La Corte Suprema utilizó un higiénico criterio, actuamente muy en boga, para permitir el funcionamiento viertual del Congreso: se lavó las manos. Vale decir que desde hace tiempo, los cortesanos, cuando avizoran algún ruido político que puede emanar de sus acordadas, acuden presurosos a la profilaxis prescripta para combatir el Covid 19. Suponemos que también el método resulta eficaz para otros riesgos sanitarios, habida cuenta del largo sojuzgamiento que rige la relación del máximo tribunal con el poder de turno.
Esta vez, si bien desestimaron el planteo voluntarista de la vociferante titular del Senado (avalado por los sangrientos dichos de la Directora Jurídica del cuerpo), dijeron que nada obsta para que puedan sesionar remotamente ambas cámaras. Pero nada señalaron de las condiciones apropiadas en cuanto a seguridad cibernética y jurídica, ya que el parlamento, carece de plataforma propia de "streaming", tan en boga en estos dias. Habrá que considerar entonces los modos de instrumentar la simpática idea de la viajera cubana, que tras aterrizar puso proa a nuevos impuestos que castiguen a los perversos ricachones, tan poco solidarios en estas circunstancias.
Suponemos que en la categoría incluye a su hija Florencia, sentada sobre 4 millones de dólares, habidos sin explicación. Que ceda uno, y todo bien. También los empresarios "amigos" que supo cobijar durante su extenso mandato, como Lázaro Báez, Cristóbal López y otros integrantes de la banda que la mantiene como jefa mafiosa en las sombras. Lo único habilitado sigue siendo el circuito cerrado de TV para las sesiones, y quizá pueda habilitarse a las modalidades "Zoom" o "Skype" para lograr una sesión virtual.
Auque los antecedentes no favorecen la legitimidad de los procedimientos, y sí las normas que siguen con devoción los integrantes de poder Legislativo, y son las que respetan inequívocamente: la ley del menor esfuerzo, y la de Murphy (no confundir con efímero ex ministro aliancista). Baste recordar las indiscretas cámaras que tomaron a un diputado analizando detalladamente el otrora muy solicitado Rubro 59 de un matutino en plena sesión. Poco después llegó el circuito cerrado, y las indiscretas cámaras quedaron fuera de acción. Ahora los problemas de esa índole podrían repetirse, con mayor complejidad.
Imaginemos que algún legislador remoto se equivoque de sintonía y en el momento de su intervención, se vea una película porno. O peor aún, digamos que en la comodidad de sus hogares o escritorios, aparezcan en pijamas o sin los dientes postizos. "Mmmgñais dinstasmes", se escucharía por los micrófonos, antes del oprtuno reto por parte de la conductora del debate. " ¡ Senador Menem, vaya a buscar su dentadura !. Y usted, Parrilli, deje los sitios porno, p.....", (el lector puede agregar en los puntos suspensivos el epíteto que prefiera), diría la exquisita parlamentaria, como tiene acostumbrado a tratar a sus laderos. Peor sería para Massa, que ya bastante tiene con tratar de pasar desapercibido en el mercado de usados, con su ¿ premio?, de jefe de los diputados.
"A ver Máximo, deje de apretar los controles de la play game, y use la pantalla", podría tener que intervenir para encauzar el debate. O "Diputado Negri, no aprete más el botón rojo, que no se está votando", instruyendo al empeñoso cordobés que diría, "que macaaaanón", como toda respuesta. En suma, todas alternativas previsibles, que seguramente, ya los afanosos especialistas tecnológicos del Congreso, deben estar considerando. De cualquier modo, todos sabemos que los resultados de la sesión virtual, ya están decididos, y nos ahorrarán largos y tediosos discursos, si se cae la señal y un misterioso redondel comienza a girar en el centro de la pantalla.