemos pozos, tenemos cráteres”, graficó Cabral, quien sin embargo reconoció otras obras viales que con éxito lleva adelante la provincia de Santa Fe: “El tercer carril Rosario-San Lorenzo Centro ha sido una obra impecable y ahora está licitado el segundo tramo hasta Timbúes”.
FOR EXPORT
La Argentina exportadora tiene un presente que brilla y un potencial descomunal. De hecho, en marzo el superávit de la balanza comercial fue de u$s 2.523 millones, producto de un boom en las ventas al exterior de u$s 8.645 millones, contra una importación de u$s 6.122 millones. Las divisas fueron generadas, una vez más, por el campo y el sector petrolero.
Se abrieron las puertas de Europa, con quita inmediata de aranceles para miles de productos, y una reducción paulatina para otros tantos. La pregunta es si la Argentina está realmente preparada para aprovechar esta oportunidad histórica. Sin ir más lejos, el Mercosur no tuvo un debate intrabloque para determinar cómo se repartirá entre las naciones miembro el cupo exportador en los diferentes productos.
Los especialistas consideran que probablemente ocurra en los meses venideros una carrera de logística para ver quién llega primero al mercado allende el Atlántico. Una vez que la cuota se completa, rigen los aranceles. Sin ir más lejos, Brasil, un jugador que pisa fuerte en la exportación de quesos, podría quedarse con las 30.000 toneladas disponibles ante una Argentina que casi ni juega en ese terreno.
El acuerdo Mercosur-UE es, sin embargo, una avenida de doble mano: por un carril saldrán los productos sudamericanos, pero por el otro ingresarán las manufacturas europeas. El flujo podría transformarse en un gancho al hígado para la ya deteriorada industria local, que no está a la altura de las circunstancias. Los especialistas advierten que la importación no sólo traerá tecnología industrial, “por el canal importador también vendrán fideos de Italia y aceite de oliva de España, entre otros”.
La industria argentina no está diseñada para competir por el simple hecho de que, una vez más, se pone el carro por delante de los caballos. El profesor Juan Carlos De Pablo, miembro de la mesa chica de Javier Milei, habitual invitado a las tardes de ópera los domingos en la residencia de Olivos, suele decir que antes de abrir la economía hay que quitarle a la empresa el yugo del entramado impositivo. Sino el destino será uno solo: el quebranto.
Para el sector productivo local subirse al ring a competir será una tarea ardua, sino imposible, a partir del efecto cascada de los impuestos que la asfixian en todos los niveles: nacional, provincial y municipal. Pero desarmar la maraña impositiva de un día par el otro significaría también desfinanciar al Estado y sus de por sí cada vez más flacas políticas públicas. Sin mucho margen para el recorte fiscal, quizás estemos ante el umbral de un período negro de la industria argentina.
NUEVO MUNDO
Lo cierto es que la Argentina en particular y el Mercosur en general se engarzarán en un mercado de 740 millones de consumidores que representa cerca del 25% del PIB global. Las exportaciones podrían pasar de u$s 8.499 millones en 2025 a u$s 15.100 millones, con un incremento del 79%, en 2030.
Un informe de la consultora Abeceb señala que “los flujos netos anuales de inversión europea podrían duplicarse respecto a su promedio histórico reciente (pasando de la línea de los u$s 1.800 millones a un rango de u$s 3.500 - 4.000 millones anuales). Esto representaría la captación de flujos acumulados por entre u$s 15.000 y u$s 20.000 millones adicionales para el período 2026-2030”. La materialización de estos nuevos flujos elevaría el stock total de Inversión Extranjera Directa europea hasta los u$s 92.000 millones al cierre de la década.
“Lo importante del Acuerdo UE-Mercosur es que actúa como un marco institucional que reduce el riesgo percibido y puede acelerar decisiones de inversión que hoy están en etapa de anuncio. La certidumbre regulatoria que otorga el acuerdo es exactamente el tipo de estabilidad que potencia la inversión industrial de largo plazo”, destaca Natacha Izquierdo, directora de Operaciones de Abeceb.
El documento señala también que el incremento de las exportaciones no será transversal. “Se concentrará en los sectores donde el acuerdo elimina barreras arancelarias relevantes y Argentina tiene posición exportadora probada: complejos sojero, ganadero y manicero como tractores principales, seguidos por aceites vegetales, maíz y miel.
En manufactura, autopartes con corriente exportadora activa y vinos en segmento premium tienen potencial real de escalar”.
Izquierdo recalca que “en este contexto, la pregunta no es si el acuerdo generará oportunidades, sino qué parte de esa oportunidad están las empresas en condiciones de capturar. Eso exige pasar de una lectura comercial a una decisión de negocio: medir brechas de cumplimiento, asegurar trazabilidad, revisar reglas de origen, adaptar capacidad productiva, cerrar acuerdos logísticos y anticipar inversiones”.
Y concluye: “El 0,50% no es un escenario de mercado: es una meta de ejecución. Para alcanzarla, las empresas deberán decidir ahora dónde competir, con qué estándar, con qué inversión y en qué plazo. Quien no traduzca el acuerdo en un plan operativo perderá valor frente a competidores que ya estén usando el nuevo marco como plataforma de escala”.
La Argentina del comercio exterior y las divisas tiene por delante la urgencia de transformar ese flujo en nuevos eslabones de la cadena de valor, lo suficientemente robustos y numerosos como para que se traduzcan en empleo genuino. Hoy ese objetivo no sólo no se cumple sino que, además, la situación se ha agravado en los últimos meses.
Tal como informó el Indec, la desocupación escaló al 7,5% y el empleo no registrado saltó al 43% de la población económicamente activa. Por otra parte, lo que se ha deteriorado es la calidad de los puestos de trabajo que se crean. Según cifras oficiales, los asalariados se redujeron 1,8% (-174.719 empleos), mientras que los cuentapropistas crecieron 3,2% (+105.016 trabajadores). Veremos.