Suplemento Económico

La verdad de la milanesa

Había una vez un país donde las estadísticas mostraban una cosa y la realidad, otra. En la tierra de los espejismos nada era lo que parecía y las certezas se volvían resbalosas, inasibles, tramposas.

Cada tanto la voz del Gobierno, como un omnipresente Gran Hermano, le contaba a la población que las cosas estaban de perlas. En las calles, sin embargo, campeaba una sensación de desolación que se reflejaba en los índices de confianza divulgados por las academias. Hacía un semestre que los números daban en rojo.

Es dable llamar a ese país Argentina. Quizás haya en el mundo algunos otros con características similares. La singularidad del nuestro radica, una vez más, en que las cifras de la macroeconomía no acompañan a la micro. Que la bonanza de las planillas Excel no se replica en la billetera.

La inflación, difundida durante la semana por el Indec, dio 2,1% en el mes de mayo, confirmando la parábola descendente del nivel de precios. Por encima del promedio se ubicaron Comunicación (3,4%); Educación (2,9%); Recreación y Cultura (2,8%); Salud y Vivienda, agua y electricidad (2,6%); Alimentos y Bebidas no alcohólicas (2,5%) y Bienes y servicios varios, 2,4%.

El proceso inflacionario, que había corcoveado en marzo al registrar un alza del 3,4%, parece estar ingresando en un cono de sombras. Según las cifras oficiales, la variación interanual es del 33,2%, mientras que el acumulado anual escala al 14,7%. Recordemos que en el presupuesto elevado por el Gobierno el IPC promediaría el 10% en 2026. Todo eso quedó en nada.

El Indice de Precios al Consumidor se desinfla pero en el país de las sensaciones ir al supermercado se transforma en una experiencia que desafía la nominalidad oficial. En cada incursión por las góndolas se paga un poco más que en la compra anterior. Raro.

La respuesta parece estar lejos de los claustros adonde se estudia la ciencia económica, a miles de kilómetros de los posgrados internacionales. La tiene un comerciante de Morón llamado Fernando Savore, presidente de la Federación de Almaceneros de la provincia de Buenos Aires.

“La inflación está en baja pero el problema es que los salarios suben menos que la inflación -explicó-. Por eso la gente siente que la plata no le alcanza. No hubo cambios importantes en las últimas listas de precios. A veces las mandan con aumento y después rectifican. Es prueba y error. El tema es que los sueldos tampoco suben”. Esa es la verdad de la milanesa.

Con la inflación y el tipo de cambio como anclas, el Gobierno tiene como política pisar los salarios para planchar la demanda y que no se disparen los precios. De allí que no se hayan convalidado incrementos superiores al 2% en las paritarias. Baja la inflación pero no suben sueldos.

Así las cosas, en la vida diaria el proceso de corrección de la economía deja huellas. Tal es el efecto de la cirugía sin anestesia que mientras los indicadores monetarios marcan el descenso de la inflación y la estabilidad del tipo de cambio, los guarismos sociales exhiben una realidad en harapos.

En uno de los últimos informes elaborados por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA se destaca que “la reducción de la pobreza por ingresos registrada entre 2024 y 2025 convive con el aumento del déficit en el acceso a derechos sociales básicos como el empleo de calidad, el acceso a la salud y a una alimentación adecuada”.

El documento elaborado por Juan Ignacio Bonfiglio y Julieta Vera especifica que mientras la tasa de pobreza por ingresos revierte su tendencia –se reduce la proporción de hogares que no acceden a una canasta básica total- los indicadores de carencias no monetarias dan cuenta de un deterioro en el acceso a derechos sociales.

“Entre 2017 y 2025, el mayor deterioro se concentra en dimensiones especialmente centrales para las condiciones de vida: alimentación, trabajo y acceso a la salud. El acceso educativo también evidencia un retroceso, pero de menor intensidad”, explican los expertos.

De donde llegamos a la primera conclusión: el orden económico es necesario pero, sin políticas de crecimiento y desarrollo que lo acompañen, no genera necesariamente el progreso.

