La Semana Argentina en Nueva York tuvo mucha más miga que la picardía del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, de subir a su esposa de garrón a un vuelo oficial, pero en la atmósfera de denuncismo que impera en la política argentina desde hace algunos años, las conductas sesgadas (particularmente algunas de ellas) adquieren más notoriedad que las cuestiones importantes.
BUSCANDO CONVERGENCIAS DE ESTADO
La semana de promoción de Argentina ante inversores de Estados Unidos tuvo una trascendencia que supera largamente los errores cometidos. Habrá que ver los resultados concretos, pero en principio la presencia conjunta del Gobierno nacional y de una decena de gobernadores provinciales de distintas fuerzas políticas trabajando en común para seducir inversores es un paso en la buena dirección.
Los inversores potenciales, para hundir capital en el país, necesitan convencerse de que Argentina no va a cambiar abruptamente de rumbo el día que Javier Milei deje de estar en la Casa Rosada. Así, y la presencia de ese ramillete de gobernadores que acompañó en la Semana Argentina al Gobierno nacional, aportó pruebas de que empiezan a sentarse las bases de políticas de Estado relacionadas, por ejemplo, con el respeto a la inversión y el control del gasto público. “Más allá de los cambios de gobierno, hay políticas de Estado que deben mantenerse. Esa estabilidad es clave para generar desarrollo, empleo y crecimiento”, expresó, por ejemplo, el mandatario salteño Gustavo Sáenz, un peronista que en 2023 acompañó como candidato a vicepresidente a Sergio Massa.
El ministro de Economía, Luis Caputo, tuvo la sensibilidad política de subrayar el significado de esa presencia conjunta: “No digo que todos deben pensar de manera libertaria -señaló con cierta audacia conceptual-, pero todos tomamos el mismo camino. Algunos un poquito más a la izquierda, otros un poquito más a la derecha, pero todos estamos de acuerdo en que la ruta es esta”.
Ese era un mensaje que los inversores querían escuchar, mucho más ubicado -hay que decirlo- que el del jefe de Caputo, el Presidente, que utilizó ese escenario facilitado por el banco J.P. Morgan para críticar ásperamente a empresarios argentinos a los que ha decidido maltratar, como el siderúrgico y petrolero Paolo Rocca y el número uno de Aluar y Fate, Javier Madanes Quintanilla. ¿Era ese el ámbito para una deposición que, en todo caso, podía reservarse para un escenario doméstico?
¿Y A MÍ POR QUÉ ME MIRAN?
Si se tratara de puntualizar errores que perturbaron una iniciativa globalmente positiva, esa desubicación discursiva de Milei superaría en relevancia el enredo de Adorni, quien sin embargo recibió interpelaciones más filosas, probablemente suscitadas por el argumento que esgrimió para justificarse (“Vengo una semana a deslomarme a Nueva York, quería que mi mujer me acompañe”). Para empeorar la situación de Adorni, emergieron datos sobre un reciente viaje familiar a Punta del Este en un avión privado con lo cual los vuelos del jefe de Gabinete se transformaron en trending topic en las redes y treparon a primeras planas y a programas de televisión.
Más allá de que anteriormente el propio Adorni haya alimentado la lógica de las denuncias por casos más o menos análogos, hay que coincidir con su presunción actual de que está siendo objeto de “una operación”. La exposición pública que le reportó su condición de vocero de Milei vuelve cualquier traspié en blanco posible de un extenso cuestionamiento. Por otra parte, su condición de cuadro destacado del equipo interno de Karina Milei convierte sus vulnerabilidades en un flanco por el cual pueden golpear quienes están enfrentados con ella. Fuego amigo. La secretaria general de la Presidencia sostiene a Adorni como candidato in pectore a disputar la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma. Otros libertarios que se propongan esa candidatura se beneficiarían con las desgracias del jefe de Gabinete.
