Para muchos es Fernanda, la psicóloga de ‘Envidiosa’, otros la conocerán como la Zurda de ‘En el barro’, pero lo cierto es que Lorena Vega tiene un nombre propio dentro del mundo del teatro desde hace mucho tiempo. Aunque ganó popularidad con el gran público en los últimos meses gracias a las dos series de Netflix, ella lleva más de treinta años trabajando como actriz y profesora de teatro.
Actualmente tiene en cartel siete obras entre las que dirige y actúa: ‘Testosterona’, ‘Precoz’ y ‘Civilización’ la tienen debajo del escenario; mientras que en escena se la puede ver en ‘Imprenteros’, ‘Las cautivas’, ‘La vida extraordinaria’ y ‘Yo, Encarnación’, con la que justamente se presenta el domingo, a las 20.30, en el Konex y volverá hacerlo el 25 de octubre. “Es una obra fundamental para mí porque es el primer unipersonal que hice. Fue un desafío por eso, por ser un personaje histórico y por ser dirigida por Andrés Bazzalo, director que admiro y que tiene mucha experiencia. Es un trabajo muy exigente actoralmente porque Encarnación pasa por muchos estados en esa hora que dura la obra y porque es una textualidad escrita por Cristina Escofet de una complejidad, una profundidad y una rigurosidad histórica que amerita hacer un trabajo muy consciente y muy delicado”, dice la actriz sobre esta pieza que se sumerge en la vida de la mujer de Juan Manuel de Rosas.
ALTA EXIGENCIA
-Siendo Encarnación un personaje tan rico y complejo, ¿cómo logra conectarse con sus emociones y vivencias en cada función?
-Me ayuda muchísimo la música en vivo, es original, creada por el equipo con Agustín Flores Muñoz a la cabeza. Esta música está bastante articulada con el folclore tomando conceptos básicos del género, pero haciendo un abordaje contemporáneo. La música es la que arma las escenas, es como si te dijese que es la escenografía de la obra. Siento que el sonido me abre las puertas de la escena que viene, en la que yo me tengo que meter. Entre el texto y la música yo encuentro el punto para entrar en cada estado.
-¿Le resulta un desafío distinto interpretar a una mujer que existió en la vida real?
-Sí, por supuesto. La obra está escrita a partir de las cartas reales de Encarnación, que investigó muchísimo la autora y que se pueden ver en la web, pero también están en el Museo Histórico Nacional en San Telmo. Hay ahí un documento concreto, real, muy inspirador, pero también la responsabilidad de saber que es alguien que existió, que hay historia, que hay familiares, de hecho, cuando la hicimos en Lago Puelo, en la Patagonia, a la salida nos esperó una especie de bis-bisnieta de Encarnación que estaba muy emocionada y que agradecía haber visto la obra, que conocía cosas y también decía que había otras que ella ignoraba y le había encantado verlas ahí. Fue muy emocionante ese encuentro, que fue hace muchos años antes de la pandemia. Lo que sí yo tengo a favor en un personaje como Encarnación es que sólo hay un retrato de ella y no es lo mismo que hacer Evita que hay videos y tenés más referencias. Acá, ese espacio medio enigmático de no tener tanta información, permite la creación más personal y dejar liberada la imaginación.
-¿Cuál cree que es la clave para que lleve tantos años en cartel?
-Es una combinación de varias cosas. Es cien por ciento teatral. Es algo que se sostiene en la actuación, el sonido y el movimiento, pero además tiene una carga política fuerte y habla un poco de una etapa de conformación de nuestra patria y la verdad es que pasan los años, la hicimos a través de muchas gestiones políticas en nuestro país y esté quien esté en el gobierno, la obra sigue resonando como si fuese actual. Hay algo de un retrato social que nos está nombrando muy profundamente en la obra, como si te dijese estructuralmente, mucho mas allá de cuáles sean los gobiernos de turno, es algo de nosotros, de cómo somos.
EL SALTO A NETFLIX
Lorena creció en el barrio de Flores en una casa en la que su mamá era modista y su papá imprentero -de ahí nace la historia de su obra de teatro documental que luego se transformó en película y libro-. Su vínculo con el arte estaba dado por el tango que escuchaba su padre y las películas que miraba su madre. Pero a los 15 años, cuando empezó a tomar clases de actuación, supo que eso era lo que quería hacer. “No me planteaba que quería ser una actriz reconocida ni famosa, sabía que lo que quería era actuar, que eso me daba alegría, me encendía”, dice.
-Todos los personajes que la tienen hoy como actriz tienen un alto grado de intensidad en el escenario, ¿le cuesta mucho salir de esos estados?
-La verdad que no, no me cuesta salir para nada. Hago bastante rápido el corte, pero sí me gusta atravesarlos, son trabajos muy exigentes, muy intensos y sí te diría que después de hacerlos me queda una sensación como de haber estado corriendo una maratón, como que quedo exhausta, energizada, pero muy cansada.
-¿Cómo vive estos momentos en los que su trabajo está teniendo mayor repercusión?
-Cuando salió ‘Envidiosa’ recibí felicitaciones y halagos, pero todavía sentía que estaba un poquito más camuflada en la calle. Ahora, con ‘En el barro’, me parece que, por acumulación de las dos series, ya estoy como menos escondida y me reconocen más. Yo recibo todo con mucha alegría y me parece que es hermoso que la gente se exprese.
-¿Nota cierto cambio en el público que llega al teatro ahora?
-Sí, llega público distinto, nuevo, más amplio, que de pronto cruza la barrera de no ir al teatro y ahora va o que iba a ver otras obras y ahora viene a ver estas. Algunas están en salas comerciales, pero otras no y se acercan. Eso me parece que está buenísimo.