‘Love’ (‘Kjærlighet’, Noruega, 2024). Guion y dirección: Dag Johan Haugerud. Actores: Andrea Bræin Hovig, Tayo Cittadella Jacobsen, Marte Engebrigtsen. Duración: 119 minutos. Clasificación: apta para mayores de 16 años.
La trilogía ‘Sexo’, ‘Amor’ y ‘Sueños’, de Dag Johan Haugerud, tiene una premisa muy clara: implosionar todos los conceptos que se tengan sobre esas áreas y reformular, desde la incomodidad de lo políticamente incorrecto, nuevas certezas. Lo hizo ya con ‘Sex’ y ahora lo hace con ‘Love’, segunda entrega de esta saga noruega, que desde el diálogo constante, interpela al espectador.
En este entramado psicológico, el autor y director se ubica como un ente omnipresente tirando para todos lados pinceladas de pinturas de todos los matices del amor, a sabiendas de que las que toquen el orgullo de cada uno resultarán un momento entre revelador y opresivo. Haugerud no descubre nada, pero explicitar lo oculto, muchas veces avergüenza o intimida. Y con ideas claras, simples y hasta básicas, arrincona y angustia a sus personajes. Que no son más que nuestro reflejo en su espejo impertinente.
ANTAGONICOS
El filme cuenta el presente de dos personalidades bien antagónicas pero unidas por su indefinición amorosa. Por un lado está Marianne (Andrea Bræin Hovig), médica, clásica en su concepción de la pareja y de lo que sueña para su futuro; mientras Tor (Tayo Cittadella Jacobsen), enfermero de la misma clínica, hace de las relaciones pasajeras homosexuales un estilo de vida. Ellos no se frecuentaban ni interactuaban fuera del trabajo, pero el tiempo de espera en el ferry que los lleva a sus respectivos barrios los obligó a charlar una tarde y así surgió un vínculo, más que amistoso, confesionario.
Marianne busca el amor con todos sus prejuicios pasados y futuros. Sobreanaliza el romance, se anticipa a lo que puede llegar a pasar y no da lugar a la espontaneidad. Tor se deja llevar por sus impulsos, tiene en su celular las aplicaciones Tinder y Grindr y si el amor le llega en pleno regreso a su hogar, cambia el rumbo y se entrega a los brazos de su Romeo. Y entre estos extremos, todas las formas del amor, que son válidas siempre y cuando entren en el campo de lo legal, se hacen presentes.
Dice Tor en su irreverente osadía: “Las aplicaciones de citas son burdeles gratuitos que hay que aprovechar”. Reflexiona Marianne: “Aunque me gusta, Ole no es el hombre con quien me pondría en pareja”. Y entre esas afirmaciones arbitrariamente subjetivas, opuestas y pirotécnicas, emergen otros personajes que condensan la teoría del autor: el hombre que aunque ama con el alma a su esposa, la engaña; el que se encierra a sí mismo porque cree que no tiene nada para ofrecer, y la mujer que enjuicia a otra por no poder definir qué siente cuando está conociendo a otra persona.
Para esta tesis del amor y sus derivados, Haugerud vuelve a pasar de todos los pilares que Netflix les exige a sus creaciones. No hay volumen trepidante, edición frenética, redundancia dramática y mucho menos acción o drama. El ecualizador visual desde que comienza hasta que termina el filme transita el medio. Una afirmación, un concepto y listo. Se pasa al siguiente. Todo enmarcado en diálogos entre los diferentes representantes del corazón. Y si bien, detrás de cada frase, se abre un significado, la monotonía gana la escena.
‘Love’ podría ser una sesión de terapia por Zoom con uno mismo. Quien haya caminado los laberínticos pasillos del amor no saldrá inmune al juego que propone el realizador noruego. Y así habrán ganado (o perdido) ambas partes.
Calificación: Buena