MAHIQUES TAMBIÉN ES BLANCO
Adorni no es el único amigo de Karina Milei vapuleado desde las redes y desde alguna empresa. El recién llegado ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, es otro que legítimamente podría sospechar que hay una campaña contra él. En virtud de su antiguo relacionamiento con entidades del fútbol continental (empezando por la propia AFA) circula por los medios (particularmente por algunos) la conjetura (y el recelo) de que Mahiques tenga el objetivo íntimo de evitarle dificultades judiciales a las máximas autoridades del fútbol argentino, Claudio “Chiqui” Tapia y Pablo Toviggino. “No vengo a salvar a nadie”, tuvo que declarar el ministro ante la presión. El “nadie” es amplio y ambiguo, ya que también se le adjudica a Mahiques la “misión” de controlar los expedientes judiciales más inquietantes para la Casa Rosada: las presuntas coimas de la causa de la Agencia Nacional de Discapacidad y la investigación sobre el lanzamiento de la criptomoneda $Libra.
Elegido por la hermana del Presidente para conducir el Ministerio de Justicia, Mahiques tiene frente a sí una tarea de enorme relevancia: elegirá los jueces que requerirán acuerdo del Senado para cubrir tres centenares de cargos en juzgados y cámaras de todo el país. Sin duda escuchará el consejo de Karina, que será la destilación de negociaciones con gobernadores (y seguramente con otros poderes). Al final de ese sendero se vislumbra algún trapicheo para designar jueces en la Corte Suprema, que funciona por ahora sólo con tres de cinco integrantes. Mahiques afirma que no hay ninguna prisa para esa búsqueda, ni tampoco para la del Procurador, el jefe de los fiscales. Se trata de cargos que deben ser elegidos con mayoría de dos tercios en la Cámara Alta, razón por la cual por el momento aparece como condición excluyente la aprobación del bloque peronista. Probablemente en función de esa circunstancia se toma muy en cuenta el antiguo vínculo que une al flamante ministro con el senador Eduardo “Wado” De Pedro, uno de los operadores predilectos de la señora de Kirchner en asuntos judiciales. Los críticos más empecinados de Mahiques, de la AFA (¿y también de Karina Milei?) sostienen que el ministro, a través del tesorero de la casa madre del fútbol, Pablo Toviggino, podría en su momento acercar tres senadores de Santiago del Estero. Para Mahiques, lo primero es lo primero: designar conjueces para las cámaras federales que están incompletas, cubrir los cargos faltantes en las cámaras con magistrados elegidos y llenar los juzgados y las fiscalías vacantes. Con semejante disponibilidad tendrá que satisfacerse a candidatos propios, a propuestas de los aliados legislativos y seguramente empezar a compensar por adelantado a la oposición los acuerdos futuros por los cargos más altos. Se trata de la renovación de tejidos del sistema político, ahora a cargo de la fuerza principal, el mileísmo.
Así, quienes apuntan contra el ministro, conectan en el mismo disparo a la dirigencia del fútbol y a la posibilidad de que Karina Milei termine definiendo los rasgos de la Justicia argentina de los próximos lustros.
EL JUEGO GRANDE
Entretanto, el Gobierno, que ha conseguido impulso y ayuda de sus vínculos internacionales -señal de una mayor integración al mundo- debe asimilar ahora las consecuencias de la guerra lanzada por sus dos aliados principales, Estados Unidos e Israel, contra Irán.
Transcurridas casi dos semanas de guerra, Irán sufre un castigo inenarrable, pero resiste: mantiene clausurado el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 por ciento del petróleo mundial; golpea sobre instalaciones militares y petroleras de la región; determina una constante presión alcista sobre el precio del petróleo y, si la guerra continúa, la perspectiva de una catastrófica crisis energética (y, por lo tanto, productiva) mundial.
Donald Trump expuso en estas semanas distintos objetivos para esta guerra. El que más se perfiló fue la necesidad de rendición incondicional de Irán y el establecimiento de un gobierno iraní que le permita a Trump regir desde lejos una transición a través de un procónsul elegido por él “como con Delcy Rodríguez en Venezuela”. Esto no parece estar ocurriendo hasta ahora.
La enorme diferencia de magnitudes (particularmente en el campo militar) entre Estados Unidos e Irán suscita la expectativa de que ese final anunciado por Trump debería ocurrir muy rápido. Sus aliados, sus adversarios y sus competidores, están tomando el tiempo. También lo están haciendo la opinión pública del mundo y, sin duda alguna, los ciudadanos electores en Estados Unidos. En las elecciones de medio término del próximo noviembre se juega el manejo del Congreso que flanqueará la última mitad del mandato de Trump.