CAL Y ARENA

El jueves, a la sombra de lo que fue la ceremonia inaugural del Mundial de fútbol y el desarrollo de los dos primeros partidos, circuló una noticia de fuerte impronta positiva para la economía nacional: se precipitó el riesgo país luego de que las calificadoras de riesgo mejoraran la nota de la Argentina.

El hecho pudo haber pasado inadvertido por el grueso de la población, lógicamente preocupada en cuestiones más urgentes, pero resulta clave de cara a generar confianza y crear las condiciones necesarias para el desembarco de mayores inversiones.

El árbol, sin embargo, no tapa al bosque. La realidad es preocupante. “La actividad industrial en abril cayó fuerte luego de la recuperación de marzo. La producción registró una baja mensual de 2,1% sin estacionalidad contra marzo y de 2,8% interanual. Los datos confirman la tendencia: la producción industrial está estancada con tendencia a la baja desde hace más de un año”, escribe Diego Coatz en el informe de la consultora I+D.

“Hay un efecto sándwich en la industria: precios y demanda a la baja, costos al alza. Crece la presión sobre la rentabilidad”, recalca el economista. Lo cierto es que a futuro el panorama no surge alentador: sólo un 3,3% de las empresas esperan incrementar su dotación de personal en los próximos tres meses. Es el valor más bajo de toda la serie. Por el contrario, 17,7% de las empresas espera disminuir su dotación de personal.

En la ceremonia del 90 aniversario de la Cámara Argentina de la Construcción, realizada en el predio de La Rural, el economista Ricardo Arriazu sacó la foto exacta: la economía, en la mutación de su matriz, lleva adelante un proceso destructivo que dará luego lugar a la fase creativa. El problema es el mientras tanto.

Como en todo programa, como en todo momento bisagra, hay ganadores y perdedores. El hecho resulta inevitable. Lo esperable sería, en este marco, que el Gobierno diseñara políticas estilo airbag destinadas a amortiguar el impacto. No ocurre pues se lo impide su férrea lógica de mercado.

¿Y EL TRABAJO?

La economía argentina cambia bajo la gestión Milei y adquiere mayormente un sesgo exportador en detrimento del mercado interno. Pero la transformación no es un acto puntual sino un proceso y se remonta a mediados del siglo XX.

Un informe de Fundar, elaborado por Daniel Schteingart, Pablo Sonzogni y Gisella Pascuariello, refleja lo siguiente:

* En Argentina los servicios explican más del 60% del PBI.

* Desde 1950 los servicios han ganado peso sostenidamente en el empleo de Argentina, a expensas del agro y la industria.

* Los servicios profesionales y de enseñanza son las ramas que demandan mayor empleo calificado.

* En la economía argentina los servicios tienen menor peso que en los países desarrollados.

* Las actividades extractivas ganan peso en el sur, el agro en el norte y la industria y los servicios modernos en el centro.

Lo cierto es que entre diciembre de 2023 y febrero de

2026 se perdieron cerca de 500.000 puestos de trabajo registrados. Pero las cosas, tal vez, estén empezando a cambiar.

“Luego de ocho meses consecutivos de caída, el empleo

privado registrado dejó de retroceder, esto podría marcar un punto de inflexión y el inicio de una etapa de estabilización en el mercado de trabajo. En ese contexto, 2026 podría no ser un año peor en términos laborales y que incluso podría iniciarse una recuperación gradual durante el segundo semestre”, aseguró Matías Ghidini, Ceo de GhidiniRodil.

En tanto, la consultora ManpowerGroup reveló que “la Expectativa Neta de Empleo (ENE) para el tercer trimestre de 2026 es de +6%. Este valor se mantiene relativamente estable, mejorando 1 punto en la comparación interanual”.

Los resultados revelan que el 33% de los empleadores encuestados planea aumentar sus dotaciones de personal, el 29% disminuirlas, el 36% no espera realizar cambios y el 2% restante no sabe si los realizará durante el período relevado.

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Y así terminó otra semana en el país de los espejismos, donde hay ministros que encuentran plata tirada, descubren gordas billeteras virtuales olvidadas y se acogen a regímenes de blanqueo porque, como es natural, evaden los impuestos.