Opinión
Doctrina Social de la Iglesia

La redención del mundo es una de la más noble causas

En los Hechos de los Apóstoles se narra uno de esos momentos nucleares de la vida del futuro apóstol san Pablo. Habría dos “capítulos” en la historia: “Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres” (Hechos 9, 1-2). “Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: ´Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?´. Él preguntó: ´¿Quién eres tú Señor?´. ´Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer´”  (Hechos 9, 3-6).

La historia posterior es conocida: aquel hombre viejo Saulo se convirtió en el nuevo Pablo, Apóstol de los gentiles y campeón en la predicación del Evangelio.

 

PERSECUCIONES

Lo cierto es que hoy, como entonces, los cristianos en Tierra Santa sufren persecución. Tal vez suene a exageración lo afirmado. En gran manera puede explicarse esta desorientación por el “modo de vivir”

del que gozamos los cristianos en Occidente. Damos por obvias muchas cosas. No solamente, y hasta cierto punto, gozamos de un relativo bienestar económico y también tenemos la posibilidad de profesar la religión con libertad y garantías. Incluso podemos elegir no hacerlo.

Los saulos hoy pueden ser los gobiernos o una porción de la población como los colonos. Abundan las historias en primera persona, no solamente individuales sino también familiares, de cristianos en Tierra Santa que, finalmente, se ven obligados a exiliarse resultado de la crueldad de sus perseguidores. En la actualidad, esta pasión y muerte de nuestros hermanos en la fe es puesta en práctica, sobre todo, en el contexto de un conflicto bélico como el palestino-israelí del cual ellos no forman parte pero en el cual, aunque no lo quieran, se ven involucrados.

 

CONVERSION

Entonces, como ahora, existe la posibilidad de la conversión de Saulo. Entonces, aquel perseguidor de “los seguidores del Camino del Señor” lo hizo efectivamente. Tal vez hoy suene ridículo, cuando no contrario al “diálogo inter-religioso”, plantear la posibilidad de una conversión de los actuales verdugos de los cristianos que viven en Tierra Santa. En realidad, tanta sangre derramada y sufrimiento flagelante no puede suceder en vano.

Bien lo enseñó el mismo apóstol San Pablo: “Y entonces todo Israel será salvado, según lo que dice la Escritura: p´De Sión vendrá el Libertador. El apartará la impiedad de Jacob. Y esta será mi alianza con ellos, cuando los purifique de sus pecados´” (Romanos 11, 26-27).

En el “Triduo Pascual”, la pasión y muerte culmina, gozosamente, en la Resurrección. Que así sea para los cristianos en Tierra Santa uniéndonos nosotros, desde este Occidente aburguesado, con nuestras oraciones y apoyo económico. Cada una de esas familias cristianas que permanece allí es una oportunidad para que sus perseguidores abandonen al hombre viejo y se conviertan en el nuevo. Se trata de la más noble de las causas: la de la redención del mundo.