Por Miguel Angel Troitiño
El 2026 nos está recibiendo con un mundo agitado a partir de los numerosos conflictos en curso.
El escenario se muestra con un dinamismo extraordinario, en donde alianzas, tratados, convenios multilaterales, en el marco de organizaciones supranacionales, pierden vigencia, se vulneran o se transforman a una velocidad que sorprende a todos, excepto a quienes manejan la situación.
Sin embargo, me atrevo a decir que estamos en presencia de un cambio drástico en las formas y no en el fondo de las cuestiones que se dirimen. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) nació como necesidad de ordenar un mundo post 2da Guerra Mundial, heredando el intento fallido de la “Sociedad de las Naciones”, post 1ra Guerra Mundial, la cual fue una iniciativa posterior a otras alianzas multilaterales que la precedieron.
Tampoco nos debe sorprender que, detrás de la figura u ordenamiento que fuere, siempre estarán las superpotencias mundiales de turno ejerciendo su poder. Y los sistemas que se adopten (con el aval incuestionable de quienes lideran el mundo), funcionarán mientras sean funcionales a sus necesidades.
No existe ni existirá un mundo ideal, soñado por muchos que lo percibieron posible bajo el “sistema ONU”. Lo ideal estará siempre subordinado a los intereses del poderoso.
PERSONALIDADES
Otro aspecto importante es diferenciar la personalidad de los hombres de las decisiones de los líderes de las potencias. Los sistemas de gobierno de los Estados-nación son variados (democracias, monarquías o autocracias, en todas sus variantes) y toleran líderes extrovertidos, introvertidos, impulsivos, egocéntricos, de perfil bajo, racionales, etc., pero todos, salvo excepciones, gobiernan en el marco de estructuras robustas que sostienen al sistema. Dicho esto, debemos pensar que los cambios estratégicos no son efímeros y que morirán con el autor, sino que buscan efectos para fortalecer al Estado más allá de su gestión personal.
Las acciones de EEUU y de China, no son el resultado de “visiones de líderes con superpoderes, locos enajenados, iluminados, etc.”. Trump y Xi Jinping son los líderes de las potencias que compiten por ser el hegemón del mundo. Todas las medidas que toman están asociadas a fortalecerse frente al otro.
El resto de los actores, con mayor y menor poder, actúan para sacar ventaja y colocarse en una posición relativa favorable que, por un lado, evite los daños colaterales de la fricción de los poderosos y, por el otro, les permita el logro de sus intereses.
En este grupo se encuentra Argentina, y es fundamental que sus acciones respondan a los dos fines mencionados: lograr cumplir con sus intereses, evitando daños colaterales de la fricción de los poderosos.
EL ENEMIGO
EE.UU. ha identificado en China la amenaza. Ante ello, ha definido la necesidad de cambiar un statu quo en las relaciones internacionales que lo estaría llevando a perder su poder ante su rival. Esto motivó las acciones de Trump vinculadas con:
1) La Unión Europea, con el propósito de evitar diversificar esfuerzos y costos, responsabilizando la defensa de Europa y, en particular Ucrania, en sus socios de la OTAN.
2) Canadá, Groenlandia (control de la vía de comunicación marítima ártica), nueva ruta marítima que se abre ante el deshielo del Ártico, que reduce tiempos logísticos, favoreciendo costos respecto de la ruta principal.
3) Panamá, Venezuela, Medio Oriente (Israel, Irán), Filipinas, Taiwán, Japón (control de la vía de comunicación marítima principal ecuatorial), actual ruta marítima por donde circula más del 80% del comercio mundial.
4) Argentina, RUGB, Islas de Chagos (control de la vía de comunicación marítima austral), actual alternativa de la principal y próxima a la Antártida.
Que no nos engañen las formas, que no nos traicionen los ideales de las causas justas para lograr un mundo mejor. Entendamos el pragmatismo del actor más poderoso del mundo, decidido a defender su condición.
El pensador filósofo francés Jean Guitton, en su libro El Pensamiento y la Guerra, nos explica dónde ir a buscar la solución de un problema difícil de resolver.
