Pocas veces una elección presidencial brasileña dejó tantas lecciones en tan pocas horas. Lula da Silva perdió la primera vuelta y ganó el balotaje, y los analistas ya discuten por qué lo logró y qué dice eso del país.
El politólogo y profesor de Relaciones Internacionales Oliver Stuenkel subraya la dimensión del triunfo. Según su cálculo, Lula superó a Flávio Bolsonaro por unos 3,5 puntos, aproximadamente el doble de su margen de 1,8 puntos sobre Jair Bolsonaro hace cuatro años. La diferencia de más de cuatro millones de votos también duplica la de 2022.
Esa holgura, sostiene Stuenkel, vuelve improbable que una eventual decisión de Flávio de cuestionar el resultado tenga consecuencias significativas. Reconoce que algunos sectores de la derecha criticaron la extensión de dos horas del horario de votación, pero considera que no alcanza para sostener una campaña por fraude. Agrega un dato relevante: la propia campaña de Flávio había pedido horarios de votación más largos en varios estados.
El director de Desarrollo Productivo Daniel Schteingart se preguntó de dónde sacó Lula los votos para revertir el resultado y ofreció tres explicaciones, con la salvedad de que algunas requieren un análisis más detallado.
* Más participación. Subió del 79,3% al 80,9%, lo que significó 1,3 millones de votantes más, que según su lectura fueron casi todos a Lula. El aumento se concentró en el Sur y el Sudeste.
* Menos votos en blanco y nulos. Cayeron del 4,5% al 3%, unos 900.000 sufragios menos, que también habrían ido casi todos a Lula. La baja fue más pronunciada en el Nordeste.
* El voto de terceras fuerzas. Schteingart estima que gran parte del electorado de Cury se inclinó por Lula. Los votantes de Caiado y de Renan Santos se habrían repartido aproximadamente 40% para Lula, 50% para Flávio y el resto en blanco o nulo.
El politólogo Guillermo Raffo advierte que habla “sin ver los datos todavía”, pero observa una movilización muy clara de jóvenes de clase media a favor de Lula, o en contra de Bolsonaro, o ambas cosas. Según su lectura, el voto a Lula une hoy a los pobres del Nordeste con los jóvenes de clase media urbana del Sudeste.
El politólogo Julio Burdman ofreció la imagen más contundente del peso del Nordeste. Comparó la primera y la segunda vuelta en Bahía y concluyó que Lula sumó casi un millón de votos más. “No más preguntas, Sr. juez”, escribió.
El periodista Carlos Moreno sostiene que el rechazo a la familia Bolsonaro logró imponerse al desgaste del presidente. Lula arrastraba críticas por la economía, el endeudamiento de los hogares y controversias políticas de su Gobierno. Sin embargo, la campaña consiguió que el balotaje no se convirtiera en una evaluación de su gestión.
Moreno describe un antibolsonarismo que reunió a sectores de izquierda, de centro y a una parte del electorado moderado de derecha. Aunque tenían diferencias con el PT, estos votantes consideraban necesario impedir el regreso de la familia Bolsonaro al poder.
Stuenkel apunta a una decisión que, a su juicio, será vista como un error decisivo: la de Jair Bolsonaro de respaldar a su hijo por encima de Tarcísio de Freitas. Muchos en la derecha, anticipa, sostendrán que Tarcísio, mejor posicionado en las encuestas frente a Lula y favorito del centro, habría tenido más posibilidades. Según el analista, Jair eligió mantener el poder en la familia, consciente de las debilidades de su hijo.
El mismo analista plantea una paradoja. En retrospectiva, perder la primera vuelta fue lo mejor que le pudo pasar a Lula: sacudió su campaña, silenció las disputas internas y movilizó a sus partidarios. La victoria de Flávio en la primera ronda, en cambio, generó un exceso de confianza en su bando.
Las lecturas coinciden en lo esencial. Lula ganó por una combinación de movilización, reducción del voto en blanco, trasvase de terceras fuerzas y rechazo al bolsonarismo, y Flávio perdió por la confianza excesiva y por una candidatura impuesta desde el círculo familiar.