La racionalidad no es una condición obligatoria de la política, pero el reemplazo de un jefe de Gabinete controvertido, desafiante y manchado por sospechas de corrupción por otro conciliador y pragmático facilitará el proyecto reeleccionista de Javier Milei.
Entre otras razones, porque la imagen de Manuel Adorni había quedado inservible como símbolo de una manera distinta de hacer política, de ejemplo de la “anticasta”, de aquello que proclama la administración libertaria como capital identitario frente a los dirigentes tradicionales.
Bajo esas circunstancias, no había lógica de poder que justificase la continuidad de Adorni. Retenerlo no era ya una muestra de fortaleza, sino la demora en hacerse cargo de una derrota inevitable, porque había perdido apoyo en el Congreso para sostenerlo.
Aferrarse al exjefe de Gabinete hubiera derivado entonces en una crisis política, extremo que evitó su renuncia. En los hechos la función fundamental del jefe de Gabinete operó para lo que había sido diseñada por los reformadores de la Constitución de 1994: un fusible del Jefe de Estado.
No faltaron entonces las razones para defenestrar a Adorni. Lo que resta saber es si su reemplazante, miembro de la dirigencia política tradicional y con distintas afiliaciones en su carrera, es el indicado para resolver el notorio déficit de manejo político del gobierno libertario.
Si será una mera extensión del poder de Karina Milei o aportará un manejo profesional a la relación con aliados que se probaron imprescindibles para evitar la parálisis del Congreso y que facilitaron la sanción de proyectos fundamentales para la gestión económica.
La cantidad de gobernadores que asistieron ayer a su asunción es una clara señal en ese sentido. La gran pregunta es si el flamante jefe de Gabinete será el arquitecto de un nuevo oficialismo y, más específicamente, si los hermanos Milei se lo permitirán.
Lo que Santilli ofrece a cambio es acatamiento. Si bien los principales operadores políticos de Milei provienen ahora del PRO (él y Bullrich) su fundador es mala palabra en la Rosada. Eso lo saben ambos.
Las quejas y reclamos de Mauricio Macri no serán, sin embargo, el único problema de Santilli. Debe demostrar su alineamiento con el presidente de cara al círculo rojo, objetivo que no alcanzaron los dos primeros jefes de gabinete (Posse y Francos) por lo que se tuvieron que ir. Los reemplazó un incondicional, pero ese no es un cargo para aficionados.
La dirigencia política es sólo es una parte del régimen con el que está en conflicto el gobierno. Los grupos económicos con los que se ha enfrentado públicamente visitarán inevitablemente el despacho del jefe de Gabinete. Habrá que ver cómo son recibidos.
Otro tanto ocurre con los medios de comunicación propiedad de los grupos económicos. Resultará causa de irritación para el presidente y su hermana que sean complacientes con Santilli mientras a ellos los vapulean día y noche.