Hay que observar detenidamente la realidad para ver dónde convergen las cosas, para determinar esa especie de nodo donde parecen confluir todos los aspectos de lo observado. Y detectado el nodo, encarar sin más hacia él para, en su seno, descubrir la verdad.
Pero Guitton no se conforma con la verdad encontrada y nos indica que ahora sí, con el descubrimiento en nuestro poder, es menester un gran esfuerzo para intentar dar vuelta todos los datos del problema. Es necesario un gran esfuerzo para intentar ver todo lo que hasta ahora hemos visto, desde otra perspectiva. Cuando lo logremos, Guitton señala que tendremos la sorpresa de observar "otra verdad". ¿Cuál de estas verdades es la verdadera? Ninguna de las dos... La verdad verdadera con seguridad tendrá algo de la primera y de la segunda verdad...
En definitiva, todo lo que ha ocurrido surge del pensamiento del hombre y lo que se evidencia con las diferentes ópticas, son las limitaciones de los hombres en comprender totalmente la realidad.
REALISMO CRIOLLO
Es fundamental que Argentina comprenda cabalmente la realidad. No tengo dudas que el acercamiento que ha experimentado Argentina con Estados Unidos tiene un basamento ideológico-afectivo, y está bien. Pero la motivación de la superpotencia no tiene nada que ver con las premisas de un mundo libre y capitalista contra el mundo opresor socialista-comunista y sin libertad. Tiene que ver con el poder.
En este sentido, las cosas convergen, a la luz de las acciones de Trump, en potenciar donde se siente débil, recuperar donde lo ha perdido, y obtener donde nunca lo tuvo el control de las vías de comunicación marítimas del mundo.
La Argentina ocupa una posición geoestratégica fundamental para el control del sector sudoccidental del Atlántico Sur, dominando el sector oriental de los pasos bioceánicos naturales del Atlántico al Pacífico y el camino más expedito hacia la Antártida, conector directo de Occidente al continente blanco.
Está claro que, el nodo de Guitton, en donde está la verdad, es el Atlántico Sur. Pero el filósofo nos incentiva a más, a animarnos al esfuerzo de dar vuelta todos los datos del problema e intentar ver todo lo que hasta ahora hemos visto, desde otra perspectiva.
Y aquí es cuando me permito afirmar que esta elaboración intelectual responde a lo que quiere Washington, es decir, la verdad de ellos. Pensar nuestra verdad, nos lleva a mirar la solución desde otra perspectiva. Podríamos, basados en la visión estratégica de nuestro Almirante Storni, definirnos como una isla y encontrar que esa condición requiere de la Argentina la necesidad de conectarse al mundo. Conectar para desarrollarse, para fortalecer el comercio a partir de nuestras riquezas y para buscar poder.
En ello, la regionalización vinculada a las vías de comunicación marítimas: El Norte a la Hidrovía, la Patagonia al Atlántico Sur y ambas con su opción de salida al Pacífico, aseguraría la integralidad de un sistema que debería diseñarse para potenciar al país.
El país se está ordenando y quien nos conduce ha logrado capear el temporal y está encontrando buenos vientos para lanzarse, con rumbo seguro, a un destino venturoso. Aunque la tarea excederá su tiempo de gestión, el desarrollo de infraestructura que nos conecte es mandatorio y no puede esperar.
Hablo de puertos de aguas profundas, vías fluviales, carreteras, ferrocarriles y el desarrollo de una industria relacionada, bajo un plan director que las integre y combine, buscando eficiencia para asegurar rapidez, volumen, seguridad y proyección al mundo.
Necesitamos pensar en nuestros intereses y definir un rol asociado a nuestra condición geoestratégica, construyendo una defensa que nos proteja y, al mismo tiempo, aporte a Occidente y a América, y controlando todos los negocios en el Atlántico Sur (pesca, servicios antárticos, turismo, seguridad náutica, etc.).
Lo bueno es que, como dice Guitton, no existe una sola verdad, y la verdad verdadera con seguridad tendrá algo de las dos verdades. En ello, la compatibilidad de intereses en la región entre los Estados Unidos y nuestro país, parecería ser un factor muy favorable para el logro de nuestras metas como nación.
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