La familia, seguramente, ha sido una de las instituciones sociales sobre las que más se ha reflexionado y escrito. Cada ciencia humana la vio desde su propio ángulo y la ubicó en un lugar privilegiado: la sociología, como célula básica del tejido social; el derecho, como una institución jurídica fundamental; la economía, como agente que consume, ahorra, invierte y ofrece trabajo; la psicología, como lugar donde se gesta la autoestima y los modelos vinculares; la pedagogía, como espacio de los primeros aprendizajes de la vida.
Todos nacemos, vivimos y morimos en una familia, o sufrimos por su ausencia.
ORIGINAL, ORIGINARIA, PRIMORDIAL
El padre de la sociología relacional, Pierpaolo Donati, profesor emérito de Sociología en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Bolonia, afirma que la familia no es una mera construcción cultural. Tampoco es solo el lugar de los afectos y sentimientos, ni el espacio físico del patrimonio y la vivienda. Es un bien relacional de importancia prioritaria, un nosotros con estructuras, funciones y principios propios que la caracterizan como original, originaria y primordial, porque cada familia es distinta y no puede ser sustituida totalmente por otras instituciones, en ella nacen los vínculos, el cuidado y la transmisión de la cultura y es el cimiento sobre el que se asientan las demás instituciones.
Donati utiliza analógicamente el concepto de genoma (conjunto completo de genes que hace que un organismo vivo sea de determinada especie) para describir el núcleo relacional de la familia, que la hace única e insustituible.
Dicho genoma, se compone de cuatro elementos que entrelazados definen su identidad profunda: sexualidad, reciprocidad, generatividad y gratuidad.
La alianza y complementariedad de los sexos masculino y femenino, la capacidad y el deseo de dar vida y educar a las nuevas generaciones, el cuidado y el compromiso mutuo dados gratuitamente es lo que la hace, además, preventiva de la exclusión social.
Es posible que alguien acote, con razón, que no en todas las familias se da cabalmente la gratuidad, la donación desinteresada o la reciprocidad. Varias veces se pasan facturas, cuando no económicas, emocionales o afectivas. También es real. Los vínculos humanos son complejos, pero no deja de ser verdad que es en la familia donde existe la oportunidad genuina de vivir el don de ser aceptado y ayudado incondicionalmente.
Cuando se abandona un modelo familiar natural basado en este genoma, se genera “una sociedad constituida por formas diversas de familia (problemáticas) con lo que se crean más problemas que los que se pretende resolver”, afirma Donati.
Leyes que habilitan y promueven la unión homosexual y la homoparentalidad ponen en jaque la valoración de la complementariedad de los sexos. La generatividad, el deseo de traer una nueva vida y educarla está en crisis (lo da a entender la baja de la natalidad a nivel mundial). La reciprocidad, atacada por acuerdos prenupciales, cajas y camas separadas que juntan dos individualidades sin un nosotros.
EL NEGOCIO DE LA SOLEDAD
El consultor y escritor español Marc Vidal publicó un video en el que expresó algunos considerandos sobre lo que está pasando con las familias a nivel mundial y el exponencial crecimiento de personas que viven solas y que quizás su única compañía sea una mascota. Da cuenta que en Japón, en el último año, 76.020 personas murieron solas en su casa, y que a muchas las encontraron varios días y hasta un año después. A este fenómeno lo denominan Kodokushi . Hoy, una de cada cuatro casas en el planeta está habitada por una sola persona. La intimidad se ha reorganizado. El cariño se distribuye entre amigos que pretenden suplantarla, parejas que no conviven, mascotas y comunidades digitales. Más de la mitad de los hogares españoles conviven con una mascota.
Destaca también algo que pocos observaron: la familia hacía muchas cosas sin pasar factura; algo que antes era gratis, ahora, con individuos que viven solos, tiene que pagarse. Aún restringiendo el concepto de la gratuidad a lo meramente económico, también se evidencia que la familia es un bien social y porqué atacarla puede ser conveniente para ciertos grupos de poder.
“Un hogar de una persona no tiene economía de escala”. Un alquiler, una factura de luz, una compra no se reparte entre nadie. Vivir solo en términos puramente contables sale más caro por cabeza.
Vidal afirma que la familia realiza una gran cantidad de cosas sin cobrar: compañía, cuidado, comida caliente, ayudar al otro cuando está sin trabajo, criar a los niños, atender a los mayores. Este cambio, “no es algo que ha caído del cielo, el negocio de la atomización se alimenta de gente que gasta y el número de consumidores va creciendo”. El mercado pretende vender, lo que antes la familia daba gratis.
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