Suplemento Económico

Los argentinos deben resistir las maniobras para volver atrás

Javier Milei mucho antes de ser presidente defendió las ideas que pueden permitirnos vivir en un ambiente de libertad, a veces serenamente y mucho con apasionamiento desmedido. Ahora se lo critica por los demás, pero fue quien se animó contra todo y contra todos a patrocinarlas. Hoy es maltratado sin medida.

Nadie puede dejar de criticar sus modales, pero un ambiente donde la oposición está siempre con el puñal entre los dientes, la delicadeza no ha surtido efecto. Lo comprobamos durante varios gobiernos donde el sindicalismo y la izquierda se volvieron los grandes enemigos de la democracia. Descalificaciones, huelgas, asaltos a los supermercados, todo fue válido para terminar con gobiernos débiles y miedosos.

Hoy las medidas de Milei van en camino de aumentar los grados de libertad, todo lo posible. Ello implica, aunque tengamos un presidente gritón, más democracia y más libertad en todos los órdenes. La liberación de la economía lleva a la liberación política, sin duda: el Estado se achica y la sociedad civil se fortalece dando mucho más espacio al individuo que al Estado, lo contrario del socialismo.

Hay políticos, por ejemplo Lilita Corrió , que pretenden inspirar temor, miedo al advenimiento de una dictadura. Es uno de los tantos rumores infundados, lo malo es que quienes les creen actúan influidos por ellos, los cuales los cohíben y esclavizan. La mentira no produce un miedo normal, no nos protege ni nos cuida, nos hace reaccionar inadecuadamente. Es lo que pretenden, que el recelo nos haga rechazar el modelo que penosamente intenta reemplazar al viejo y fracasado sistema de raigambre socialista.

LIBERALISMO

Sólo una institucionalidad liberal puede sostener una economía de mercado e impulsar gobiernos estables cada vez más controlados por la opinión pública. Hay que seguir creando las condiciones para producir y crear los bienes y servicios que pide la inmensa población mundial. Se necesitan instituciones destinadas a concientizar y luchar contra los peligros que apuntan al corazón de la sociedad abierta, para que esto pueda perdurar.

En Argentina el sistema de partidos no logró consolidarse, como bien lo demostró el golpe de 1943. Para que sea fuerte, exige un consenso de normas compartidas para el tratamiento del conflicto político, una opinión pública institucionalizada y un mercado del voto en el que compitan programas alternativos y en libre competencia.

No existió desde 1946 a 1955 y de ahí en adelante se implementó con limitaciones hasta 1983. Hoy vemos que hemos podido mejorarlo poco por ideas socialistas y fascistas que aprendieron como garrapatas.

Tuvimos una socialización política y cultural autoritaria y con apoyo popular, la cual desplazó al pluralismo y al sistema de partidos, disolviendo en sus efectos al parlamentarismo. Hubo consenso a prácticas antidemocráticas que lastimaron la libertad y el Estado de Derecho a cambio de gratificaciones para amplios sectores de la población. Así se fue destruyendo la política y la economía.

Le es difícil al Gobierno revertir la situación, los espacios políticos aun tienen un espacio muy pequeño, el sistema de partidos sigue siendo débil. Tampoco existe aún un desarrollo armónico, equilibrado, como esperan los planificadores de siempre; no se entiende que cuanto mayor y más veloz es el cambio, más numerosas y pronunciadas son las asincronías. Pero no por ello disminuye la posibilidad de superarlas, aunque los desafíos para mantener el orden del sistema social global son mayores. Hay que tener paciencia.

Las ideas que determinan la conducta humana y fijan límites a lo que es posible y a lo que no, en nuestro país, muchas veces, hacen que lo posible no lo sea por las ideas predominantes. Se suma que los liberales argentinos tienen multitud de matices y más los políticos, quienes, generalmente, abrazan al pragmatismo: hoy los influencia el socialismo y mañana el liberalismo.

No se fijan si sus teorías son compatibles con la realidad, se dejan llevar por sus deseos, que la ciencia económica tenga principios y leyes, los cuales si se violan producen, como en las ciencias naturales, consecuencias catastróficas. Eso no les mueve un pelo.

La ideología prima sobre cualquier consideración, la objetividad buena es la que induce la ideología adecuada, y ésta se halla comprometida con la posición política. La estrella fija de políticos, escritores y periodistas de esta calaña no es la verdad, sino la conveniencia. Ello hace más difícil un cambio productivo. La verdad requiere coherencia entre las ideas y, ante todo, conformidad con la realidad de las cosas.

BIENESTAR

El bienestar social no debe de dejar de coincidir con el de los individuos particulares. Como enseñó Locke, el Estado liberal tiene una autoridad superior para poder resolver las controversias e imponer la reparación de las ofensas, el poder soberano del Estado debe tutelar los derechos individuales para lo que fue creado, y lo que el individuo tiene de propio: vida, libertad y propiedad.

Incluso en la organización política de la sociedad debe permanecer soberano y si los poderes al que los ciudadanos le han delegado el ejercicio de su soberanía lesionan esos derechos naturales, los individuos tienen el derecho de rebelarse contra el poder usurpador.

La violación a los derechos humanos no depende solo de situaciones externas conflictivas sino también de las actitudes, disposiciones y creencias de la gente. Con gobiernos populistas, por ejemplo, se corre el riesgo de ser manipulados anulando así componentes fundamentales de la persona.

El Estado no debe sustituir al mercado y a la iniciativa privada. Solo así puede surgir el respeto por los derechos humanos (universales, absolutos e innegociables) y sus obligaciones, las cuales tienden al desarrollo de un ser humano libre y vinculado socialmente.

La universalidad del mercado, una sociedad civil fuerte y el Estado de Derecho son las bases de las sociedades occidentales. La democracia puede ser usada demagógicamente con los fines más diversos como también la ética. Se pueden emplear, por ejemplo, para desviar la atención sobre problemas fundamentales.

Hay que estar atentos a las manipulaciones como son las de gobiernos populistas que utilizan los derechos humanos sólo como herramientas para alcanzar y mantener el poder. No aceptar las ideas fundamentalistas que implican ideas terminantes, defender la libertad para que podamos vivir de acuerdo a nuestro propio criterio, hacer la propia experiencia y la aventura de vivir.

Ello supone algunos costos pero los tenemos que asumir. No hay otra salida si queremos vivir en un ambiente de libertad, sin olvidar la responsabilidad y la ética para no lastimar injustamente, con nuestras decisiones, a los demás. Valorar la vida en vez de desperdiciarla renunciando a elegir nuestro propio destino.

 

* Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Economía de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed. Lumiere, 2006).