Opinión

Lo más difícil está por venir

Javier Milei, el Loco según sus enemigos políticos, será el presidente de la Argentina durante los próximos cuatro años luego de haber recibido un contundente respaldo electoral de parte de una ciudadanía contagiada de su locura.

Esa locura compartida no es otra cosa que una furiosa indignación contra los responsables de la miseria argentina, y una decisión de transitar caminos nuevos, no demasiado precisos todavía pero referenciados en las ideas que hicieron de la Argentina un país grande y opuestos a las prácticas que lo arrojaron a la decadencia.

La vigorosa puesta en escena de esa locura le permitió a Milei llegar a la primera magistratura sin el respaldo de una estructura partidaria y sin los apoyos corporativos habituales. La identificación con esa locura le permitió a la ciudadanía superar todos los miedos que el oficialismo trató desvergonzadamente de implantarle para mantenerlo sujeto al yugo del estatismo y el subsidio.

Esa locura compartida vive en el presente la euforia del triunfo, y habilita hacia el futuro la esperanza. La providencia puso nuevamente en manos del pueblo argentino la herramienta, la palanca necesaria para remover los agobios y restricciones que lo abrumaron y asfixiaron prácticamente desde el restablecimiento de la democracia.

En 2015 creyó contar con la misma oportunidad, y esa oportunidad se frustró. Ahora, desde condiciones mucho peores, pero con liderazgos mucho más decididos, se ve frente a la renovada posibilidad de reorientar su destino hacia esa meta tan sencilla como elusiva que lo viene animando desde el nacimiento de la patria: la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación.

"Hoy empieza la reconstrucción de la Argentina", dijo Milei en su primer mensaje como presidente electo. Con todo lo épico que tuvo este triunfo, con su momento de euforia en las PASO, y su momento de desazón en la general, su trámite ha sido relativamente sencillo y poco costoso. Lo más difícil, lo más pesado, está por venir: el estado de la nación es desastroso, su curación habrá de ser necesariamente dolorosa, y los que ven amenazados sus privilegios por este vuelco político, seguramente querrán hacer pie en esas dificultades y dolores para sabotearlo. A las penurias propias de la curación, los ciudadanos deberán agregar el esfuerzo de sostener y defender el gobierno que han elegido.

El gobierno conducido por Milei, a su vez, deberá encontrar las cualidades de liderazgo y comunicación capaces de explicar a cada paso qué es lo que se está decidiendo, por qué, y cuáles habrán de ser sus costos y sus beneficios.

Hasta que esa recuperada Argentina del esfuerzo, el mérito, la decencia y la libertad prenda, por decirlo de algún modo, habrá que sostenerla a fuerza de trabajo y convicción. Una vez puesta en marcha, y con la ayuda de Dios que tal vez inmerecidamente nos llega siempre en los momentos críticos, se defenderá sola, por los siglos de los siglos.