En todos los órdenes una de las principales claves de la seguridad es la previsión. Sin embargo hay situaciones donde aquello que se muestra evidentemente previsible se deja librado a la suerte y evoluciona sin que nadie minimice los riesgos. Esto puede ocurrir por muchas razones, ninguna buena. Puede tratarse de desidia, negligencia, imprudencia, incluso todas ellas resumidas en una que por sí misma es terrible: acostumbramiento a que lo que está mal no se corrige. Pasa en muchos lugares, abarcando distintos ámbitos y no pocas veces se convierte en titulares de los diarios. Errar es humano, se termina confirmando cada vez al fin de cuentas.
El Destacamento Policial Vial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, emplazado en el Km 22 de la Autopista General Ricchieri, es un pequeño ejemplo de lo que se deja seguir sin adaptarlo a los cambios de su entorno.
Se trata de una construcción muy pintoresca, una bella casita de piedra como salida de cuento, pero que ha quedado peligrosamente encerrada entre las dos manos de la autopista y cuya construcción fue parte de las obras que dieron lugar a la inauguración del Aeropuerto Internacional de Ezeiza en 1949. Obviamente en aquel entonces el caudal vehicular era significativamente menor al actual, basta para comprenderlo que circulaban en Argentina poco menos de medio millón de rodados y hoy superan los quince millones.
Eso y otros factores han convertido, desde hace años, a la linda casita de piedra en una peligrosa anomalía. Hoy, nadie, ni siquiera el más negligente de los ingenieros viales, se atrevería a presentar un proyecto que contemplara un destacamento vial en las mismas exactas condiciones que el que sigue funcionando en el Km 22. Porque no se trata de una isla con vías de ingreso y egreso propias, sino un enclave absurdo entre las dos manos al que ni siquiera le han construido un puente peatonal, o túneles, para que no sea riesgo de vida cada vez que una persona debe llegar o salir caminando del destacamento.
El peligro que representa esta anomalía lo viví personalmente el pasado lunes 20 de julio, cuando cerca de las 21.30 hs, volviendo del Aeropuerto, al llegar al destacamento y por algún motivo que desconozco personal policial procedió a cortar allí el tránsito dando lugar a una serie de frenadas intempestivas delante mío. Logré frenar mi vehículo evitando colisionar con el que iba delante. Pero la combi de Infantería de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que venía detrás no logró detenerse y la violenta colisión terminó generando un choque en cadena de cuatro vehículos, siendo el mío el que sufrió los mayores daños.
Después de haber tenido la suerte de salir caminando de semejante accidente, pesaría en mi conciencia no hacer nada que pueda evitar males futuros.
Y digo: en este tipo de cosas también se manifiesta el desprecio de la política por la vida de los policías, en este caso de los políticos bonaerenses hacia los efectivos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, como así también la falta de conducción por parte de las jefaturas policiales para procurar que el personal trabaje en condiciones aceptables. Rotundamente, afirmo que las condiciones con que el personal policial se desempeña en ese destacamento no son razonables, por ende no son aceptables. Brego pues por el cierre definitivo de esa dependencia policial o su adaptación a las mínimas necesidades de funcionamiento que impone el Siglo XXI, del que le han dejado fuera.