La moto está lista. El equipaje también. El casco espera sobre el asiento y el destino ya está cargado en el teléfono. Falta solamente poner primera. En realidad, todavía falta lo más importante: preguntarse si la moto está preparada para hacer los kilómetros que aparecen en el mapa, si el recorrido contempla suficientes paradas y si quien va a manejar está en condiciones de pasar varias horas sobre dos ruedas.
La escena se repite cada primavera, cuando las temperaturas empiezan a acompañar y las rutas argentinas vuelven a tentar a los motociclistas. Para muchos, la moto no es solamente una forma de trasladarse: es la manera de convertir el camino en parte del viaje. Y ahí aparece una diferencia fundamental respecto de una salida urbana: en la ruta, prepararse también forma parte de la experiencia.
Los datos oficiales ayudan a entender por qué. Según el informe preliminar de siniestralidad fatal de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), durante el primer semestre de 2026 hubo 1.938 víctimas fatales en siniestros viales. Las motos representaron el 48% de las víctimas, con 756 personas fallecidas. Además, el 52% de los siniestros fatales ocurrió en rutas nacionales o provinciales. El propio organismo advierte que se trata de información preliminar y parcial, elaborada con los datos reportados por las jurisdicciones hasta agosto. Fuente oficial ANSV
El dato no cambia el atractivo de una ruta. Cambia la manera de encararla.Porque Argentina ofrece recorridos capaces de justificar por sí solos una escapada en moto. La Ruta 40 por los Valles Calchaquíes, en Salta, combina curvas, altura y grandes distancias; las Altas Cumbres, en Córdoba, exigen atención permanente a un trazado de montaña; la Ruta de los Siete Lagos, en Neuquén, propone cientos de kilómetros de paisajes patagónicos y cambios de temperatura; la Selva Misionera suma humedad, lluvias y otro tipo de condiciones de circulación; y la Ruta de los Seis Miles, en Catamarca, lleva la exigencia un paso más allá, con altura, distancias y una planificación mucho más rigurosa.
No todas esas rutas se preparan de la misma manera. Y ese es justamente el punto: el destino también debería determinar cómo se prepara la moto. Antes de salir conviene revisar neumáticos, presión, desgaste y posibles daños; comprobar frenos, luces, batería, cadena y niveles de fluidos; y verificar que el mantenimiento esté al día. Si el viaje supone varios cientos de kilómetros, una revisión previa puede detectar un problema que en el uso cotidiano quizás todavía no se manifiesta.
Lo mismo ocurre con el equipamiento. Casco, guantes, calzado y prendas adecuadas no deberían aparecer en la lista a último momento. En un recorrido que atraviesa distintas regiones también hay que contemplar abrigo, lluvia y cambios bruscos de temperatura.
Y hay una parte del viaje que muchas veces queda fuera de la planificación: el descanso. Una moto exige atención constante y la fatiga puede aparecer antes de que el conductor la reconozca como un problema. Programar paradas para hidratarse, comer, estirar el cuerpo y recuperar concentración debería formar parte del itinerario con la misma naturalidad con la que se calcula dónde cargar combustible.
Sebastián Porto, multicampeón de motociclismo y Embajador de Seguridad Vial de ATM Seguros, lo resume desde la experiencia de quien conoce la ruta y la moto desde adentro: “La ruta tiene algo que no se puede explicar hasta que uno la vive: la moto, el paisaje y esa sensación de libertad. Pero justamente por eso hay que respetarla. Un buen viaje no se mide por cuánto aceleramos, sino por cómo llegamos. Revisar la moto, usar el equipamiento adecuado y saber cuándo parar también es parte de disfrutar de andar en moto.”
También conviene dedicar unos minutos, antes de arrancar, a algo bastante menos atractivo que elegir el próximo destino: leer la cobertura. Saber qué asistencia está incluida, cómo solicitarla y qué hacer ante una avería o un siniestro permite resolver más rápido una situación que nadie incorpora al álbum de viaje, pero que puede ocurrir.
Desde la gestión de siniestros, Fernando Rodríguez, gerente de Siniestros de ATM Seguros, aporta otra mirada sobre esa preparación: “Cuando ocurre un siniestro, muchas veces decisiones que parecían menores antes de salir terminan siendo importantes. Revisar el vehículo, descansar, conocer el recorrido y tener claro cómo funciona la asistencia son parte de una misma preparación. No se trata de salir pensando que algo va a pasar, sino de tener más herramientas para resolverlo si ocurre.”
REVISIÓN CLAVE
• Neumáticos: presión, desgaste, cortes y deformaciones.
• Frenos: pastillas, discos y funcionamiento.
• Cadena y transmisión: tensión y lubricación.
• Fluidos: aceite, líquido refrigerante y líquido de frenos, según el modelo.
• Luces y batería: funcionamiento y estado general.
• Equipamiento: casco, guantes, calzado e indumentaria de protección.
• Documentación y cobertura: vigencia y canales de asistencia.
• Recorrido: combustible, clima, paradas y lugares seguros para descansar.
Al final, viajar en moto tiene algo que difícilmente pueda reemplazar cualquier otra forma de recorrer un país: la posibilidad de sentir que el trayecto no es el tiempo que separa dos puntos, sino parte del destino.
Por eso, cuando llegue el momento de ponerse el casco, encender el motor y tomar la ruta, la mejor preparación ya debería estar hecha. Porque disfrutar el camino también significa llegar con la moto, el cuerpo y la cabeza preparados para todo lo que pueda aparecer después de la primera curva.