Espectáculos

Loable evocación de un creador

"Piazzolla, los años del tiburón" (Argentina-España-Francia, 2017) Dirección y guion: Daniel Rosenfeld. Fotografía: Ramiro Civita. Arte: Emilio Basaldúa. Sonido: Gaspar Scheuer, Diego Martínez. Montaje: Alejandro Penosi. Edición: Alejandro Carrillo. Duración: 90 minutos. Calificación: apta para todo público.

El director Daniel Rosenfeld ("Saluzzi, ensayo para bandoneón y tres hermanos", "Cornelia frente al espejo") conjuga creatividad, investigación profunda y perfección técnica en la realización de este largometraje.

Curiosa la asociación del título del filme con Astor Piazzolla. No sólo la caza del tiburón lo relacionaba con el escualo; quién sabe si lo admiraba por su fiereza y las luchas por sobrevivir a -precisamente- eso que los unía, la caza despiadada. Era la lucha de dos grandes. Voraces e imponentes.

El filme de Rosenfeld une descubrimientos insólitos a una justa evocación de la carrera profesional del creador y una intima visión familiar. El director no sólo recurre a los casetes en que su hija Diana (ya fallecida) reporteaba al padre para una biografía, sino a testimonios de su hijo Daniel, que lo acompañara musicalmente y cuyo rostro triste contrasta con la fuerza del perfil paterno.
Un paneo por su vida, que abarca fotos de la infancia nunca vistas, incluyendo películas en Súper 8 e incunables en 8 mm, dan cuenta de un bebé reponiéndose de interminables operaciones (su pierna problemática), de un padre (Nonino) que con la abuela destilaba vino en la bañera (en la época de la Ley Seca en Nueva York) para sobrevivir, mientras oficiaba su profesión en una barbería barrial.

ENCUENTROS
La obra ofrece testimonios de una vida de sacrificios por una fuerte personalidad, capaz de imponerse a la adversidad y buscar el momento justo para accionar sus sueños.
Filme sin concesiones, en el que se habla de sus conflictivas relaciones con la familia. Desde los alejamiento de los hijos por simples observaciones o desacuerdos con su forma de vida, hasta el de su primera esposa, guardadora de su necesidad de soledad en aquellas largas horas en que retenía a los hijos, muy pequeños, para que no lo molestaran en el estudio, mientras mantenía un hogar con calidez.

Un genio que superó los sinos. "Luego del bolo en la película de Gardel, me escribió para que lo acompañara. Fue quince días antes del accidente. La familia se negó", confiesa.
Tuvo también increíble encuentros. "Balada para un loco" se estrenó en loqueros, en uno de los cuales habló con el gran Jacobo Fijman, que vivió encerrado en frenopáticos (se lo ve en la película). "Usted ama a Bach. El que ama a Bach, ama la muerte", le dijo el creador de "Molino rojo".

Todo pasa por el filme: su lucha contra los ortodoxos, la devoción por Nonino, la creación del octeto y la pasión por tocar y componer, el desdén por el tango que sólo se baila. Reportajes que se creían perdidos (con el animador Juan Carlos Mareco "Pinocho" en la televisión), su primera mujer cantando tangos con esa voz que Borges extrañó para grabar sus milongas, el entendimiento con Horacio Ferrer. Una multiplicidad de acontecimientos cuidadosamente recopilados, con sensibilidad y ajustes formales, buen ritmo e impecable edición.

Calificación: Muy buena