El miércoles, un diario perteneciente a un grupo empresario muy enfrentado con Javier Milei incluyó en su tapa la cuota cotidiana de escándalo sobre la situación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. Era la sexta vez que lo hacía en sus siete últimas ediciones. El título aseguraba que la posición del funcionario “se complicaba” y que “ya discutían en el Gobierno si seguía en el cargo”.
Esa noticia de presunta corrupción era apenas una más entre las fogoneadas sin descanso desde los medios. Nada nuevo. Pero a su lado había otra en un cuerpo menor que permitía darle una segunda lectura al escándalo: la que informaba que el plan económico había conseguido reducir la pobreza al 28%, la mitad de la que había recibido del binomio Fernández/Fernández de Kirchner. En síntesis, la agenda armada por la oposición, ilustrada en una sola tapa y de la manera más pedagógica posible.
En el terreno de los hechos, Adorni continuó en su cargo desmintiendo la noticia (sin fuente) de su destitución. Por su parte, la estabilidad económica continuó desvirtuando las habituales predicciones apocalípticas. La realidad y los medios.
Hay ya casi un patrón histórico del tercer año de los gobiernos no peronistas. Es el momento en que quedan en el medio de denuncias, ataques y hasta disturbios callejeros que los hacen tambalear o consiguen derrumbarlos.
Le ocurrió a De la Rúa, que no terminó su mandato; a Macri, que lo terminó “in extremis”; y vuelve a ocurrir con Javier Milei. El plan reformista del libertario y sus embestidas contra el régimen corporativo no hicieron más que recrear ese fenómeno llevándolo al paroxismo de poner a los canales de noticias en una virtual cadena nacional para instalar un clima de crisis (ver “Aparato de difusión opositor”) a cinco meses de haber ganado las elecciones.
A partir de 1983 el peronismo ha sido derrotado en las urnas y perdido el poder más de una vez. Pero es el único partido que retuvo la capacidad de reelección, lo que le permite un dominio absoluto del poder estatal. Dos períodos fuera de ese refugio (el kirchnerismo está por ejemplo atrincherado desde hace dos años en La Plata) pondrían en riesgo su continuidad.
De allí que el “affaire” Adorni se haya convertido en un “casus belli” de difícil caracterización, porque ha ido cambiando de naturaleza; se ha ido blanqueando. De un escandalete fuera de toda proporción a causa de la presencia de la mujer del funcionario en el avión presidencial pasó a una campaña de denuncias para arrojar sospechas sobre la situación patrimonial del exvocero de Milei que nunca dejó de ostentar su desprecio por sus antiguos colegas.
La última acusación consistió en difundir que había comprado un departamento -sin vender el que usaba de vivienda- y de haberlo hecho mediante un crédito hipotecario, sin detenerse a considerar que el crédito podía funcionar al menos como un recurso temporario para no deshacerse en lo inmediato de su anterior propiedad. Pero la lógica no tiene ningún lugar en este asunto.
Las sospechas sembradas contra el jefe de Gabinete no pararon ahí. Se instaló la presunción de que las vendedoras eran insolventes y hasta se denunció que la escribana interviniente había tenido que testificar en un juicio por un excliente acusado de narcotráfico. En suma, toda la información disponible sobre la operación presentada de manera sesgada para cubrir de sospechas al jefe de Gabinete y conseguir su expulsión del Gobierno.
Milei, sin embargo, lo retuvo. A lo que hay que sumar que la interna del gabinete se frenó, porque el blanco de la campaña claramente no era Adorni, sino Milei. Entregar al jefe de Gabinete hubiese convertido la crisis virtual en real.
Por su parte, la noticia difundida el viernes de que muchos medios, en particular K, publicaron información falsa contra Milei pagados por el régimen ruso, representó un alivio inesperado para la situación del Gobierno. Hay un nuevo tema en la agenda y la pérdida de credibilidad del periodismo de denuncia (tanto el financiado por Putin como el otro) parece difícil de reparar.
¿Qué ocurrió, entretanto, con la noticia de la baja de la pobreza, con la realidad que se expresa en hechos? Desapareció rápidamente de la agenda mediática. La baja de la pobreza es consecuencia del aumento del salario informal por encima del de la canasta básica. Con la fuerte inflación del último kirchnerismo los precios de la canasta superaron el salario informal hasta llevar la pobreza al 53%. El plan de estabilidad revirtió la tendencia. El salario informal comenzó a superar el precio de la canasta ya desde el segundo semestre de 2024. Ahí reside en buena medida la popularidad del Gobierno. Las encuestas que dicen lo contrario habitan en el mundo de los medios.